#EnPositivoNoSeremosPositivos y el Iceberg epidemiológico de la Covid-19

El enfrentamiento a la epidemia de Covid-19 en Cuba ha resultado mucho más extendido en el tiempo de lo que muchos pensamos al inicio, allá cuando el 11 de marzo de 2020 eran diagnosticados los primeros casos en el país, y en coincidencia, la Organización Mundial de la Salud la declaraba pandemia. Los síntomas de cansancio son visibles en toda la sociedad, desde el mismo personal de Salud, hasta la familia más común, quienes nos levantamos en la mañana con las alarmas conectadas sobre qué cocinamos y cómo entretenemos a los niños para que no salgan de casa.

Pero hay un viejo adagio criollo, que precisamente en una entrevista, el Dr. Salvador Tamayo Muñiz trajo a colación, que dice: “el primero que se cansa, pierde”, del que me gustaría asirme como pie forzado para este comentario. La situación es dura, complicada y de riesgo, para andarnos esquivando tras de quién es la responsabilidad de contener a la sociedad y guiarla hacia una actitud responsable que evite la transmisión del SARS-CoV-2, un virus letal de alto contagio, y que ha mutado a cepas muy peligrosas.

Y aunque cada mañana, tras actualizar los datos de la información epidemiológica, hago un llamado a la protección, a cuidarnos y cuidar, a cumplir con las medidas recomendadas por los expertos y que son reglas de oro, y termino con el hashtag #EnPositivoNoSeremosPositivos, son muy pocos quienes interiorizan el significado o semántica de las palabras, quizá por cansancio, y porque se produce aquello que en comunicación denominamos efecto bumerang: la sobreinformación satura y no permite encontrar el significado en lo que se expresa.

Sin embargo, la retroalimentación que recibimos en los comentarios de los foristas en el sitio web, tiene que ver con denuncias de las personas, relacionadas con indisciplinas en sus zonas de residencia y barriadas de la provincia, por las que esperan a que la Policía o alguna autoridad neutralice:

… que si no usan correctamente el nasobuco; juegan pelota o fútbol en las tardes-noche en la vía pública; denuncian fiestas privadas con concurrencia de visitantes; colas en los establecimientos sin observar el distanciamiento sanitario, y otras más atrevidas, dan cuenta de que no se pesquisa en sus zonas de residencia…”.

Entre los comentarios abundan algunos relativos al control de la epidemia, cuando un título informativo enuncia que esta se controla, muchas veces sin conocer qué criterios epidemiológicos deciden si hay o no control, que no significa ausencia de casos y contagio. Pero en esos detalles epistemológicos no nos vamos a detener, empero sí es preciso detallar sobre la responsabilidad personal.

Podríamos hacer un ejercicio introspectivo y hasta los invito a mirarnos por dentro y responder algunas preguntas: ¿Usa siempre y de modo correcto el nasobuco? ¿Los cambia cuando se humedecen? ¿Porta una bolsa para los sucios y otra para los limpios? ¿Los usa dobles o con dos o tres capas? ¿Mantiene el distanciamiento sanitario en los lugares públicos, incluido el transporte? ¿Se lava las manos con agua y jabón varias veces al día y cada vez que cambia de actividad? ¿Desinfecta las superficies u objetos de uso común? ¿No permanece en locales cerrados o con poca ventilación? Si cumple con estas reglas, conocidas como las de oro para protegerse, y puede responder sí a todas, entonces tiene una gran parte resuelta.

¿Requiere a las personas que en su medio no se protegen y ponen en peligro la seguridad epidemiológica del resto? ¿Cuida de su familia? ¿No permite que los niños permanezcan en la calle o en sitios comunes del barrio, sin mascarillas? ¿Impide que algún miembro de la familia practique deportes en la calle? ¿Se asegura de que después de las 5:00 de la tarde se detenga la movilidad entre los suyos?

Si todos cumplimos con estas reglas, no es necesario que la Policía, un inspector o una autoridad de Salud, desande las calles para requerir. Y entre la responsabilidad institucional debemos potenciar más el teletrabajo, no convocar a reuniones o encuentros innecesarios, explotar más el WhatsApp, no permitir que personas vulnerables permanezcan en sitios públicos, nuestros mayores, embarazadas, niños; no asistir a los centros laborales con síntomas, y algo muy importante: acudir al médico ante síntomas respiratorios y respetar el aislamiento, método efectivo para frenar la transmisión.

Por supuesto que si se hicieran más test de PCR quizá sería mayor la cifra de contagio, una interrogante de Perogrullo, y cabría exponer entonces, la teoría del iceberg epidemiológico, porque en las estadísticas se asoma, apenas, la punta del fenómeno que subyace. #EnPositivoNoSeremosPositivos, más que un eslogan, promueve un estilo de vida distinto y diferente, en el que no falta el nasobuco o proveerlo a la familia es responsabilidad, nos lavamos las manos con agua y jabón, nos distanciamos y preferimos el escenario seguro del hogar, para crear y fundar, porque así, entonces tendremos mañana; recuerde que en esta ecuación de vida, el primero que se cansa, pierde.

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Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

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