En el Mayarí del Escambray plantan el café del futuro

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Jesús Chaviano Ruiz, respetado cafetalero, siente predilección entre las variedades sembradas para semillas por la denominada Isla 611, en extremo resistente a plagas y enfermedades. /Foto: Efraín Cedeño
Jesús Chaviano Ruiz, respetado cafetalero, siente predilección entre las variedades sembradas para semillas por la denominada Isla 611, en extremo resistente a plagas y enfermedades. /Foto: Efraín Cedeño

Las autoridades de la delegación del Ministerio de la Agricultura en Cienfuegos y la Empresa Agropecuaria Eladio Machín, responsables del programa cafetalero en la jurisdicción cumanayagüense del macizo de Guamuhaya, le confiaron una importante tarea a Jesús Chaviano Ruiz, campesino beneficiado con el usufructo de tierras mediante su afiliación al Decreto Ley 300.

Esa misión consiste en impulsar la Finca Integral de Semillas de Mayarí, única de su tipo existente en la porción cienfueguera del citado lomerío en el centro de Cuba, cuyo objeto social estriba en la producción y venta de semillas certificadas de alta calidad, tanto para los cafetaleros de todo el Escambray como del oriente del país.

A Jesús no le asignaron tal responsabilidad sin un fundamento. Este hombre es un destacado productor de café, cuya fama le antecede en la cooperativa de producción agropecuaria 10 de Octubre —a la cual pertenece— y en donde es reconocido como un líder en el impulso del programa de reordenamiento cafetalero.

“Conozco bien la seriedad de la encomienda que me han dado a mí y a mis cinco trabajadores, y por tal razón me he volcado a ello con el rigor que amerita. Trabajo de lunes a domingo de lleno dentro del café, planta de la cual nos hemos convertido en una especie de observadores diarios”, afirma.

Recuerda el campesino que “el declive productivo suscitado aquí como consecuencia del periodo especial determinó la pérdida de la finca de semillas de Charco Azul, que solo pudo trabajar pocos años antes de los 90. Ahora estamos en solitario en Mayarí, con semilla básica traída de la Estación Experimental de Café de Jibacoa.

“Las semillas proporcionadas, que aquí desarrollamos, obedecen a la política varietal de las montañas cubanas, puesto que en todos los lugares no se comporta de igual manera la naturaleza. El régimen pluvial en algunos sitios es superior a otros donde el clima puede ser más o menos húmedo. Por eso, en función de adecuarnos a las distintas circunstancias climáticas, poseemos nueve variedades”, sostiene.

Jesús indica que en su finca plantan el café del futuro, del Escambray y más allá. Cada parcela tiene el nombre, la variedad y la cantidad de plantas. Todo delata organización, trabajo continuado y un gran deseo de que el empeño prospere.

El cafetalero siente predilección, entre las variedades sembradas para semillas, por “la denominada Isla 611, puesto que es en extremo resistente a plagas y enfermedades. En estos momentos dichas plantas cuentan solo con un año y siete meses; sin embargo cuando vienen personas de todo el país a verlas, de tan vigorosas, lozanas y compactas, creen que tienen más tiempo”, refiere.

En su consideración, “para conseguir lo anterior todo depende del cuidado. Las mejores atenciones culturales son la limpieza y el abono; amén de velar las sombras y que no existan fallas físicas en el terreno, para que haya rendimiento. Si no tenemos dichos elementos fundamentales, no se generará cuanto queremos”.

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