En Cuba, un código para todas las familias

De la familia atesoramos vivencias inolvidables; algunas se remontan a la niñez cuando los padres y abuelos nos arrullan y protegen.  Luego el tiempo ubica a esos seres entrañables en muchísimas otras experiencias.

En palabras de la Doctora en Ciencias Psicológicas, Patricia Arés Muzio, especialista en el tema, “la familia es la unión de personas con un proyecto común de existencia y se basa en relaciones de reciprocidad, apoyo mutuo, amor, solidaridad. Tiene, a su vez, la función de brindar seguridad y satisfacer las necesidades psicológicas básicas desde la niñez”.

Siguiendo el camino de esa definición, no es difícil advertir la razón por la cual se reconoce a la familia como célula básica de la sociedad y por qué también, en el caso de Cuba y a la luz de los tiempos actuales, se precisa disponer de una norma jurídica que fije deberes y derechos para todos los tipos de familia vigentes hoy, pues la evolución misma de las sociedades —la nuestra no se excluye— trae consigo diversidad de configuraciones filiales.

Luego de un intenso y detallado trabajo, la Comisión encargada de redactar el proyecto del nuevo Código de las Familias, presentó la versión número 22 del documento jurídico, el cual será sometido a consultas especializadas, durante un proceso que abarcará, al decir del ministro de Justicia, Oscar Silvera Martínez, a las instituciones del sector jurídico, además de las estructuras de la Unión de Juristas; pero estas no serán las únicas.

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Vital resulta no perder de vista las consultas por desarrollarse e incluso tomar parte de ellas una vez seamos convocados. ¿Por qué? Le ofrezco un solo argumento de varios: el Código de las familias es la única norma jurídica, después de la Constitución de la República, sometido a referendo. Su importancia es capital, pues en su contenido quedará plasmada toda una gama de asuntos cruciales e inherentes a las familias que, como ya apunté, han evolucionado hacia formas muy diversas: desde la tradicional (madre, padre e hijos) hasta aquellas en que conviven varias generaciones, las monoparentales o las integradas por adultos mayores que por diversas causas asumen la atención de menores de edad, por solo mencionar algunos.

No se trata de una legislación para satisfacer a unos u otros; la propuesta a presentársenos es “el Código de la inclusión, de la diversidad, de la no discriminación, de la igualdad. Es moderno”, dicho con palabras de doctora Ana María Álvarez-Tabío Albo, profesora titular de la Universidad de La Habana.

Lo reitero. Nos corresponde entonces una participación directa en las consultas previas y luego en el referendo para aprobar el Código de las Familias, el cual sustituirá el vigente en la actualidad, aprobado en el año 1975, avanzado para su momento, pero urgido de actualización para estar a tono con la actualidad nuestra de cada día y con los preceptos del texto constitucional proclamado el 10 de abril de 2019.

Cuba continúa su labor legislativa, aun en medio de la pandemia de Covid-19 con todos los obstáculos que ello presupone. Lo hace desde la responsabilidad para dotar a sus gentes de un Código para todas las familias.

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Tay Beatriz Toscano Jerez

Periodista.

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