Ni el emperador ni sus acólitos pueden con Cuba

De cuantas impudicias ejerce Donald Trump a lo largo de su mandato hay una que ridiculiza, más que otras, a semejante mandatario y es, ni más ni menos, la de  presionar a los países donde los médicos cubanos luchan por salvar la vida de sus ciudadanos afectados por el coronavirus.

Con la patraña de que los miles de hombres y mujeres de batas blancas están en decenas de países obligados por “los gobernantes de la Isla del Caribe para hacerse del dinero que por esa vía los enriquecerá”, enarbolan los más absurdos dislates para evitar que mueran miles de ciudadanos de varios continentes.

Cuando hoy, tanto en América Latina, Europa, África y otros países los afectados por esa pandemia salvan la vida mediante los conocimientos y la entrega de los médicos, enfermeras y otros integrantes del sistema de Salud cubano de cuantos llegan a ellos para evitar que mueran, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y su comparsa amenazan a esos gobiernos de las más diversas formas.

Trump, vejado recientemente por el libro que acaba de caer en las manos de decenas de miles de ciudadanos norteamericanos; que teme por otro que también escribe una sobrina suya, para que los norteamericanos y otros más conozcan el peso de sus patrañas, continúa lidiando contra la Revolución cubana, esa que derrotó al imperialismo en Playa Girón, la Crisis de Octubre y otras tantas batallas por preservar nuestra soberanía, a solo 90 millas del imperio.

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