El uniforme nuestro de cada año

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Enorme cola en la tienda La Cienfueguera. / Foto: Dorado

El pasado viernes recibí el ticket que me permitiría adquirir el uniforme escolar del próximo curso. Rápidamente vino a mi mente tooooodo lo vivido el año anterior. Para no hacer largo el cuento, no pude encontrar el adecuado para mi pionero, pasó el tiempo y el bono se venció, pues jamás llegaron las tallas (T) pequeñas. Eso sí, la comunicación ¿eficiente? no se hizo esperar en aquel momento: “¡Si compran las T grandes, no podrán cambiarlas después!”.

La venta correspondiente al 2016 comenzó desde el día 3 de mayo en la tienda Las Cienfuegueras, habitual en estos menesteres, sobre todo los destinados a la Enseñanza Primaria. Con el ticket en mano, enrumbé mis pasos hacia el lugar. Allí encontré a la dependienta, sola, aburrida, sin hacer nada, y pensé: ¡qué bien, es mi día de suerte!, pero pensé mal. Y ¡tan mal! porque a veces se adoptan medidas que lejos de ayudar, viabilizar…, entorpecen.

Resulta que no se podían comprar hasta el martes18, porque solo “despachaban los de nuevos ingresos o cambio de ciclo (preescolar y 5to. grado)”, al decir de la trabajadora. Indago al respecto: “¿por qué no venden los uniformes si no hay nadie, no sería más organizado ir haciéndolo por el listado?”. La respuesta fue firme: “No, así está establecido”.

Si los tickets se entregan paulatinamente en los centros educacionales, por lógica, si no existieran tales medidas inexplicables, se evitarían los tumultos, trifulcas y todo cuanto usted pueda imaginarse ocurre por estos días en la mencionada tienda, a tenor de la venta de uniformes.

El almanaque marca el día señalado y me preparo para la “batalla”. Imagino que la trabajadora encargada se encuentre lista, dispuesta, luego de algunos días de “paz”. No hubo sorpresas. Todo resultó tal y como lo esperaba, pues año tras año —quienes tenemos hijos en edad escolar— sufrimos atropellos y nos desgastamos en colas. Antes de abrir el establecimiento, a las 9:00 a.m., había un mar de pueblo; y como siempre, personas que se aprovechan de la necesidad, ofrecen turnos a 5.00 CUC.

Qué decir sobre las reiteradas insatisfacciones con las tallas del vestuario en cuestión. El pasado año, el colega Julio Martínez Molina dedicó la columna Gritos y susurros a Las absurdas tallas de los uniformes, ausentes, una vez más, las ansiadas T cuatro, seis y ocho.

En la tarde del propio 18, solo quedaba tras el mostrador la 16 para las niñas. Sin embargo, ayer en la mañana, reaparecieron las diez y doce femeninas, según la dependienta. Entonces, ¿cuál es la razón por la que no mantienen el área de venta surtida, si las tallas están en el almacén? Los responsables de trazar la estrategia para tal prestación deberían repensarla, escuchar algunos criterios de la población, y así lograr un sano panorama, que nos permita adquirir el uniforme nuestro de cada año.

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