¿El último pa’ Cienfuegos?

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Ilustración: Arí
Ilustración: Arí

Siempre me ha resultado graciosa la costumbre popular de sustantivar la distancia entre el centro de la ciudad y el resto de ella, distinción que toma sentido en una frase recurrente entre los cubanos: “Voy pa’l pueblo”. Aquí lo acuñamos casi a diario en el tortuoso camino de los repartos hacia el Paseo del Prado, el Bulevar, el Malecón. Incluso, en la parada de ómnibus del cercano barrio de Pastorita, suele preguntarse: “¿El último pa’ Cienfuegos?”.

El tema es bastante curioso porque, hasta en la capital del país, las personas reducen a La Habana a aquellos espacios cosmopolitas, donde fluye de manera activa la vida comercial y cultural de la urbe. No por gusto quienes residen en Alamar afirman ir a La Habana constantemente, como si vivieran en otra provincia.

Por supuesto, las abismales diferencias de una zona urbana a otra saltan a la vista e inciden en el fenómeno. Solo en cuestión de imagen, basta adentrarse en Tulipán, San Lázaro, Buenavista o Reina para comprender los motivos que sustentan en nuestro imaginario la condición periférica. Además del deterioro ambiental, prospera un contexto ruralizado, marginal, sin perspectiva alguna de desarrollo.

Entendámoslo en términos de prioridades: no recibe la misma atención el Paseo del Prado o Punta Gorda que mi olvidada Juanita, aun cuando la mayor parte de la población cienfueguera habite en zonas alejadas del centro de la ciudad. Hacia estos lugares, la visión de progreso es casi nula, amén de la existencia de servicios primarios. Satisfacer otras necesidades obliga, con regularidad, a “ir al pueblo”.

La concentración de los mercados Ideal en el Centro Histórico constituye un ejemplo claro del problema, pues hacia los barrios la infraestructura de la red de comercio minorista se limita a la presencia de las bodegas, donde a ratos te venden un vaso o una frazada de piso, no mucho más. Ello conduce al movimiento frecuente de personas hacia el Bulevar, aunque solo sea para comprar un paquetico de comino.

Yo mismo “voy pa’l pueblo” en reiteradas ocasiones, cada vez que requiero huevos, frijoles, cárnicos, yogur, mayonesa, galletas, sazones, detergente líquido, lejía…, al no poder adquirirlos en el reparto donde vivo, carente de un establecimiento dedicado a la venta de tales productos, al margen de los estanquillos de las sucursales TRD y Cimex.

Desconozco si en el asunto habrá alguna estrategia de por medio en materia de comercialización, pero en cuanto a comodidad, e incluso, protección al consumidor, la falla resulta gigantesca. Lo ideal sería tenerlo todo al alcance de la mano, sin que el cliente considere la lejanía en su decisión de comprar o no. Es cuestión de pensar un poquito en la lógica de las cosas.

Al respecto, una colega me contaba cuán molesto le era trasladarse del favorecido reparto de Punta Gorda hacia zonas del Centro Histórico, a fin de llenar su jaba con variados productos agrícolas en mercados mejor abastecidos. Entonces simplifiqué mi perspectiva de Cienfuegos, del “pueblo”, a pequeñas porciones del Prado, el Bulevar y áreas aleñadas, casi nada en verdad.

Peor sucede con las opciones recreativas. Si en el propio centro de la ciudad a veces cuesta trabajo encontrar una propuesta complaciente de los más diversos gustos; ¡imaginen en los barrios distantes! En mi Juanita, el aburrimiento se apodera de las calles con el particular silencio de la noche, sin otra distracción que esquivar los tempranos bostezos o apostar a la única salida: “¡Me voy pa’l pueblo. Hoy es mi día. Voy a alegrar toda el alma mía…!”.

Sí, es costumbre decirlo, pero razones también sobran cuando nuestra circunstancia se torna el inframundo.

1 Comentario

  1. Hola Robe, te mando muchos saludos desde acá, mi terruño natal… Creo que eres muy buen periodista y que vas a brillar cada día más, y allí en ese periódico tienes algunos colegas que te harán crecer mucho como persona y profesional. Se te quiere y extraña mucho!!!!!!!!!!!!!!!!

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