El Túnel: coctel de catastrofismo y crítica social de Kim Seong-hun | 5 de Septiembre.
mié. Nov 20th, 2019

El Túnel: coctel de catastrofismo y crítica social de Kim Seong-hun

Al momento que escribo esta reseña, los fiscales de Corea del Sur piden doce
años de cárcel para el vicepresidente de la corporación Samsung, por
malversación, cohecho e implicación por soborno en el escándalo de
corrupción que destituyó a la expresidenta Park Geun-hye.

La aceleración económico-industrial desenfrenada de uno de los felinos más
aventajados de esos alguna vez llamados “tigres asiáticos” (como Chile en su
momento en América Latina, recibió protección especial en todos los planos y
sobre todo en el financiero por parte de los Estados Unidos) ha provocado
disímiles casos parecidos que la pantalla nacional ha fustigado, de forma
tangencial, sin nombrarlos, pero reiteradamente y a través de la exposición de
cómo se expresa el resultado de esa iniquidad en la sociedad surcoreana.
A la manera del mexicano Jorge Michel Grau en la también rotunda 7:19
(2016), en su muy bien concebida y rica muestra genérica de la vertiente
catastrofista de la pantalla asiática, El túnel (2017), el realizador Kim Seong-
hun abre fuego a discreción contra esa panda de corruptos que desfalcaron los
fondos y materiales para la construcción de numerosos túneles existentes en el
país más meridional de la Península Coreana. Incluso consigna el número de
estas obras ingenieras mal construidas y blancos del robo corporativo por parte
de sus inversores y constructores.
Tras el colapso total de uno de estos túneles (de ficción), el protagonista del
filme es atrapado en su auto en medio del derrumbe. Cuanto evoluciona desde
el momento de la catástrofe hasta el día de su prolongadísima extracción de
ese infierno bajo tierra es una historia de supervivencia y enclaustramiento –
tema con el cual varios realizadores contemporáneos han estado muy
vinculados-, jaezada con la referida crítica social, la ridiculización al papel de
determinados medios en casos como estos y la generación de muy buenas
atmósferas: tanto dentro del túnel hundido bajo el peso de una montaña, como
fuera, en las acciones de salvamento.
Infaltable casi hoy día en una película coreana, Kim Seong-hun desdramatiza
con gotitas de humor colocadas en goteros correctamente yuxtapuestos al
decurso de un relato que, pese a sus dos horas largas, avanza con notable
fluidez y sentido de la cadencia cinematográfica.
Mérito extra del realizador de Hard Day es no dejarse llevar en El túnel por el
estruendo del cine catastrofista yanki, por la aparatosidad marca de fábrica del
género al otro lado del Pacífico; de tal que confiera mucho más peso en su
filme el elemento humano que a la fanfarria espectacular digitalizada.
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