El señor de la guayabera: una historia detrás de la prenda

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Pedro Arnaldo Tápanes Morán. /Foto: Juan Carlos Dorado

La Universidad del Adulto Mayor es una universidad de la vida. Acorde, claro está, a la edad de los cursantes; pero en Pedro había algo más que información interesante sobre este tema. Porque cuando usted ve a un señor mayor, de hablar pausado y medido, llevar sus estudios con total seriedad, e incluir su actividad de investigación en un viaje destinado al esparcimiento, ya usted lo intuye. Y cuando además, este señor mayor, viste una guayabera con total elegancia, ya puede estar segura: ahí hay una historia singular. Y la había.

Todos los jueves Pedro Arnaldo Tápanes Morán sale de su casa a las 9 y media de la mañana rumbo a la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Son solo nueve cuadras, pero a sus setenta años no puede permitirse un andar apurado y mucho menos el irrespeto de una llegada tarde. Más que un ritual, estos recorridos semanales devienen una provechosa costumbre, iniciada en septiembre de 2016.

El anuncio en la bodega de su barrio bastó para despertar su interés por la Universidad del Adulto Mayor, y aunque es maestro de profesión, sentarse en el lugar opuesto del aula ha sido, para él, una importante experiencia. “Todos los ‘viejitos’ deberían pasar por ahí, porque hay un verdadero aprendizaje”, me cuenta.

A Tápanes Morán lo conocí un día que llegó hasta nuestra redacción en busca de datos para su tesis de fin de curso, titulada Mecanismos de apoyo al adulto mayor: estudio de un caso. Su interés radica principalmente en ese anciano solo, carente del sustento de los suyos y necesita acudir al Sistema de Atención a la Familia (SAF), un problema con el cual no se identifica.

Y entonces me explica todos los detalles del programa: que se imparte a través de conferencias divididas en cinco módulos, con temas como cultura, dieta, salud; que han realizado visitas dirigidas a diferentes sitios de interés y que le preceden otras 16 graduaciones.

“Este es el básico, luego hay otros, uno por ejemplo de ‘abuelidad’, una palabra un poco rara, para enseñar al abuelo a cómo vivir mejor, cómo enfrentarse a las limitaciones que pueden encontrar en la familia y en las nuevas generaciones, y cómo permanecer fuertes ante cualquier discriminación. Existe hoy un fenómeno llamado gerontofobia, de las personas que detestan a los adultos mayores, y en ese curso podemos aprender cómo superar tales situaciones”, describe Pedro Arnaldo.

Nuestro encuentro, no tuvo nada que ver con la casualidad; muchísimos elementos enlazan a mi entrevistado con esta ciudad, empezando por su esposa, Gabriela López Carbó, oriunda de estos lares; por eso a cada rato viene a Cienfuegos, de paseo.

Y las coincidencias continúan, porque el aula donde recibe las clases lleva el nombre de otra cienfueguera ilustre, María de la Caridad Molina, quien fuera la compañera de Osvaldo Dorticós Torrado. “Desde el inicio se nos dijo que era una mujer muy dada a ayudar a las personas y siempre estaba al tanto de los problemas sociales y familiares de la comunidad, por eso se le recuerda y se le brinda homenaje”, rememora.

Sobre la utilidad y aplicación práctica de los conocimientos adquiridos, me explica que “en el último encuentro, el profesor nos hablaba de cómo estas clases son incluso más efectivas que las campañas en los medios de prensa, donde se ofrecen consejos sobre no abusar de los medicamentos, dormir el tiempo indicado, no comer más allá de las 7 de la noche y otros más.

“Pero este tipo de cursos tiene más fuerza para quienes lo pasan, porque es inevitable que en la noche, al poner la cabeza sobre la almohada, pensemos en lo aprendido durante el día sobre qué debemos hacer y qué no. Porque incluso el médico te indica evitar una actividad y nosotros mismos nos resistimos”.

Continuó la conversación, hasta llegar a lo que él mismo llamó “el plato fuerte”.

¿Usted tiene estudios universitarios anteriores? ¿A qué se dedicó durante su vida laboral?

“Fui alfabetizador, brigadista Conrado Benítez con 14 años, de ahí siempre me gustó el magisterio. Me gradué de profesor de Inglés y Español, del nivel de secundaria básica, en el Instituto Superior Pedagógico Félix Varela, en el año 1968. Yo soy de Villa Clara, pero me ubicaron en la ciudad de Camagüey en un pre, dando clases de Inglés, y estando ahí me llegó una citación del Ministerio de Educación para una beca en el exterior, me autorizaron y estuve casi cinco años estudiando en la Universidad de Pionyang”.

En los últimos tiempos debe haber rememorado sus días en la capital de Corea del Norte.

“Cada vez que he visto el tema en la televisión siempre pensamos, mi esposa y yo, en la situación que debe haber ahí; no es primera vez que hay tensión en la península, con mucha frecuencia ocurre y ahora con más razón todavía. Nosotros nos conocíamos de la Universidad de Las Villas, pero coincidimos en la Universidad de Pionyang y ahí nos hicimos novios. Fueron muchos años en ese país y aprendimos mucho.

“Estuvimos catorce años viviendo y trabajando allí, como diplomáticos en la embajada de Cuba; una vez terminados los estudios, toda mi vida laboral fue como diplomático.

“Me jubilé en 2009 y con el título de profesor de Inglés en la mano, me presenté en la Dirección Municipal de Educación de Playa y hacían falta profesores de la asignatura, y más que por un problema económico, me interesaba mantenerme en activo; entonces ahí permanecí hasta el año pasado, impartí clases en la enseñanza preuniversitaria y en la primaria”.

¿Y por qué la guayabera?

“Mi abuelo paterno Salvador Morán, toda la vida yo lo recuerdo con guayabera; lo quise mucho, por eso desde que pude me las puse. Tengo muchísimas, de mangas largas, de mangas cortas, blancas, azules… En la propia diplomacia cubana está establecido que se puede utilizar, y trabajando como profesor siempre asistí al aula con una guayabera. Me gustan mucho y me siento muy bien porque es cubanía.

“Te digo más, esta guayabera la estoy estrenando aquí, en esta entrevista”.

Y al final, fue cierto el instinto. Pedro Arnaldo Tápanes Morán, resultó ser todo un descubrimiento.

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