El sacrosanto mundo de la acacia

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La acacia roja tiene gran valor ornamental

La acacia, de la familia de las Fabaceae, es una de las especies del mundo vegetal famoso no sólo por los enormes beneficios prácticos que le reporta al hombre, si no por la aureola de misticismo y simbología que le rodean.

Este es quizás uno de los árboles más útiles en términos de los bienes que produce. Muchos le estiman por su madera para la fabricación de pisos, muebles y barcos; pero es justo reconocer los numerosos beneficios que le reporta a la salud humana.

La corteza y la savia del árbol, por ejemplo, se utilizan con fines medicinales en muchas partes del mundo. Estos elementos se pueden encontrar en forma de goma, polvo y extracto líquido.

Precisamente, según la bibliografía consultada, la fibra o savia de la planta es empleada en determinadas regiones del mundo para ayudar a elevar el colesterol HDL (colesterol bueno) en el cuerpo.

Otros sostienen que esta parte de la acacia también mantiene a raya el hambre mediante la activación de una hormona llamada CCK. Este es el producto glandular que te dice que dejes de comer cuando estás lleno.

La propia fibra se sabe que ayuda a eliminar toxinas acumuladas en el sistema digestivo. Ella absorbe estas sustancias indeseables, que son evacuadas a través del proceso digestivo. Y no faltan los que afirman que ese mismo componente, tomado regularmente, puede reducir los riesgos de cáncer de colon.

Por su lado, el polvo hecho de corteza molida puede ser usado para una variedad de problemas de salud. Entre ellos sobresalen sus propiedades astringentes, remedio calmante de las erupciones cutáneas y con fines de anti-inflamatorio.

En similar estado lo emplean frecuentemente para aliviar las hemorroides y llagas o úlceras de decúbito. Esa forma de harina puede suministrarse por vía oral para tratar las infecciones respiratorias, urinarias y del aparato digestivo, así como para tratar los dolores de garganta e infecciones de la boca.

Investigaciones sobre esta útil planta dan cuenta de que la miel derivada de ella resulta un excelente edulcorante. Se trata de un jarabe ligero, con un sabor suave y delicado aroma floral, y no se cristaliza a través del tiempo como otras almíbares.

Esta especie de melaza posee un contenido de fructosa muy alto y, como con otros productos de la acacia, contiene excelentes propiedades medicinales. Se tiene la certeza de que este derivado mata a los gérmenes, ayuda a la digestión, alivia la diarrea y se puede utilizar como un bálsamo para ayudar a curar las heridas.

Y añadir que la acacia es uno de los árboles más habituales en la decoración de jardines y parques. Existen numerosas variedades de este árbol leguminoso y de hoja perenne, que se caracteriza por su frondosidad, su espectacular colorido y las espinas que recubren sus ramas.

Resulta frecuente encontrarla en parques, calles, paseos, aunque el uso más extendido es la jardinería, por el color y la de sus flores, que asemejan bolas de oro, y el número de ellas, ofreciendo conjuntos de gran belleza. Se cultiva como fijador de terrenos y por la goma que se obtiene de su tronco de alto contenido en taninos.

Aureola de misticismo

Para los egipcios la acacia fue considerada Árbol Sagrado, debido a que para ellos simbolizaba la inmortalidad del alma. Incluso, los textos de las pirámides hablan de que el niño Horus surgió de ella. En tanto, cuenta la leyenda que la madera en que murió Jesucristo procede de esa planta, así lo sostenían los rosacruces, una organización fraternal masónica.

En la propia Masonería, la planta es símbolo de excelencia. Para sus miembros representa seguridad, claridad, y también la inocencia o pureza; es insignia de la verdadera iniciación para una nueva vida y la resurrección para la futura.

Entre los múltiples significados, los pueblos de la antigüedad la identificaban como madera incorruptible. Por aquella época también era considerada un símbolo solar, puesto que sus hojas se abren con la luz del sol en el amanecer, y se cierran al ocaso; en tanto, su flor imita el disco del astro rey.

En la cultura hebrea, la acacia ya se menciona en el Antiguo Testamento. En el refiere que se utilizaba para la construcción de los elementos más sagrados (Arca, Mesa, Altar), debido a sus características. Téngase en cuenta que según el pasaje bíblico de referencia, cuando Dios dio a Moisés las instrucciones para construir el Tabernáculo, le dice: “hacer un arca de madera de acacia” y “hacer una tabla de madera de acacia” (Éxodo 25:10 y 23).

La acacia mimosa -cuyas flores parecen pequeñas bolas de oro- está dedicada a Hermes-Mercurio; sus ramos floridos recuerdan la célebre “Rama Dorada” de los antiguos misterios.

Luego, su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, en efecto, la idea de la vida inextinguible que permanentemente renace victoriosa de la muerte.

Simboliza, además, el conocimiento de los secretos de los “verdaderos maestros masones”, de ahí que se la identifique con la posesión efectiva de la maestría, como bien se dice en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

En la Religión Yoruba, le pertenece a Obbatalá.

Las flores tienen forma de bolas doradas

Regalar un ramo con hojas de este vegetal simboliza constancia, de ahí que en el lenguaje de las flores tenga un estrecho vínculo con la amistad.

Existe la creencia supersticiosa de que si vamos de viaje a un lugar peligroso, antes de salir de casa debemos machacar tres hojas de acacia en un mortero de piedra con un puñado de sal y, ya en la calle echaremos un pellizco de esa mezcla hacia cada uno de los cuatro puntos cardinales pidiendo protección.

Una curiosa tradición afirma que contra la aerofagia y las malas digestiones, ha de haber una hoja fresca de esta planta debajo del plato en cada comida.

Caprichos de la naturaleza

Una característica muy popular y curiosa al mismo tiempo es que al mínimo toque de sus hojas (compuestas por numerosos foliolos), las mismas se contraen sobre el tallo como si se cerraran, con un mecanismo en la base, al mismo tiempo los tallos menores se dejan vencer por el peso.

Este es un mecanismo de defensa ante depredadores, algunos biólogos lo consideran como único en el Reino Vegetal. En los conglomerados donde cada individuo se encuentra en contacto cercano con otro, si éste es abordado por un intruso, la planta reacciona químicamente liberando sustancias que son de transferencia aérea y llegan a los otros congéneres “dando la alarma”. Cuando ello sucede, de inmediato el resto de los ejemplares del conglomerado comienza a segregar de sus hojas una sustancia tóxica -éstas cambian de color oscureciéndose-, dañina en el contacto e ingestión, y hasta mortal para el depredador animal, que puede ser un gran mamífero como una jirafa, aunque se han dado casos en que se produjeron intoxicaciones de mascotas. Esta reacción es temporal, aun así debe seleccionarse apropiadamente la especie de acacia en el ámbito de la jardinería, a efectos de evitar estos efectos sobre animales y personas.

Sobre su cultivo

Acacia en flor

Para cultivar la acacia se utilizan las semillas, aunque también podemos trasplantar plantones de viveros. La siembra de las posturas puede hacerse tanto en hileras como un solo ejemplar aislado.

Esta es una planta poco exigente, por ello no requiere de un clima o un suelo específico, a pesar de proceder de lugares semidesérticos. En cualquier caso, no suele tolerar sequías muy severas.

Por lo general, las zonas de costa son las más pobladas de acacias debido a que resiste muy bien los vientos salinos. Mucho menos dura es su madera, que es quebradiza y frágil, a pesar de producir buena leña.

Como otras especies de la misma familia, lo mejor es podar el árbol para descargar el peso de su copa, mucho más si vivimos en lugares con mucho viento.

Los terrenos arenosos bien drenados son los favoritos de la planta, pero también crece en buenas condiciones en lugares pantanosos, suelos graníticos y laderas. Por sus características botánicas, la acacia se adapta muy bien a suelos salinos, poco ácidos y pobre en nitrógeno y fósforo.

Las flores de la acacia eclosionan entre marzo y abril. Suelen ofrecer imágenes espectaculares a los jardines, sobre todo las acacias salignas, que producen ramas llenas de flores amarillas que caen a modo de cascada.

Esta leguminosa es altamente apreciada por su capacidad para proporcionar buena sombra y cobertura del suelo. Aunque también el forraje que produce posee gran utilidad para el hombre.

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