"El puerto es mi casa" | 5 de Septiembre.
vie. Nov 15th, 2019

“El puerto es mi casa”

Mariluz Hernández Vázquez es la única mujer en Cuba que dirige un turno de estibadores, y es precisamente en el puerto de Cienfuegos. /Foto: Efraín Cedeño

Se mueve en un mundo masculino, en un círculo rudo donde la mujer apenas hace su incursión. Mas allí la ven, desde hace cuatro años, dirigiendo a un grupo numeroso de hombres, sin otorgarle mayor importancia al hecho de ser ella, Mariluz Hernández Vázquez, la única mujer en Cuba jefa de un turno de estibadores, en el Puerto de Cienfuegos.

“En total son 90 hombres bajo mi mando. El trabajo que realizo abarca todas las operaciones del puerto, velo porque todo funcione y tenga la calidad requerida y que haya disciplina, pues estamos en la frontera y ahí representamos a nuestro país y a nuestra provincia”.

La conversación transcurre alejada de su entorno laboral. Es día de celebraciones, pero Mariluz tiene a bien contarnos parte de su historia, la rutina de una actividad, de la cual no se desata con facilidad, ni en los instantes de asueto.

“Estoy en funciones desde que me monto en la guagua hasta que me bajo. Todas las incidencias tienen que ver con el jefe de turno. Es difícil, hablamos de un personal que por lo general tiene baja calificación, características singulares y una historia grande, pero me va bien. Ya llevo cuatro años como la única mujer del país dirigiendo un turno de estibadores y no me quejo. Nos respetamos y tenemos resultados. No por gusto somos el mejor puerto del país.

“En muchas ocasiones trabajamos hasta altas horas de la madrugada. Y luego, hay que crecerse para asumir también las tareas del hogar, lo cual es sumamente difícil, sobre todo cuando una tiene hijos adolescentes, pero nosotras las mujeres siempre nos engrandecemos y lo llevamos todo a la par”, comenta esta cienfueguera risueña y locuaz.

Mariluz no siempre fue una trabajadora portuaria. Proviene del Sindicato Provincial de Transporte y luego asumió la tarea actual. Técnica en Explotación del Transporte, también laboró durante muchos años en la Empresa Udecam como especialista principal de cuadros lo cual, asegura, le otorgó una adecuada preparación para sumir el desempeño actual.

¿Cuánto has aprendido en este nuevo puesto? ¿Eres capaz de manejar un montacarga, por ejemplo?

“Sí, ¡cómo no! Lo he hecho, lo mismo manejo un montacarga que me monto arriba de un güinche, lo que sea necesario en el momento dado, pues para eso nos preparan”.

Se palpa una tendencia en Cienfuegos a la feminización de la actividad portuaria, al menos de los cuadros. ¿Lo ves también así?

“Sí, de hecho, las únicas mujeres que dirigen en los puertos del país son cienfuegueras. Es un logro para nosotras estar vinculadas directamente a la producción. Esto se debe a que hemos demostrado que sí podemos. Cuando yo empecé, algunas personas no me creían capaz de lidiar con tantos hombres. Lo único que les dije fue: ‘por favor, denme la oportunidad’. ¡Y aquí estoy! Es un espacio muy machista, pero eso hoy ya no es un problema. Tenemos una mujer tecnóloga, una jefa de brigada —que trabaja de tú a tú con el hombre en el barco—, una jefa de operaciones…Ese tabú que teníamos se ha ido rompiendo. Al principio presentábamos problemas, pero ya no.

¿Alguna anécdota de esos percances?

La jefa de turno rememora y sonríe. “Los estibadores tienen sus características, ya lo he dicho. Por lo general, son muy machistas. Recuerdo que cuando entré al puerto y me dirigí a uno de ellos por cierto problema, me dijo ‘no, tú no, tú eres mujer, tráeme a tu esposo’. Le dije, ‘no, los problemas no se resuelven así, si no de otra manera’. Lo llevé para la oficina y allí conversamos. Fue una enseñanza para todos, pues acostumbraban a resolver los conflictos con golpes y gritos y como yo no les permitía gritarme, ni faltas de respeto, se fueron adaptando. Ya no lo hacen y saben que cuando los llamo es para resolver alguna dificultad o deficiencia”.

A golpe de ecuanimidad y esfuerzo, Mariluz se abre paso en la actividad portuaria. Atrás quedaron los recelos, sus subordinados la ven ahora como una compañera más, una guía, en ese espacio que se torna para ellos un hogar. “El puerto es mi casa”. No necesita decir más.

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