El Palo Gordo en pos de su bicentenario (V Parte-Final)

Cuentan que el nuevo proyecto fue asumido por el arquitecto sureño Pablo Donato Carbonell, quien durante un año y seis meses alcanza a dirigir la obra con modelos algo más flamantes. Particularmente sobresalen en la estructura el servicio de tiendas, los almacenes en la planta baja, la residencia en el segundo nivel y el ático en el tercero. La inauguración acontece, precisamente, el 4 de julio de 1914.

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El edificio cuenta con una extensión de mil 500 varas planas, con dos plantas hechas de mampuesto y un hermoso patio cubierto con una cobertura de concreto que permite la entrada de la luz y el frescor. Al gusto de Vicente, se erige el anchuroso inmueble de 18 metros de altura, con tres niveles y de estilo ecléctico; un puntal alto que intenta contrapuntear con la horizontalidad y múltiples detalles ornamentales y singularizantes, como las dos V entrelazadas que se avistan sobre los arcos de medio punto y traslucen la voluntad del propietario de trascender en el tiempo.

En el primer nivel figuran seis aberturas en la fachada hacia San Fernando, en formato de vidrieras, y tres portillas de acceso con molduras de medio punto. Asimismo, se ubican las puertas metálicas consumadas en la capital por la Fundición Ángel de Velo (San Joaquín No. 20) y una vía de acceso semejante por la calle de Hourruitiner. Los muros hacia San Fernando están hechos de granito gris hasta un metro y medio de altura, mientras que por la otra calle se aprecia un zócalo con texturas y a modo de rectángulo. Hacia el centro de la fachada principal (a la altura del entresuelo) se localiza una luceta rectangular con cristales contraídos de color verde, rojo púrpura y valor blanco, al tiempo que en la portada secundaria se reproducen lucetas similares. Este recinto contaba con espacios para la venta y almacenaje de los productos.

A su vez, el segundo nivel contiene dos apartamentos amplísimos que se ramifican entre ambas calles. Estas se engalanan con balcones corridos de balaustres de cemento soportados por las ménsulas, unos postrados, otros salientes, con el firme propósito de quebrar la simetría. Los balconcillos son rematados por el trío de guardavecinos del mismo material y decoraciones ondulantes que a algunos recuerda el estilo art nouveau. En el término de este piso, por San Fernando, se colocó el mástil donde se iza la bandera que publicita a El Palo Gordo. El apartamento de la esquina, embellecido con una carpintería de lujo y ventanales de cristales (rectos, lisos, corvos, nevados) con alta croma y luminosidad, descuella con su persianería afrancesada, tres puertaventanas por Hourruitiner y cinco por San Fernando. Igualmente, por las columnatas eclécticas con elementos sinuosos en las bases selladas por capiteles corintios. Llama la atención un ornamento que no es habitual en la arquitectura local: el abanico accesible figurando una concha.

Este segundo piso, con entrada por la calle de Hourruitiner, se destina a la familia de José Vicente Villar, al igual que la planta alta. Sus múltiples habitaciones no solo sirven para la convivencia con los empleados de servicio, sino también para alquilarlas a los clientes. En el apartamento ubicado en la esquina, se halla la escalera que conecta con el tercer nivel (cuatro habitaciones y baño intercalado). Justo, en el pretil de esta suerte de ático suntuoso o penthouse se yergue un ornamento con el año de consumación de la obra: 1914, dígitos que porta el rosetón aupado por dos infantes tendidos plácidamente. Existen otras figuras decorativas: columnas domeñadas por el eclecticismo, una ebanistería con cristales curvos, persianería francesa, nevadas o blancas, todo lo cual la convierte en una de las más hermosas y modernas construcciones de su tiempo.

El Fígaro, a propósito del centenario de la fundación de la ciudad, publica en el año 1919: “El Palo Gordo ha sido y es uno de los terribles rivales del giro con quien tienen que luchar sus similares en la capital”. Una vez más la antiquísima empresa reafirma sus luces. Continúa en el año 1940 bajo la firma Villar y Cía., siendo gerentes José Alaban Villar, Aurelio Suárez y el propio Francisco Villar. El hermano de este último, José Vicente, se ha separado en 1899 de la empresa y entre otras gestiones ahora ejerce como propietario de El Gallito, una tienda mixta que transfiere en 1911 a Juan Martínez García. En el libro publicitario Las Villas aún se insiste en la trascendencia de este recinto comercial: “El Palo Gordo es una institución en Cienfuegos, es una de esas casas que hace época y que marca fecha no sólo por su antigüedad, sino por la variedad con que ha actuado desde su fundación. Allí se observa como lema: “Seriedad en los negocios, buen trato al cliente, exactitud y garantía en todo cuanto en él se adquiera”. Empero, algo nuevo está por suceder, un gran giro en la historia del inmueble.

Algún cronista refiere que durante los años 30 sucede la transacción con la compañía norteamericana Sears, pero el registro de comerciantes precisa que es en 1948 cuando Alabau Villar cede a un buen precio la mitad del local. De modo que esta nueva empresa sustituye a Villar y Cía, dando por terminado los 126 años de la historia de El Palo Gordo, al menos con su perfil original y en manos de mercantes hispánicos. Precisamente, un recuerdo de este hecho es el letrero en rojo que anuncia a Sears en un vano de la pared hacia la calle de Hourruitiner.

La Sears, Roebuck and Co., más conocida por Sears, era una cadena norteamericana de tiendas departamentales constituida por Richard Warren Sears y Alvah Roebuck en el siglo XIX, que velozmente se extiende por varios países de América, al modo de Cuba (1942-1958), México (1947), Brasil (1949-1992), Canadá (1952), Perú (1953-1984), Colombia (1954-1987), Costa Rica (1955-1983). Desde sus orígenes se manifiesta como una empresa de ventas por catálogos y en poco tiempo, durante los años 20, llega a convertirse en la mayor minorista de los Estados Unidos. Aunque se había establecido en Cuba desde 1942, no es hasta 1948 que se instala en Cienfuegos. Podía haberse hecho de todo el edificio, pero los financieros de esta cadena (que el 17 de noviembre de 2004 es adquirida por Kmart Holdings y pasa a llamarse Sears Holdings Corporation) solo se decidieron por el espacio más concurrido. Hoy en día esta sociedad ha sufrido un desmorone en sus ventas ante la competencia de tiendas especializadas con enseres de uso doméstico al estilo de Home Deport, mercadería en general como Walmart, o productos varios al modo de Amazom.com.

José Vicente Villar no vivió lo bastante para disfrutar gran parte de la gloria de su establecimiento, aunque se hizo de una significativa fortuna, como su predecesor. Con estos dineros pudo viajar infinidad de ocasiones a Ribadesella, compartir con los familiares y especialmente Don Pedro del Valle Muñiz, su suegro y tío. En París realiza su testamento, dejando todas las heredades a su esposa, Asunción del Valle Pérez, poco antes de morir en Ribadesella, el 31 de agosto de 1915.

El capital legado le permite a la viuda la edificación en 1819 de una atalaya en Ribadesella, creada por el arquitecto Miguel García Lona, el hijo de una amiga suya radicada en Madrid. El proyecto entreteje rasgos de la arquitectura europea con soluciones constructivas latinoamericanas. En la actualidad es habitada por los herederos del comerciante asturiano, desde que la arrojadiza Asunción Eusevia es asesinada el día 26 de noviembre de 1936 en la capital española. Al parecer se hallaba en casa de unos sobrinos y apareció al día siguiente llena de balazos. Se especula que Sixto, el chofer, hizo una denuncia para que la “desaparecieran” en el contexto de la Guerra Civil Española. La familia se dispersa en lo inmediato: unos se exilian a Cuba, otros a Venezuela o Argentina. La atalaya la hereda una hermana de Vicente, quien a su vez la vende a Mariano González Puertas, progenie de los actuales propietarios.

Después del triunfo de la Revolución cubana el establecimiento fue nacionalizado y trasfigurado en un Mercado de Artículos Industriales. Definitivamente, tras una reparación capital y como parte de las estrategias de revitalización de la historia local, reconquista su nombre en el mes de abril del año 2011.

Inobjetablemente, El Palo Gordo es una excepción como establecimiento que ha logrado mantener hasta la actualidad su objeto social y comercial, ubicado en el mismo espacio donde el ignoto Carlos Genaro, quien sabe si el poeta al que alude Luis Bustamante en su diccionario biográfico (1931), funda la primera tienda que sirve a los adelantados de la villa de Jagua, la misma que en 2022 habrá de festejar sus 200 años de existencia.

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Jorge Luis Urra Maqueira

Crítico de arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

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