El Palo Gordo de Cienfuegos en pos de su bicentenario (I): Una historia con nostalgias

En 1822 el ignoto comerciante Carlos Genaro inaugura en San Fernando y Hourruitiner un bazar de lujo, entre los primeros levantados, con el nombre de El Palo Gordo. Al decir de los historiadores Pablo Rousseau y Pablo Díaz de Villegas, el negocio es acogido por la venta de artículos de orfebrería y quincalla; de tal modo es publicitado en La Hoja Económica de Cienfuegos, el primer periódico de la localidad, cuya edición se fragua como una hoja informativa patrocinada por el gremio de comerciantes de la zona y con el consentimiento de las autoridades; establecida por el tipógrafo trinitario Francisco Murtra, diplomado en Europa y Estados Unidos. 

El Palo Gordo, intitulado que tal vez alude al acto de recibir una recompensa (Premio Gordo) a razón de la baratez de la mercancía ofertada, es hijo de una voluntad concebida en esta época de grandes migraciones de “indianos” deseosos de hacer fortuna a través del comercio, embelesados con los tantos relatos que dan por cierta la fórmula de que un asturiano comerciante en la isla deviene finalmente enriquecido.

El establecimiento se ubica en el corazón de la ciudad, la avenida de San Fernando, esquina Hourruitiner, ocupando lo que otrora fuera espacio de un terreno cedido en 1819 por De Clouet a Guillermo Rey (No. 160) y que sucesivamente pasa a manos de otros propietarios. Durante la etapa fundacional no poseía una gran holgura, tal como puede apreciarse en algunos grabados de la época. La construcción era de un solo nivel, con techumbre de tejas, aunque el formato de sus vidrieras salientes y las depuradas columnatas de metal proveían alguna belleza al local, que suele utilizar grandes letreros publicitarios convidando a la adquisición de sus productos (perfumes, joyas, cerámicas).

No estamos confiados de su alcance comercial en la primera década. Empero, es probable que despierte en 1825, después de la epidemia que azota el territorio y ofrece algunas luces en el proceso de recuperación de la ciudad, que gradualmente ha perdido gran parte de su población, en lo esencial las familias extranjeras dedicadas al comercio y la agricultura. Entonces, y ante la depresión de las tierras y la posibilidad de ocupar gratis las abandonadas, brota una ola de ibéricos que acuden a este negocio para hacerse de útiles y objetos decorativos.

¿Qué ocurre durante poco más de tres décadas con la empresa de Carlos Genaro? Suponemos que su permanencia en el tiempo es síntoma de alguna estabilidad económica. Pocos negocios resistieron, como el suyo, etapas tan difíciles y de visible competitividad. A la par del progreso de la industria azucarera en 1830 surgen una serie de comercios a nombre de propietarios foráneos, preferentemente de Cataluña, que asientan otras aspiraciones y estimulan a sectores profesionales, entre otros: maestros, abogados, médicos y artistas. Obvio, aunque violentemos el concepto de arte, estamos aludiendo a los artesanos prístinos que son estimulados por la creciente producción de maderas y el ascenso de la arquitectura urbana. Este aliciente se robustece hacia 1844, con el arribo al poder del brigadier Ramón María de Labra (Asturias, 1788- Madrid, 1870), cuya lumbre acelera y beneficia el desarrollo de la villa.

El Dr. Alejandro García Rodríguez cita una nota del historiador Florentino Morales en la que se alude a una crónica aparecida en la revista Cuba en Retrograbado, donde el reportero manifiesta haber visto un recibo de contribución con fecha de 28 de octubre de 1830, que al parecer, fue conservado por los futuros gerentes de la firma. ¿Para esa fecha se puede creer en cierto esplendor, a juzgar por los anuncios y los artículos de lujo que ofrece? El solar 519, donde se ubicaba la tienda, es adquirido por Celedonio Ruíz en remate público el 18 de junio de 1836 por la cifra de mil 290 pesos; lo que infiere que el comerciante debió renegociar el alquiler del espacio.

A juzgar por la publicidad, en 1845 El Palo Gordo, desde 1823 vertido en un suntuoso mercado de joyas, materiales de escritorio y novedades de arte, se convierte en el primer salón expositivo del ramo de las artes visuales, particularmente de objetos de tipo ornamental (orfebrerías, porcelanas, cartas de viaje, etc.). Sin embargo, hacia 1853 Carlos Genaro, que para esta fecha debe tener poco más de 50 años, convino vender su negocio y regresar al terruño español. Generalmente los varones indianos y exitosos volvían siendo hombres maduros y aprovechaban la posibilidad de casarse con mujeres mucho más jóvenes que ellos. Con cierta frecuencia, adquirían las residencias más vistosas, las primeras telefonías, aparatos de radio, automóviles… con el espíritu de mostrar su capacidad económica. Otra etapa estaba por sobrevenir para el más longevo de nuestros establecimientos.

(Continuará)

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Jorge Luis Urra Maqueira

Crítico de arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Un Comentario en “El Palo Gordo de Cienfuegos en pos de su bicentenario (I): Una historia con nostalgias

  • el 20 agosto, 2021 a las 7:58 am
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    Aunque conocedora del tema, siempre los leo. Muchas gracias.

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