"Él me acogió como a una hija" | 5 de Septiembre.

“Él me acogió como a una hija”

"Fidel se nos fue físicamente, pero en nosotros quedará por siempre su obra y su dignidad..."./Foto: De la autora

Las montañas se vistieron de luto, como de luto se vistió Cuba toda desde el instante en que se le supo cabalgando hacia la eternidad. Hicieron bajar al sol, vertió con más fuerza su cauce el río, enmudecieron los hombres que la habitan.

Entre las montañas desanda una mujer afortunada. Una que se hizo grande y volvió a su raíz, y hasta esa mañana de luto cuando el sol, el río y los hombres lloraron, le mencionaba a él como quien evoca a un padre en su sabiduría.

Eslinda Orozco Moreno conoció a Fidel, y no solo le conoció, sino que durante los 17 años que formó parte del Parlamento cubano, siendo delegada del Consejo Popular Camilo Cienfuegos, le tuvo tan cerca como a quien tiene a un amigo, al propio padre.

“Para mí que estuve sentada detrás de su asiento prácticamente cinco años, mientras fui miembro del Consejo de Estado, ha sido como la pérdida de mi madre, de mi hermano cuando murió en la Lucha Contra Bandidos”.

Eslinda estalla, no contiene sus lágrimas. Sufre.

“He perdido a uno de los seres más queridos que he tenido en mi vida. Él me acogió como a una hija, estuvo preocupado por mí, por mi familia, por los momentos difíciles que pasamos en el período especial, al tanto de las dificultades que teníamos. Fidel era un hombre admirable, sencillo, honesto”.

Junto a otros de la comunidad, Eslinda hizo guardia de honor al Comandante, le miró hondo en su poce gallarda, y acompañó las flores hasta la escuela primaria del Consejo, depositándolas ante el Apóstol.

Esa guajira que apretó su mano le lleva dentro, mas una convicción consoladora le acompaña.

“Fidel se nos fue físicamente, pero en nosotros quedará por siempre su obra y su dignidad; su heroísmo, y la confianza de que seguiremos defendiendo siempre, todo aquello que él consideró justo, y por lo cual luchó”.

El Guamuhaya ya no está de negro, otra vez brilla el sol, y el cauce del río no vierte más de lo habitual. Solo el eco profundo de su espíritu se ha agrietado, y sangra. Esas lomas que se forjaron como suyas, que parieron escuelas, consultorios, que han fructificado en vidas, son hoy parte de los senderos que Fidel cabalga.

Escrito por Yoley Santana González.

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