El más fiel amigo: El perro roñoso

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Escrito por José Agustín Bayolo Toledo.

Llevaba varios días buscando hierba para alimentar los conejos, cuando dio con el sitio apropiado. En la calle de Arango, tras la cerca del ferrocarril, había una vieja casa en ruinas y una mata de mangos, en cuyo tronco permanecía un perro fuertemente amarrado. Era un animal de raza indefinida y muy robusto. El solar que rodeaba la vivienda estaba cubierto de hierbas tiernas y jugosas. El dueño le iba a agradecer que le chapeara el patio. El perro ni le miró. Una mujer que pasó por el lugar, le comentó:

– Señor, tenga mucho cuidado, no se confíe del perro, que es una verdadera fiera.

No prestó crédito a tales palabras y expresó:

– Le agradezco la preocupación, pero está  bien amarrado.

Volvió al sitio y decidió tocar a la puerta. En cuanto el perro lo sintió llegar, comenzó a ladrar.

El toque estimuló aún más los ladridos. Fue entonces que le respondieron:

– ¡Ya va, un momento!

La persona abrió con gesto interrogante:

– Perdóneme Ud., fui yo quien cortó la hierba el otro día; deseo me disculpe, dijo al dueño, quien le respondió:

– No hay problema, pero por curiosidad, ¿cómo le fue con el perro?

– Ni me miró. ¿Podría terminar el corte?, le preguntó.

– ¡Si no le teme al perro…! Y allá fue en busca del alimento de sus conejos.

La mata estaba llena de mangos. Entonces vio por primera vez a los niños. Tendrían unos diez años a lo sumo y eran dos típicos muchachos callejeros. Entraron por el tramo donde la cerca estaba rota. El más pequeño se paró frente al can y comenzó a cuquearlo; fue cuando se despertó y se convirtió en una fiera, lanzándose sobre el atrevido infante. Pensó que rompería la correa. El otro chico se dirigió hacia el tronco del árbol donde tenían atado al animal y con movimientos precisos, logró alcanzar una rama alta. El can se percató del juego; había sido engañado y se volvió como loco. Entonces, el pequeño volvió hasta donde estaba el perro para que su amigo pudiera bajar del árbol.  Al percatarse de las travesuras de aquellos muchachos, les llamó la atención:

– Están jugando con candela, ese perro los va a morder.

– No se preocupe señor, ese perro es bobo. El chico ya había recogido los mangos y los tenía en una jaba; mientras se comía uno, el mayor de los dos tomó el bulto y se marcharon.

El dueño estaba en la casa y le brindó café.  Él le alabó el can:

– Se ve que es un buen perro, debe ser un verdadero guardián.

– Ni lo crea, hace poco entraron aquí y me robaron. Se trata de conocidos que le dan de comer.

Le pareció que el viejo no era de fiar. Decidió marchase y no volver más por allí. Recogió en uno de los sacos lo que ya había cortado, hasta que estuvo lleno. En el suelo todavía quedaba hierba, por eso quiso recogerla toda. Detuvo un instante el corte cuando lo vio venir a su encuentro; gruñía de forma descompuesta y mostraba los dientes en expresión de ferocidad. Casi lo tenía encima cuando tomó el saco lleno con las dos manos y lo colocó como escudo entre él y el enfurecido animal, que lo atacó sin vacilar:

– ¡Viejo, el perro…! ¡Llama al perro, que se soltó!  Pero el dueño no aparecía ni llamaba al animal. Comenzó a retirarse hacia atrás con el perro prendido al saco, llegó hasta las columnas de la cerca y con un movimiento rápido, le propinó un fuerte golpe en la cabeza. El animal cayó al suelo. Fue entonces cuando salió el viejo gritando:

– ¡Me has matado al perro! Lo había soltado a propósito.

Con voz alterada le espetó:

– Lamentablemente solo está atontado, debiera matarlo ahora, pero ni Ud. ni el perro valen la pena. Le voy a dar un consejo, tenga cuidado no muerda a un muchacho, dijo mientras le daba la espalda. Tomó los sacos, vació la hierba que contenían y se marchó. El viejo le observó y se acercó al perro que se estaba moviendo.

Mientras se alejaba, vinieron de nuevo a su mente las palabras de aquella mujer:

– Señor, tenga mucho cuidado, no se confíe del perro que es una verdadera fiera.

4 Comentarios

  1. No estoy a favor de que se maten a estos animales indiscriminadamente, que al final cuando muerden y atacan no lo hacen por maldad sino por instinto y muchas veces han desarrollado estos comportamientos debido a haberse criado salvajes en las calles y solares en la ciudad, y en la manigua en los montes y eso desarrolla su parte más raigal y violenta… Pero sí creo que hay que hacer una recogida en todos los pueblos y ciudades de Cuba y no sé si exista una legislación al respecto, pero igual casi sería por gusto pues acá muchas cosas están y solo quedan para el papel pues en la práctica no hay como ponerlas en práctica.

  2. Muy a tener en cuenta también es el lamentable hecho de que últimamente hay personas que se han dedicado a colocar veneno en alimentos en las calles y además vidrio machacado dentro de estos alimentos para matar a los perros y gatos callejeros, victima de esto también son los perros de los hogares que solo salen de vez en cuando a hacer sus necesidades, un ejemplo claro fue hace solo unas semanas mi perro que iba a cumplir próximamente 6 años y fue victima de una de estas carnes envenenadas y en menos de 24 h ya estaba muerto y fue increíble cuando descubrimos que fue por esta causa…es increíble que haya personas que tengan el corazón de hacerle esto a los pobres animalitos..

  3. Los perros en las ciudades son responsabilidad nuestra, lo queramos o no. No pasa igual con los jíbaros, que se adaptaron a las condiciones de los arrabales y montes; en ellos conviven con otros animales.
    En las ciudades “los otros” animales somos nosotros. Al no crear normas para regular sus comportamientos, entre ellas dígase, perreras o guarderías para el cuidado de los canes callejeros, se forma el caos.
    En las áreas rurales no se nota tanto el problema, pero en las urbes sí, debido a la enorme cantidad de personas que circulan por las calles a todas horas.

  4. Mete miedo esta crónica, sobre todo porque es muestra de una realidad que existe en todas nuestras ciudades y pueblos de campo. Yo mismo termino de trabajar tarde en la madrugada y de regreso a casa tengo que pasar por varias casas en las que me salen a ladra perros agresivamente. Hasta ahora no me han mordido, pero han estado casi a punto. Tengo que armarme de un palo para así amenazarles y he pasado más de un susto pues llegan a ser a veces hasta 6 o 7 perros…. En nuestro país por las condiciones económicas en que vivimos no se puede exigir que existan regulaciones como en algunos países desarrollados donde se exigen que mantengan bien vacunados, amarrados y contenidos dentro de los patios y casas. Pero al menos sí pudiesen estar amarrados y además se debería exigir esterilización de las perras, para evitar los perros callejeros que pueden llegar a ser peligrosos. En esto juega un papel fundamental la indolencia de muchos dueños de mascotas quienes prefieren tenerles sueltos y “al pelete”, y se olvidan que los mismo un niño o una persona mayor puede ser mordida. Yo que quería a los perros he llegado a odiarles debido a que cada noche siempre tengo que aguantar los ladridos y los amagos de mordida de los canes jodedores.

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