El lenguaje de las flores: la anémona y el viento | 5 de Septiembre.
mié. Nov 13th, 2019

El lenguaje de las flores: la anémona y el viento

Variedad de colores y belleza. /Foto: Tomada de Internet

Cuenta la mitología griega que la flor de la anémona adquirió su color de la sangre manada del costado de Adonis divinidad de origen sirio incorporada como personaje al panteón helénico—, muerto por los colmillos de un jabalí, según una de las varias leyendas que envuelven esta historia.

En la región de Fenicia y Judea, de donde también se dice es originario el mito, el nombre significa “flor del viento” y le pertenece a la diosa Venus, a la cual se consagraba. Pero la mística no queda ahí. En el Egipto antiguo la anémona era representado en los jeroglíficos.

Creencias llegadas hasta nuestros días hablan de utilizar las hojas de la planta en bolsitas como talismanes eróticos, mientras no faltan creencias supersticiosas que le atribuyen  bondades que permiten afianzar las relaciones de amor, las de amistad y conseguir nuevos amigos. Para tales fines, dicen, se debe escribir sobre un pergamino virgen la palabra MEHOH con el jugo extraído de pétalos de anémona macerados en alcohol. El documento con la escritura debe llevarse encima y ser renovado cada año.

No faltan quienes le atribuyen propiedades esotéricas, cuando afirman que en sahumerios la flor favorece la intuición y comunica con el mundo de los espíritus.

En el lenguaje de las flores el nombre de la planta significa inestabilidad. Luego, resulta curioso y hasta extraño que muchos la aconsejen apropiada para el ramo de novia.

La ciencia por medio

La anémona, o anemone, es un género con unas 120 especies de plantas, perteneciente a la familia de las Ranunculaceae que se encuentran distribuida en las zonas templadas de ambos hemisferios del planeta. Está estrechamente relacionado con los géneros, Pulsatilla y Hepatica.

La anémona fue llevada a finales del siglo XVII a Europa por un botánico francés llamado Bachelier, después de un viaje a Constantinopla, donde conoció la planta. En lugar de compartir su descubrimiento, el noble la cultivó celosamente en su jardín hasta que un día, un personaje de la Corte de visita en su casa, logró robarle algunas semillas y sembrarla en su parcela.

Enseguida la roja flor causó furor entre los cortesanos, quienes comenzaron a multiplicarla y a reproducir híbridos de esta flor en diferentes distritos y provincias de Francia, siendo las más famosas las de Caen y Bayeux. El rojo primigenio derivó en una gama varietal de colores que incluyen anémonas en rojo, rosa, púrpura, azul y blanco. Sin embargo, el color más común es el rojo originario.

Es por ello que la mayoría de las especies son muy utilizadas en los jardines, sobre todo en los de fines paisajísticos, donde forman praderas espectaculares durante la floración. Entre las más conocidas y populares se encuentra la Anemone coronaria, frecuentemente llamada anémona amapola, una planta de raíces tuberosas, con hojas divididas parecidas a las del perejil, y grandes flores semejantes a amapolas.

Los frutos, por su parte, presentan frecuentemente unos estilos largos y peludos (vilanos), que les permite su distribución por el viento.Y por áreas rodeadas de la misma flor.

Según consejos de abuelos, con los pétalos de esta flor se prepara un aceite de propiedades balsámicas, excelente para tratar el dolor de las articulaciones.

Si quieres tenerla

Entre las recomendaciones para el cultivo de la anémona cuenta que se prefiere sembrarla en suelo arcilloso, enriquecido con abono bien descompuesto, que debe estar suelto debajo de los tubérculos. En canteros se consiguen fácilmente a partir del plantado de semillas.

Es aconsejable la luz, en períodos desde semisombra a umbrío, con luz solar directa durante las mañanas. En cuanto a la temperatura, tener en cuenta que esta planta se desarrolla mejor en una atmósfera húmeda.

A la hora de la siembra debe velarse porque los pequeños bulbos se planten a 5 centímetros de profundidad a mediados de otoño, en la tierra del jardín o en macetas para poder entrarlas en casa cuando empiecen a florecer.

Es aconsejable efectuar el riego frecuentemente, incluso a diario pero sin mucha abundancia, pues lo importante es lograr que el suelo esté constantemente fresco, pero no impregnado de agua. Nunca debe estar muy seca. Al cabo de algunos años se deben reemplazar los tubérculos, ya que tienden a debilitarse. Y tener presente que la multiplicación puede ser mediante división de los rizomas o también por semillas.

Una de las atracciones es su facilidad para reproducirse en macetas. Es una flor que resiste bastante bien en el balcón, la terraza y el jardín, incluso en invierno, si quien la cultiva está en una zona no muy fría. De todas formas se debe procurar proteger la planta de las heladas y de las temperaturas extremas. Si vas a plantarla en el jardín, procura que el suelo tenga buen drenaje. Las anémonas son plantas resistentes a plagas y enfermedades, salvo a pulgones y caracoles.

Del nombre y el simbolismo

La anémona japonesa. /Foto: Internet

La anémona es propia del sur de Europa y Asia y existen varias leyendas y teorías sobre cómo recibió su nombre.

La primera de ellas sostiene que el nombre de anémona proviene de la palabra griega anemos, que significa viento, y hace referencia a cómo las semillas de esta flor son esponjosas y se propagan por el aire.

La anémona es una flor de lo más romántica pues significa “Me gustaría estar contigo”. Representa la expectativa, la consideración y la honestidad. Sin duda, no hay mejor forma de declararnos a una mujer o decirle a nuestra pareja cuánto la amamos, que acompañando nuestras flores con una bonita historia como esta.

De vuelta a la leyenda

Otra de las leyendas de la anémona nos demuestra que todas las personas podemos sufrir celos, despecho y hasta llegar a mostrar nuestra mayor crueldad son los demás simplemente por no haber conseguido el amor que tanto deseamos porque no hemos sido correspondidos. Afortunadamente nuestra historia tiene un final feliz.

Cuentan que en un jardín vivía la Ninfa de las Flores, llamada Cloris. Céfiro, el Espíritu del Viento de Occidente, solía visitar este vergel para poder verla porque estaba enamorado de ella. Para su desgracia, la ninfa no paraba de reírse de él y ponerle las cosas difíciles. Sin embargo, Céfiro no se rendía y seguía yendo hasta el jardín con la esperanza de conquistarla.

En el sitio paradisíaco, además de Cloris, vivían otras ninfas. Una de ellas, llamada Anémona, era muy bella, más joven que Cloris y con un carácter lleno de pureza y dulzura. Ante la indiferencia y malas formas que le profería su amada, Céfiro fue poco a poco interesándose por Anémona.

Cuando Cloris se enteró, comenzó a sentir celos de que ella. Por este motivo, decidió apartarla de su lado y echarla del jardín al bosque para que muriera o fuera asesinada por las bestias que poblaban el lugar. De esta manera, ella sería la única que enamoraría a Céfiro, a quien contó una sarta de mentiras para justificar la ausencia de su rival cuando el Espíritu del Viento de Occidente volvió a visitar el vergel.

Empero, ello no impidió que Céfiro siguiera prendado de Anémona, a quien encontró malherida y a punto de morir mientras paseaba un día por el bosque. Cuenta la leyenda que el enamorado recogió el cuerpo de la ninfa amada y la protegió con delicadeza convirtiéndola en una bella flor de color blanco, como las que crecen al pie de los árboles al llegar la primavera.

De ahí que la anémona signifique “hija del viento”. Y aunque pueda parecer una flor sencilla y de poco valor, es la representación del sentimiento más puro entre dos personas que se aman pero que no han podido seguir juntas. Simbolizando que el amor puede llegar a ser muy intenso, pero también frágil, momentáneo y verse amenazado. ¿Quién no ha vivido sentimientos parecidos alguna vez en su vida?

Obviamente, aunque se trata de una leyenda muy bella, todos sabemos que las ninfas no existen y que la historia no es real. Sin embargo, gracias a ella, estas sencillas pero preciosas flores han adquirido un protagonismo que, de otra forma, probablemente no habrían tenido. Con lo cual, se habrían convertido en un ejemplar más con el que decorar nuestra terraza o balcón.

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