El juicio contra Fidel y un alegato para la historia

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Obra de Pablo Toscano Mora, pintor nacido en Villa Clara en 1940. La pintura refleja momentos del juicio a Fidel Castro por los sucesos del Moncada, y se expone en el hospital Calixto García de la capital cubana. /Imagen tomada del blog Cuba Historia

Pretextando una inexistente enfermedad de Fidel Castro, el régimen de Batista separó de las sesiones del juicio por los sucesos del Moncada, al líder de esa gesta, Fidel Castro Ruz. Entonces el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba lo juzgó aparte, el 16 de octubre de 1953, en un saloncito de estudio de las enfermeras del viejo hospital civil santiaguero Saturnino Lora.

El tribunal, los soldados numerosos y el escaso p√ļblico que permitieron entrar, algunas enfermeras y la periodista reci√©n graduada Marta Rojas, fueron los √ļnicos privilegiados que escucharon la autodefensa y programa que Fidel pronunci√≥ este d√≠a memorable.

Pero all√≠, en ese recinto, los jueces y soldados tuvieron que soportar desde el inicio la iron√≠a punzante del acusado-acusador que de entrada coment√≥: “Parece que la justicia est√° enferma, por el lugar en que se me juzga”.

Se le ha preguntado a la periodista Marta Rojas qué impresión le causó Fidel Castro en ese juicio histórico y ella ha respondido así:

“El alegato de Fidel fue escuchado con evidente respeto y visible emoci√≥n por los magistrados del Tribunal, por los numerosos soldados de la dictadura, algunas enfermeras y otros pocos presentes all√≠. Fidel se ve√≠a impresionante ante el Tribunal que lo juzg√≥, pese a la toga ra√≠da que le dieron para ese acto en que actuaba como su propio defensor. La toga estaba descosida por una boca-manga y con cada gesto en√©rgico que Fidel hac√≠a cuando hablaba segu√≠a descosi√©ndose m√°s. Pero todos lo escuchaban callados, asombrados que alguien estuviera acusando al tirano all√≠, custodiado por tantos soldados armados, jam√°s hab√≠an escuchado decir a un hombre semejantes cosas ante un Tribunal que sab√≠a plegado al d√©spota‚ÄĚ.

La reportera Marta Roja precisa: “No era el tono de la voz de Fidel, que era mesurado, ni el √©nfasis en determinados momentos, sino que, rodeado de guardias agresivos, todos escuchaban arrobados a aquel que hab√≠a organizado el arriesgado asalto al cuartel y lo dec√≠a y justificaba los actos con sincero patriotismo. Nunca nadie se hab√≠a atrevido a decir tantas verdades juntas, y eso los paralizaba, porque eran irrebatibles sus alegatos. Eran palabras tan sinceras, apasionadas, did√°cticas, convincentes, emotivas, que esas verdades los aplastaba”.

En esa salita del hospital santiaguero continuaba aquel combate del d√≠a 26 de julio y tuvo se√Īalada victoria moral sobre la tiran√≠a. La autodefensa y explicaci√≥n del Programa del Movimiento Revolucionario, que desde entonces se llam√≥ 26 de Julio, pronunciada por Fidel Castro un d√≠a como hoy, hace 64 a√Īos ante el Tribunal que lo juzgaba, se conoce hist√≥ricamente como La historia me absolver√°, por las palabras finales del alegato, que cerr√≥ diciendo: “Condenadme, no importa, la historia me absolver√°”.

Los historiadores lo han considerado el documento m√°s trascendente de todo el per√≠odo seudo-republicano y result√≥ un arma eficaz, de √≠ndole pol√≠tico-ideol√≥gica, para la lucha posterior y el programa del porvenir de Cuba que, por cierto, fue cumplido cabalmente y hasta superado. Ese texto fue reescrito posteriormente en la c√°rcel por Fidel, all√° en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, de donde fue sacado clandestinamente, pliego a pliego, e impreso y distribuido en esas condiciones por toda la Isla por las hero√≠nas del Moncada, Haydee Santamar√≠a y la crucense Melba Hern√°ndez junto con otros compa√Īeros.

En aquel saloncito tambi√©n fue juzgado el cienfueguero, nacido en el barrio de Pueblo Griffo en esta ciudad, Abelardo Crespo Arias, hijo y nieto de mambises, que no hab√≠a podido ser juzgado junto con los dem√°s, por su estado de gravedad a√ļn, por la herida de bala de fusil calibre 30,06 en un pulm√≥n, que recibi√≥ en el asalto a la segunda fortaleza militar del pa√≠s, el cuartel Moncada. Perido el factor sorpresa, cuando ya iban de retirada, el propio Fidel lo sac√≥ del lugar, lo mont√≥ en el auto que us√≥ aquel d√≠a y lo llev√≥ a curar, s√≥lo entonces sali√≥ de Santiago.

La periodista Marta Rojas, que nunca antes hab√≠a conocido a Fidel ha confesado: “Cuando yo escuch√© ese alegato y la enumeraci√≥n del Programa del Moncada, lo consider√© una quimera. No pod√≠a imaginar que apenas seis a√Īos despu√©s, todo fuera realidad, y m√°s”.

La periodista Marta Rojas, entonces recién graduada, fue testigo excepcional del histórico juicio a Fidel Castro. En esta foto de 2016, la cronista del Moncada relee sus originales escritos en 1953. /Foto: Vicente Brito (Escambray)

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