El jardín de Rosales | 5 de Septiembre.
vie. Jul 19th, 2019

El jardín de Rosales

El hombre regresó a la capilla funeraria desconsolado. Por mucha gestión, no había podido colmar de coronas a su difunta madre como ella lo merecía. Apenas unos arreglos florales pudo conseguir dada la precaria situación de tales ofrendas en aquella época del año.

La anécdota, aunque hipotética, no distaba mucho de la realidad hace algún tiempo atrás en el municipio de Cienfuegos. Hoy el panorama se torna distinto, en buena medida gracias a la entrega, literalmente hablando,  de Alberto Rosales Coto y su familia, tras la consolidación de la finca La Mariposa, ubicada en la periferia de la ciudad capital.

“Comencé en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Dionisio San Román  atendiendo un vivero —cuenta Rosales— y al poco tiempo las autoridades del Gobierno me pidieron, además,  fomentar un jardín de flores para atenuar el déficit  de ese tipo de plantas, sobre todo destinadas a la florería de Comunales”.

Con tal fin, le entregaron en usufructo 6,8 hectáreas, gracias al Decreto Ley 300, en lo que antes era un terreno baldío plagado de basura,  marabú y otros arbustos indeseados.

Ahora bien, “desde el principio prevaleció la idea del policultivo,  así que en el área están intercaladas las plantaciones de rosas, girasoles, cajigales,  terciopelo, margaritas, azucenas, mariposas y otras especies, con mameyes y mangos  injertados;  guanábanas, cocoteros y aguacate escalonado por calles para cosechar todo el año y otros frutales”, precisa el pequeño agricultor.

SOLUCIONES A PIE DE SURCO

Una vez desbrozado el terreno, el déficit de agua ponía el principal obstáculo para el futuro de la finca. Verdad era que cerca corría el arroyo El Inglés, pero contaminado como estaba se hacía prácticamente imposible aprovechar ese recurso hídrico para el regadío.

“En definitiva —detalla Rosales— la solución llegó con la construcción de un pozo y la electrificación del lugar para instalar una motobomba. A la ejecución del proyecto favoreció la gestión de la cooperativa y la Delegación provincial de la Agricultura”.

Sin embargo, no bastaba con disponer del líquido, resultaba imprescindible contar con un sistema de riego. Tal vez la asignación por la vía estatal podría demorar meses y hasta años, así que debía ponerse  a funcionar el ingenio criollo  y revolver las neuronas, y después de varias noches de insomnio a Alberto se le ocurrió la feliz idea.

Entonces, hubo de recurrir a experimentados octogenarios e implicarlos en la fabricación de  plantillas y fundición de las boquillas, nudos y otros aditamentos necesarios y adaptados al tipo de mangueras plásticas de 2 pulgadas de diámetro y aspersores  de disímiles facturas.

Valdría la pena extender esta experiencia a otras unidades productoras agrícolas afiliadas a  la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), no solo por la solución práctica y el ahorro de recursos importados, sino también  por la eficiencia en la irrigación de los sembrados.

DE TAL PALO…

Cuando era un muchachón Alberto Rosales quiso buscar otros horizontes ajenos a la tradición familiar de arraigo a la tierra en la zona de Santa Rosa, en el municipio de Rodas, donde nació y realizó sus primeras correría infantiles. Sin embargo, con apenas ocho años estuvo becado hasta completar los estudios superiores en licenciatura de Educación Física.

Pero como él mismo sostiene, la cabra siempre tira al monte, y aun cuando su trabajo era la docencia, dedicaba tiempo al cultivo de plantas ornamentales en el patio de la casa. Luego surgió el propósito de la construcción de un vivero en la llamada Primera de Tulipán, el mismo donde hoy crecen unas 50 mil posturas de diferentes especies de flores, maderables  y frutales, destinados, entre otros, fines a la reposición del arbolado de la ciudad.

“¿Conocimientos teóricos sobre esta rama agrícola? Ninguno. Pero soy del criterio que de grandes retos salen  grandes ideas. En el camino he ido aprendiendo el manejo de cada cultivo y toda la bibliografía que cae en mis manos sobre la materia, la aprovecho bien”, confiesa.

Por lo pronto, en “La Mariposa”, confían en garantizar buena parte de las flores para el venidero Día de las Madres en la cabecera provincial. Con ese propósito ya están en desarrollo las variedades más acordes con la efeméride. El pasado año entregaron unas 60 mil docenas de rosas exclusivamente y tienen el compromiso productivo de acopiar entre 200 a 300 docenas de unidades diariamente.

Nada, por esas coincidencias de la vida, Alberto Rosales hace gala de su apellido.

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