El internacionalista Henry Reeve | 5 de Septiembre.
lun. Oct 21st, 2019

El 4 de abril de 1852 nació en Nueva York, Henry Reeve, apodado en Cuba “El Inglesito”, pese a ser norteamericano. El 4 de agosto de 1876, en la sabana de Yaguaramas, cayó,  a los 4 meses de cumplir sus 24 años.

Era empleado de un banco en su ciudad natal, pero supo de la lucha que libraban los cubanos por libertar a su Patria y se determinó venir a ayudarlos. Llegó a nuestras costas con 19 años de edad, en la expedición del vapor “Perrit” traída por su coterráneo General Thomas Jordan y desde ese momento su vida fue como una odisea extraordinaria que la historia real no puede olvidar.

Fueron sorprendidos por una fuerza española cuando estaban desembarcando y capturaron a varios expedicionarios, entre ellos a Reeve, y a todos los fusilaron. Los dejaron tendidos en el campo y se marcharon. Horas después Reeve, que solo estaba desmayado y herido, despertó y emergió de entre los muertos y comenzó a andar por un lugar totalmente desconocido, sin conocer el idioma, con heridas importantes, con sed, hambre y cansancio extremo. A los tres o cuatro días fue hallado por una patrulla mambisa. Como no se entendían, le preguntaron qué idioma era ese que hablaba y cuando logró entenderlo dijo que English, y por fin sus salvadores supieron que era idioma inglés. Como era joven y delgado, lo llamaron ya para siempre “El Inglesito”, y lo llevaron ante el Mayor General Ignacio Agramonte. Junto a él realizará las acciones guerrilleras más extraordinarias que lo hacen merecedor de sucesivos ascensos y en marzo de 1870 queda al mando de la famosa caballería agramontina. Junto al Mayor, realiza el rescate de Sanguily que la Historia resalta.

A la muerte de Agramonte, Reeve pasa a las órdenes del Generalísimo Máximo Gómez, que enseguida aprecia las dotes militares del llamado “inglesito”, aunque era norteamericano. Lo asciende hasta que llega a General de Brigada. En 1873 cuando Reeve va a tomar un cañón del enemigo, la bala de esa arma lo hiere en una pierna, inutilizándosela. Sobrevive, pero  no podrá nunca más montar a caballo normalmente, pero se fabrica un arnés especial con el que queda amarrado al caballo, y así vuelve a dirigir en primera fila sus famosas cargas al machete, encabezando a sus hombres que lo adoran. Gómez le asigna la jefatura de la Segunda División de Cienfuegos y Occidente, para ser la vanguardia de la Invasión de la Isla hacia occidente.

El 4 de agosto de 1876 cerca de Yaguaramas, en plena sabana, una gran fuerza española lo envuelve. Dispone que su tropa retroceda y continúe, y se queda con 15 hombres para guardarles la retirada. Reeve recibe cuatro balazos y así continúa peleando, pero entonces le matan el caballo que se desploma, y Reeve queda amarrado a él, imposibilitado de moverse. Su ayudante, el bravo comandante Rosendo García trató de zafarlo y retirarlo, pero Reeve se lo impidió, para que salvara su vida y le ordenó marcharse. Se parapeta tras la bestia y agota sus municiones. Cuando un soldado enemigo trata de aproximarse para ultimarlo, Reeve parte su machete en la cabeza del hispano. Y ante la inminencia de su captura se dispara en la sien derecha su última bala. Le había entregado los siete mejores años de su juventud a la libertad de Cuba.

Los españoles exhibieron su cadáver en Colón y en Cienfuegos, como un trofeo. Fue enterrado en el cementerio de Reina, en Cienfuegos, en una fosa común no identificada y allí reposa. Fue un representante de lo mejor del pueblo norteamericano y fue un internacionalista de corazón. Por eso la Brigada Médica Cubana que tantos servicios ha prestado en pueblos del mundo lleva su nombre glorioso: “Henry Reeve, el Inglesito”.

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