“El futuro del cine está en Cuba, por nuestra reserva de historias que contar”

El cineasta Jorge Luis Sánchez es un creador abrazado con fervor a la máxima carpenteriana “yo nada espero de los que nada esperan”. Se aferra como peca al cachete a la esperanza, al evangelio de las buenas nuevas posibilidades futuras para el realizador nacional. Lucubra, fermenta ideas y pasiones, traza nortes de acción intelectual guiado por una brújula personal que no se desmarca de las coordenadas de su altura ética y su compromiso para con el desarrollo de una cinematografía con la cual balbuceó, caminó y crece. No me atrevo a decir maduró, porque él mismo no lo cree y no me lo perdonaría, en tanto se considera un realizador en constante etapa de aprendizaje.

Es Jorge Luis un tipo polemizador y alguien que desbroza a pulmón limpio los yerbajos de todo cuanto hieda a abúlico, conservador, plúmbeo, retórico o baladí. Una persona que vive para su cine, pero es capaz de hacerlo aguardar para favorecer el de otros. Un ser humano nunca ahíto de ganas; quien añora que Obama venza en las elecciones y que las tensiones se distiendan, que florezca la diversidad y tengan doble circulación las calles de una sola vía del reductivismo y la cerrazón de miras. De esa clase de persona que desdeña el fiambre de lo efímero por la enjundia de lo trascendente o perdurable, solo apreciable a largo plazo -la “prospectiva”-, para decirlo con palabras de la profesora del Amarcord felliniano.

Este hombre, como plus, se convierte en un entrevistador deseado por cualquier periodista: no solo por sus cualidades comunicativas, sino además por los relámpagos de energía que se desprenden de su verbo, su optimismo congénito, los desbordes lúdricos e irónicos, su cruce de espadas con el entrevistador, la convicción en el decir y la apertura de su imaginación para otear escenarios de certezas que a otros -seguramente de talante más pesimista que no compartimos algunas de sus apreciaciones- aun no nos resulta dable configurar en la visión.

Con abnegación casi bíblica, estuvo más de una década perseverando para hacer El Benny, su primer y aplaudido largo de ficción: ese opus inicial que supone el espaldarazo moral e intelectual clave para un cineasta, sobre cuyo significado el realizador taiwanés Ang Lee reflexionara: “por lo extraordinariamente difícil y extenuante que en todo orden resulta, a cualquier persona que consiga terminar una primera película debe respetársele”. A él se deben también notables aportes a nuestra documentalística.

De su obra, de la pantalla nacional y otros temas conversamos con Jorge Luis Sánchez, en esta entrevista para Cinco de Septiembre digital:

Godard manifestó recientemente al semanario alemán Die Zeit que debió robar en más de una oportunidad para financiar sus películas; e incluso hasta alguna de un amigo. ¿A cuánto sacrificio serías capaz de llegar por tu cine?

“Mis años de vida, quizás también los de la mayoría de mis colegas que hacen cine cubano, se miden de cinco en cinco, de siete en siete, de diez en diez. Mis sacrificios andan por ahí. Es decir, entregar todas esas cantidades de años a la anestesia que me mantiene ilusionado con que podré hacer los filmes. Solamente una gran pasión, mística, fe, no sé… puede hacer posible contemplar como te pasan los años; y, en oposición, la perseverante idea de que mis guiones -bueno, una parte de ellos-, no se irán conmigo al otro mundo.

“Se me fueron los treinta y hasta los cuarenta. Soy un guerrero y no me gusta echar las guerras para perderlas. Otras formas de realización personal pueden terminar con el monopolio de la anestesia inmovilizadora. Ya las he probado”.

Fidelio Ponce de León, Julián del Casal y Benny Moré son tres grandes figuras que no solo las entrelaza su dimensión. También conocieron de contrariedades, soledad, pobreza, infelicidad. Te has interesado por las tres.

“Habría que agregar a Titón y a Elena Burke. A ellos, a diferencia de los que mencionas, tuve el extraordinario privilegio de filmarlos en vida. Para el primero bastó solamente una pregunta que desatara la estructura de lo que filmé posteriormente. Los cinco son columnas que complejizaron, para bien, el rostro de nuestra identidad. La alegría, la soledad, la frivolidad, la verticalidad, el dolor, la tragedia, la marginalidad y el nihilismo que sustentaron sus vidas, son como capas de la vida de la nación cubana. Todos, aunque fueron diferentes, convergen en el espejo donde me he podido escrutar y a la vez, crecer. Si alguna vez encuentro cómo expresarlo, me interesaría Villena. Eso de despreciar sus versos, hace años que me trae bien inquieto.

El director de la aplaudida El Benny prepara ahora una serie documental sobre la vida del Bárbaro del Ritmo, con filmaciones en Lajas. Esta serie será sobre el Benny que fue, pero contado por familiares y amigos, a través de esta el público accederá a zonas poco conocidas de nuestro Sonero Mayor.

Tengo entendido que, con parte del material sobrante de El Benny y nuevas filmaciones, acometes una serie documental en torno al Bárbaro del Ritmo.

“Durante la prefilmación tuve a Javier Labrador y a Jorge Proenza, que filmaron paralelamente a la película, a muchísimas personalidades asociadas a Benny, desde amigos hasta familiares. En la postproducción, durante las semanas que estuve en México con Pepe Riera filmé lugares y personalidades muy vinculadas a Benny. Una pequeña parte de esas filmaciones hicieron posible los varios bonus track que están en el DVD. Pero me quedan casi cien horas, las que emplearé en una serie documental de cinco, seis capítulos. Si el filme es el Benny que fue, pero que pudo haber sido, esta serie será sobre el Benny que fue, pero contado por familiares y amigos, a través de esta el público accederá a zonas poco conocidas de nuestro Sonero Mayor. Ojalá que pueda tenerla lista para estrenarla en el próximo Festival de Música Benny Moré, en el 2009, cuando él cumpliría 90 años.

¿En qué estado se encuentra tu proyecto de ficción sobre Julián del Casal?

“Me siento con mucha frustración cuando tengo que hablar de este guión, porque para mantener esa anestesia de la que te hablé antes, me he visto tocar puertas en cinematografías extranjeras, aparentemente sordas. Y no es pudor, menos chovinismo, sino pérdida de tiempo, por que son más años sumados al vacío sin esperanza de salir vencedor, según escribió el propio Casal. ¿A quién pudiera interesarle más que a la Cultura Cubana, la producción de este filme? Te hablo de un guión escrito en 1991, mención especial en el concurso de guiones inéditos en 2000 y aprobado por el ICAIC”.

Labraste El Benny, que he valorado en algún texto como la biopic más redonda germinada por el cine cubano de ficción en su historia. ¿Cuál es el alfa y la omega del género, cuáles escollos debe salvar y de qué le resulta imposible prescindir?

“Sería muy presuntuoso hablarte de alfas y omegas. Me parece que en el cine nada está inventado, pero todo está inventado. Dentro de esa tensión de contrarios imagino el cine que quiero hacer; No aburrir, que mis conflictos cubanos, más que entendidos, sean disfrutados hasta por los noruegos y que el espectador salga de ver mis filmes con la cabeza mala, pensando”.

Con El Fanguito fuiste uno de los autores nacionales que mayor legitimidad y autenticidad alcanzó en el abordaje de los intersticios del fenómeno marginal. Creo, en cambio, que cierto segmento del audiovisual cubano (específicamente hablo de determinados video clips) lo ha rebajado a la categoría de espectáculo de feria, o cuando más a una expresión festinada que se avenga con los intereses de un mercado con una visión preconcebida al respecto. ¿Qué opinión te merece el tema?

“Los clips no me los tomo demasiado en serio, los he hecho y parten de premisas comerciales, de imagen e intereses mediáticos. Es decir, usted filma para promover o vender un disco, o la imagen de un cantante; aunque cierto crítico se ufane en buscarles densidades filosóficas, estéticas y no se cuántas babadas más. Es como si Lezama le hubiera dedicado un minuto de su existencia a hacer la exégesis de los murales. La cultura de un país no la exalta -menos la minimiza-, la probable calidad estética de un clip. En todo caso habría que preguntarle a la Cámara de Comercio de Cuba, o al Ministerio de Educación. Acepto que un crítico señale eso mismo que criticas tú, pero hasta ahí. Las neuronas hay que dejarlas para abrir vías de verdad”.

En el momento de tu carrera en que arribas al anhelado campo de la ficción, ¿no supone una contradicción que, en tus lecturas, te intereses menos por la novela -como expresaras recientemente- y comiences a mostrar predilección por los ensayos y otras formas de expresión literarias no ficticias?

“Es muy interesante tu observación, pero como para mi es una elección orgánica, no lo veo como una contradicción. Los guiones que he escrito nacen inspirados en las experiencias de la vida. En algún momento de relativa crisis creativa, me compré un montón de libros de narradores cubanos, cuentos, novelas, por ahí están, y no quiero decir que sean inútiles, pero nada me sacudió para adaptar. Después de leer los libros de Titón, Alfredo y Julio, te puedo decir que por ahí, en algún rincón del cerebro, hay una semilla, que si tengo tiempo podría convertir en sinopsis. Además de la vida, los ensayos y otras formas de expresión literarias me inspiran muchísimo. El Monte, de Lydia Cabrera es muy provocador. Tengo algún apunte por ahí. Un libro que recoge artículos de Alejo Carpentier no quiero volverlo abrir, …bueno, lo tengo lleno de subrayados”.

¿De qué iba la teleserie Culto a los Orishas, la cual rodaste en Venezuela; hay alguna posibilidad de apreciarla en cualquier tipo de soporte, o de ser emitida en Cuba?

“Culto a los Orishas fue una serie documental de veinte capítulos, coproducida entre la Televisión Cubana y una productora venezolana, en 1999. En ella parto de la premisa de mostrar la complejidad de la Regla de Osha que se practica en Cuba, de frente, sin tapujos, ni intenciones folklóricas, pues para una gran parte de los cubanos es un cuerpo vivo, legado de África que nos ha acompañado en las buenas y en las malas. Yo lamento mucho que no se haya visto en mi país, lo que es el reflejo de la esquizofrenia mediática que todavía nos acompaña, que sobrevive”. La mirada hacia el negro -y especialmente la mujer de esa raza- no ha sido ni tan extendida cuanto merece ni muy generosa en el cine cubano más reciente, salvo excepciones puntuales. ¿No haría falta ya mismo otro Sergio Giral?

“Estoy por la diversidad. Y por el arcoiris. Y con todas las manos, todas. Nada humano le debería ser ajeno a la mirada cinematográfica. No estoy seguro de que si para que los conflictos del cubano negro y de la cubana negra estén en pantalla, hagan falta directores, directoras y guionistas negros. Pero tampoco estoy seguro de que la ausencia de estos garanticen los puntuales conflictos de ambos grupos. Lo preocupante es que la diversidad racial todavía es precaria, por ejemplo, en las generaciones que emergen de las escuelas de cine establecidas en Cuba. Siguen siendo pocos los (y las), cineastas negros, y no me refiero a directores solamente. Por otro lado, se aprecia una abundante cosecha de mujeres fotógrafas y camarógrafas, algo bastante exclusivo para varones. En la Muestra de Nuevos Realizadores de febrero se verán cerca de treinta filmes, entre documentales y ficción, fotografiados por mujeres”.

A propósito de lo anterior, ¿a qué altura de la varilla consideras está saltando hoy día el cine de los jóvenes realizadores cubanos?

“Regresé a la conducción de la Muestra de Jóvenes Realizadores, algo que ya no estaba en mis planes. Y aunque para hacerla he debido castrar cinco meses de trabajo, sea con mis guiones, mis investigaciones sobre el documental cubano, la inversión necesaria de tiempo o paciencia para ver si acabo de hacer Casal, etc, la hago porque sé que contribuyo a gestar algo que necesita el cine cubano: renovación y contemporaneidad. Porque la Muestra, al privilegiar el trabajo de los más jóvenes, cada vez más tiene que convertirse en el espacio en la que han de converger el pensamiento de todas las generaciones que hacen el mejor cine y el mejor audiovisual cubano. Creo en la dinámica de las sintonías, o no, intergeneracionales. La Muestra viene llenando ese espacio para que se muevan ideas, para ello tiene que colocarse delante de lo que está delante. Claro está que todo esto es posible porque existe la industria y los cineastas. La estrategia es nítida: el Cine Cubano”.

Aprecio a la pantalla nacional como una suerte de Jano con una cabeza en el futuro y otra en el pasado en cuanto a términos de lenguaje y construcción del relato, propuestas ideoestéticas y valentía de nuevos derroteros en su discurso. No todos coinciden. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

“Que no todos coincidan; y que es saludable esa burbuja en ebullición”.

Además del históricamente inextricable problema económico, ¿qué otras circunstancias traumáticas impiden un definitivo despegue de nuestro cine?

“La realización de largometrajes de ficción, en términos de producción, es el vestido de largo, la locomotora, de una industria de cine que se respete. Los independientes producen filmes de largometrajes de ficción, pero menos que el ICAIC. En documentales, se produce más fuera del ICAIC que dentro, lo mismo para la animación. Si no hay producción, no habrá despegue del Cine Cubano. Ese es el meollo del arroz con pollo. Si se aumenta la producción, es mayor el reino de la diversidad y con esta, la calidad. Lo demás es perder el tiempo haciendo conjeturas. El cine cubano asumirá su recuperación estética, con coherencia y naturalidad, cuando el estado decida volver a financiar, por lo menos, una parte de la producción de filmes. Cineastas hay; ideas también”.

Suele criticarse al régimen coproductivo, yo mismo lo he hecho en determinada ocasión, pero hasta las majors de Hollywood se interconectan para financiar las producciones… ¿No nos queda otro remedio a nosotros?

“No podemos ver la coproducción como un hecho fatalista. Como nuestra realidad cinematográfica todavía es anormal, pues dependemos casi exclusivamente de la coproducción, tú y otros críticos la han emprendido contra esta como la causa de un cine que no te ha parecido espléndido. Cuando el ICAIC disponga de un capital para invertir en películas, como era natural antes del nefasto período -que para mí no tiene nada de especial-, puede que algunos proyectos, sea por conveniencia financiera, de mercado, de marketing o política, etc, etc, se decida hacerlo con un partner, con un socio, con un país determinado. Soy Cuba fue una coproducción. Como Cecilia, Fresa y Chocolate y Suite Habana. Algún día habrá que hacerle un monumento a esta modalidad, pues permitió que sobreviviera una de las grandes conquistas de la revolución cubana; este medio siglo de cine en revolución. Las películas vana ser buenas, malas o regulares, independientemente de si son realizadas en régimen de coproducción, o no”.

Irán, Corea del Sur, Hong-Kong, Taiwán, China, Japón… David Bordwell escribió que el futuro del cine está en Asia. Jonathan Rosembaun no lo expresó con las mismas palabras, pero algo más o menos parecido apuntó. ¿Dónde lo ubicas tú?

“¡Tremenda pregunta! Cáete. En Cuba. ¿Por qué no? Pocos países tienen tantas reservas de asuntos que contar como los cineastas cubanos. Deja que tengamos el financiamiento. Pero, ojo, podemos tener un boom estético, pero sin visibilidad en el mercado. Ya nos pasó, y si termino, pronto, lo voy a demostrar con el movimiento cubano de cine documental en los sesenta y en los setentas. Un movimiento que hay que reivindicar, y que pocos países han tenido, pero que además, los malos repetidores se han encargado de manipular, reduciéndolo a la obra de Santiago Álvarez, para soslayar a Nicolasito Guillén Landrián, Sara Gómez, Oscar Luis Valdés y Bernabé Hernández, entre otros con obra extensa, pero menos documentales eficaces”.

Julio Martínez Molina

Julio Martínez Molina

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Periodista del diario 5 de Septiembre y crítico audiovisual. Miembro de la UPEC, la UNEAC, la FIPRESCI y la Asociación Cubana de la Crítica Cinematográfica

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