Psicología en directo: El estrés

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Pensar el estrés como estímulo para hacer y no padecimiento para sufrir, es la mejor fórmula para seguir adelante./Foto: Internet

El estrés es llamado la enfermedad del siglo XXI por los efectos negativos que ocasiona en la sociedad moderna… aunque no siempre es así.

Fue el fisiólogo austriaco Hans Seyle, quien por error acuñó este término gracias a sus problemas de pronunciación del idioma inglés, refiriéndose al strain —vocablo utilizado para indicar fatiga de materiales que son sometidos a fuerzas externas—, dijo estrés.

Podemos definirlo como una respuesta inadaptada a estímulos del medio,  estos resultan somatizados mediante síntomas que no son compartidos por todos. Caída de cabellos, manchas en la piel, problemas para conciliar el sueño, cambios en el comportamiento, resequedad en la boca, constituyen las señales más comunes. Aunque existen actividades específicas como la práctica deportiva, donde la pérdida del control muscular, el salto epigástrico y el descontrol de esfínteres se hacen también presentes.

Es común confundir situaciones potencialmente generadoras de ansiedad con estar estresado, y precisamente la diferencia está en la permanencia en el tiempo del estrés, la cual es superior.

Técnicamente, Seyle presenta su Síndrome de adaptación general (conocido como stress) con sus tres etapas: reacción de alarma, resistencia y agotamiento, abordando el papel de la hormona cortisol, asociada a la duda, incertidumbre y el temor.

Por otro lado, aparece otra perspectiva más psicológica, hablando sobre la influencia del ambiente y como resulta más o menos fácil adaptarse a las distintas situaciones, en dependencia de las características individuales.

¿Cómo podemos controlar el estrés?

Asumiéndolo como una respuesta insuficiente para lograr la adaptación o respuesta adecuada a una tarea o actividad de forma positiva; el afrontamiento sería entonces la respuesta. Las circunstancias estresantes  se controlan teniendo un conocimiento real de nuestras potencialidades, comprometernos a realizar tareas que podemos lograr por nuestra preparación.

También evitar siempre la improvisación en situaciones que podemos anticipar, de ser posible recrear o modelar actividades futuras de gran responsabilidad, de forma que podamos ser eficientes ante posibles imprevistos, brindando mayor calidad de respuesta.

Sigmund Freud cierta vez pronunció algo como esto: “He sido un hombre afortunado, nada en la vida me fue fácil”. Referencia clara a lo importante que es llevar una existencia cargada de retos, los cuales son una motivación. Esa cuota de “estrés necesaria para vivir” sirve de combustible para nuestro accionar, siempre teniendo cuidado de no elevar la dosis, volviéndola nociva y poniendo a prueba los recursos para enfrentar el problema.

Como todo en la vida, el estrés no siempre es negativo, pues esa gotica de reto, de pensar en lo bien que nos puede quedar una obra, o lo buen alumno que vamos a ser, sin dudas nos puede quitar un poco el sueño, porque el crecimiento personal demanda mucho esfuerzo. Pensar el estrés como estímulo para hacer y no padecimiento para sufrir, es la mejor fórmula para seguir adelante; piénsenlo, piénsalo.

Marlon Frank Espinosa Requesens (psicólogo)

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