Él espera…, pero no logra

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Ilustración: Arí

Él espera vaciar el contenido de una, dos, tres… botellas de ron (o de una mezcla de agua y alcohol). Él se siente valiente, y cree que el mundo le pertenece, que en la cuadra debemos rendirnos ante su mala educación.

Él espera a que aplaudamos sus shows, cual payaso o marioneta de otro, que como él, también ha degustado el insano líquido, y le dice que grite improperios, obscenidades…; y alardea cual bravucón de poca monta…, sobre todo contra la vecina indefensa, sola y de mucho más edad.

Él pretende que le preparemos un escenario donde ejecutar su infame acto; erigirse en quién sabe qué, porque nada tiene para mostrarnos, a no ser su falta de respeto e ignorancia. Él merece el repudio de todos, de muchos, el mío, el tuyo…, el de los agradecidos.

Él, que tanto le debe a quienes hicieron posible una nueva aurora en enero de 1959, blasfema. Pero la Revolución es grande y no distingue si la quieren o no, ni cuál es el color de la piel, ni en las edades, ni en las profesiones, ni en los cargos… La Revolución sabe que una vida resulta importante, y si se trata de un joven más.

Entonces, no vacila en gastos médicos y le proporciona la mejor de las atenciones; lo somete a una cirugía para extirparle un tumor y le facilita una prótesis para su maltrecha cadera; el ingreso en el Complejo Científico Ortopédico Internacional Frank País, de La Habana, y los medicamentos, caros, muy caros, con el fin de mejorarle su calidad de vida.

Él quiere ignorarlo, pero le recuerdo que el precio medio de una intervención de cadera en Europa, ronda entre los 9 mil y 15 mil euros; según El Nuevo Herald, una operación usual de reemplazo de cadera a un paciente saludable, sin seguro de gastos médicos, podría costar desde 11 mil y hasta casi 126 mil dólares. Las diferencias en el valor se basan, fundamentalmente, en el tipo de prótesis y material escogido, así como la envergadura de su intervención (total o parcial) y el estado de salud del paciente, debido a los riesgos asociados.

Él lo olvida o quiere olvidarlo, y prefiere vaciar botellas, una, dos, tres…, y salir a la calle a gritar —como payaso o marioneta— improperios, obscenidades… Él quiere el escenario preparado y los aplausos; pero no lo hicimos, solo logró de nosotros, de todos, de muchos, de ti y de mí, de los agradecidos…, el merecido repudio.

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