El combate de Las Tunas y la muerte de Ángel de la Guardia | 5 de Septiembre.
mar. Nov 19th, 2019

El combate de Las Tunas y la muerte de Ángel de la Guardia

Ángel de la Guardia se batió con fiereza en el combate por la toma de Las Tunas. /Foto: Archivo

Ángel de la Guardia se batió con fiereza en el combate por la toma de Las Tunas. /Foto: Archivo

Los cubanos conocemos a aquel joven insurrecto de 20 años de edad e inexperto, de nombre Ángel de la Guardia Bello, que quedó junto a Martí en el campamento de Dos Ríos a su cuidado, cuando Gómez y Maceo acudieron a contraatacar a la columna española que se aproximó peligrosamente al lugar. Antes de partir Gómez aconsejó al Delegado del Partido Revolucionario Cubano que permaneciera en la retaguardia, pero al sonido de los primeras descargas de fusilería en dirección al encuentro, el Maestro, conminó al imberbe combatiente diciéndole: “¡Joven, acompáñeme!”. Y salió al combate, deseoso de enfrentar al enemigo con las armas tanto como lo había enfrentado con las ideas y el trabajo ideológico, y revólver en mano iba cuando fue alcanzado por certeros disparos antes de caer de cara al sol. Angelito, único testigo del suceso, también resultó herido, pero salvó la vida al caer debajo de su caballo que recibió numerosos impactos de bala.

Aquel muchachón veinteañero tuvo muchos otros actos heroicos y una vida entregada por entero a la guerra anticolonial, que es poco conocida.

Nacido en Jiguaní el 16 de febrero de 1875, de padre maestro de la escuela del lugar, apenas cumplidos sus 20 años se presentó en el campamento del General Bartolomé Masó en la zona de Manzanillo y se destacó inmediatamente. Por eso era ya alférez aquel infausto 19 de mayo de 1895.

Restablecido del dramático desenlace en Dos Ríos, tomó parte el 13 de julio de 1895 en la batalla de Peralejo. Peleó en otros 22 importantes combates como integrante de la columna invasora de Antonio Maceo desde Baraguá hasta Mantua, localidad donde el general Esteban Tamayo lo calificaba ante el Lugarteniente General como el capitán más valiente de la brigada oriental. Después del combate de Paso Real de San Diego, fue ascendido a Comandante por el bravo santiaguero.

De regreso a la zona oriental, lucha con valentía en la toma de Cauto Embarcadero, donde también escribió singulares páginas de audacia. Posteriormente, ya con el grado de teniente coronel, Calixto García lo incluye en su escolta para evitarle acciones de estoicismo extremo que le troncharan prematuramente la vida.

Daguerrotipo del joven Ángel de la Guardia Bello. /Foto: Archivo
Daguerrotipo del joven Ángel de la Guardia Bello. /Foto: Archivo

El anhelo del viejo jefe mambí de contar con Ángel en el ataque a Jiguaní, se realiza el 12 de marzo de 1897. Sin embargo, el presentimiento acerca de la caída del jiguanisero también tendría cumplimiento cinco meses después.

Bajo las órdenes de Calixto García se bate con fiereza en la toma de Las Tunas. Había pasado medio año desde su cumpleaños 22 y ya iba a ser ascendido a coronel, pues la propuesta había sido aceptada, como lo testimonia una carta del viejo patriota holguinero al Generalísimo Máximo Gómez informándole de la batalla y de la muerte del joven que había combatido junto a Martí en Dos Ríos: “Ángel de la Guardia, un joven heroico de 23 años murió también, poco antes de ser ascendido a coronel”.

La batalla por la toma de Las Tunas, ocurrida entre el 28 y el 30 de agosto de 1897, tiene gran importancia: determinó el principio de la derrota definitiva de la metrópoli española. Documentos inéditos hallados en los archivos militares hispanos lo confirman. Las Tunas era la región más estratégica de la zona oriental de la Isla. Enlazaba a Camagüey, Holguín y Bayamo, por eso el mando español la fortificó con un sistema defensivo externo e interno y la guarneció con fortines, fuertes, fosos y alambradas, amén de resguardarla con un fuerte contingente de 600 soldados españoles y 200 integrantes del Cuerpo de Voluntarios, todos bien armados. Nada fácil de tomar una ciudad así protegida.

Pero el General Calixto García, que a la muerte de Maceo lo había relevado en el cargo de Lugarteniente General, sabía eso y preparó muy bien el ataque con un golpe demoledor. Para realizar tal proeza contaba con la ayuda decisiva de la joven cubana María Machado, hija natural del General español Emilio March, jefe de esa plaza militar, con una cubana. Ella era agente secreta de la Inteligencia del Alto Mando mambí. Por las facilidades que tenía para entrar y salir de la ciudad cercada, brindó excelentes informaciones, planos y croquis que entregó al jefe del Ejército Libertador en la zona.

Así pudo el mando cubano colocar sus piezas artilleras en los lugares fundamentales y hasta estrenó un cañón de dinamita creado por los cubanos, pieza que operó en esa batalla el joven José Martí Zayas-Bazán, el hijo del Apóstol cubano, que a la muerte del Maestro, escapó de la tutela de la madre y vino en una expedición a Cuba para vengar la muerte de su amado padre. Voló un importante polvorín del enemigo y fue héroe de aquella contienda.

La batalla de Las Tunas fue cruenta: duró tres días y en su transcurso murieron hombres muy valiosos, como Ángel de la Guardia, que antes de caer mortalmente herido el día 29 al salir de la trinchera para asaltar otro emplazamiento enemigo, había liderado la toma del fuerte Aragón, la casa del telégrafo, el Hospital de Sangre, así como del Fuerte Número Once.

Monumento a Ángel de la Guardia en la ciudad de Las Tunas. /Foto: Ecured

Falleció a la mañana siguiente sin que pudieran salvarle la vida los médicos mambises doctores Porfirio Valiente del Monte y Enrique Núñez de Villavicencio Palomino.

La caída del joven ocasiona a Calixto García un profundo dolor y lo manifiesta el 23 de septiembre en carta al hermano del fallecido, el entonces comandante Dominador de la Guardia: “No te escribo para darte el pésame de la muerte heroica de tu hermano, el coronel Ángel de la Guardia pues el pésame debía recibirlo yo y no darlo, ya que he perdido un gran jefe y un hijo querido, pues como tal lo miraba.

“El asalto lo dieron mis tres hijos, Carlos, Ángel y Calixto, y la desgracia me privó de uno de ellos para dar el triunfo a Cuba.”

El 12 de diciembre de 1897, Federico Henríquez y Carvajal, gran amigo de José Martí, dirigió desde Barahona, República Dominicana, una carta de pésame al padre de Ángel, Miguel Ángel de la Guardia Góngora. A vuelta de correo, en la misiva de agradecimiento, el escritor, poeta, educador, periodista y orador dominicano recibió esta viril nota del abatido padre: “Mi hijo Ángel cumplió con su deber de cubano. Aún me quedan tres hijos en la manigua. Tengo otros dos en condiciones ya de empuñar las armas y otros tres en la reserva que tienen 14, 10 y 8 años de edad, respectivamente; no hay dilema, hay que hacer Patria cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Yo me consuelo en el dolor cuando veo la firmeza de los patriotas cubanos en armas, porque sueñan con una Patria Libre, y la idolatran”.

No hay dudas, ¡el pueblo que tiene hombres capaces de expresarse y actuar así, capaces de entregar lo más amado a la Patria, es invencible! Tal es la herencia, las raíces de nuestra historia, esa que nuestros antagonistas tanto quieren que desconozcamos.

Noticias relacionadas
Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles

Share