El carbón, la muerte y unos zapatos blancos

Este texto fue originalmente publicado en abril de 2011, a propósito del cincuentenario de la victoria en Playa Girón. Lo devolvemos a la luz con nuevas gráficas que lo enriquecen, aunque intrínsecamente constituya por sí solo testimonio de permanente vigencia

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Traigo un manojo de anécdotas / profundas, que se me entraron / por el tronco de la sangre / hasta la raíz del llanto. /Foto: Ismael Francisco
Traigo un manojo de anécdotas / profundas, que se me entraron / por el tronco de la sangre / hasta la raíz del llanto. /Foto: Ismael Francisco

Esta es la historia una y mil veces contada por Nemesia Rodríguez Montano, niña cenaguera en la flor de sus 13 años, cuando se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón. “Los recuerdos están muy frescos, es increíble, 50 años después, ver morir a mi madre y caer herida a parte de mi familia, fue un impacto muy fuerte, y fíjate que para entonces no comprendía ni la mitad de las cosas que hoy en día cualquier adolescente de esa edad”.

Ha transcurrido mucho tiempo, sin embargo, las lágrimas aún corren por sus mejillas. “La historia de los zapaticos blancos es bien cierta, pero fue Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, quien la descubrió.

“Allá quedaron tirados, llenos de huecos por la metralla y él los tomó hasta encontrarme en el hospital”.

El aire toma forma de tornado / y en él van amarrados / la muerte y el amor…/ Una columna oscura se levanta / y los niños se arrancan / los juegos de un tirón.

“Lo más triste y doloroso fue que desde los aviones se divisaba que éramos niños y familias trasladándose, y aun así nos bombardearon. Incluso estábamos saludando, no avistábamos peligro alguno.

En el Museo de la Victoria de Playa Girón se exhiben los zapaticos blancos de Nemesia, agujereados por el mismo huracán de disparos que mataron a su madre e hirieron a sus hermanos. /Foto: Daylen Vega (Cubadebate)
En el Museo de la Victoria de Playa Girón se exhiben los zapaticos blancos de Nemesia, agujereados por el mismo huracán de disparos que mataron a su madre e hirieron a sus hermanos. /Foto: Daylen Vega (Cubadebate)

“Luego supimos era un B-26. Mis anhelados zapatos blancos fueron las primeras víctimas. Ese fue el último día de mi niñez”.

Abuela tus tijeras son rurales / y cortan otros males / pero este viento, no.

“Mi abuela vivió algunos años más, atada a un sillón de ruedas, en cambio mi madre murió casi al instante, la velamos allí mismo en Jagüey Grande, a donde fuimos evacuados. Desde entonces, mi familia quedó herida, figúrate, huérfanos de madre. Por eso no me canso de contar esta historia, para los que no conocieron esos días y tienen que vivir estos, tengan presente lo que son capaces de hacer los enemigos”.

Con la muerte todas las cosas ciertas / grabaron una puerta / en el centro de abril.

Y resultó una elegía a unos zapatos blancos, al carbón y a la muerte que un día se apoderó de la Ciénaga de Zapata, pero ahí está Nemesia, quien continúa narrándola, para que nunca más tengamos carboneras sin zapatos.

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