El buen habano viene en caja de cedro

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Sin lugar a dudas, el mejor tabaco del mundo es el cubano. Los habanos son reconocidos por su calidad entre los buenos fumadores del planeta. En la Mayor de las Antillas se producen cada año más de 120 millones de unidades, fundamentalmente torcidas a mano.

Desde tiempos remotos fue una práctica envasar los puros en cajas o estuches de la madera del cedro, que por sus propiedades naturales permitían conservar la humedad y olor característico del producto.

Con este mismo propósito se fabrica el humidor o humidificador, llamado también humectador. Este es un recipiente cerrado cuya función consiste en añadir la humedad necesaria para mantener los tabacos en las condiciones idóneas.

Caja de habanos hecha de cedro

Existen tres tipos de madera que pueden utilizarse para el recubrimiento interior de estos receptáculos. Los especialistas recomiendan para ello en primer lugar el cedro español, el más popular, cuyas cualidades permiten, por el olor que desprende, proteger contra los escarabajos de la hoja, además de alta capacidad de absorción y promover el proceso de añejamiento del cigarro.

Por otro lado, el cedro rojo americano es menos absorbente de la humedad y tiene un aroma más penetrante. Algunos fabricantes lo utilizan porque es menos costoso y no se forma resina. En general, cuando se almacenan los tabacos por un período prolongado, toman un fuerte sabor a madera que no suele ser lo ideal.

En tanto, la caoba hondureña, otro de los empleados, tiene una tasa de absorción de humedad similar a la del cedro español y tiene también un olor menos intenso. No obstante, no ofrece la misma protección contra los parásitos ni el sabor que deja en los cigarros es tan agradable como el español.

¿De qué árbol hablamos?

Los cedros, del latín Cedrus por su nombre científico, constituyen un género de coníferas pináceas. Son árboles de gran tamaño, que pueden alcanzar hasta 50 metros de altura, de madera olorosa y copa cónica o vertical, muy utilizados para ornamentación de parques. Poseen una distribución disjunta: Norte de África, Medio Oriente y el Himalaya. Estas plantas pueden vivir hasta 2 000 años.

Las propiedades de imputridez de la madera lo hacen idóneo en la industria naval y la fabricación de sarcófagos. Se usa, además, en la construcción, sobre todo como recubrimiento de muros exteriores (bevel-siding) y para tejas de madera (shingles). También es apreciado para la confección de instrumentos musicales, ebanistería, chapas decorativas, cajas para empaque, pisos, paneles, puertas y ventanas.

Semillas del cedro en forma de piña

Pero vea, el cedro de Líbano (Cedrus libxni) y el cedro atlas (C. atlántica) se parecen al alerce, pero las hojas son perennes y los conos mucho más grandes y erectos sobre las ramas. El primero es nativo de Asia menor y considerado el árbol nacional de ese país, incluso su silueta está estampada en la enseña de esa nación.

La madera de cedro del Líbano fue profusamente utilizada como material de construcción en el Antiguo Egipto y, según la Biblia, se utilizó para construir el primer Templo de Jerusalén.

Por su lado, el aceite natural aromático del cedro del Atlas tiene propiedades antisépticas. No confundir este aceite con el “aceite de cedro” utilizado para la observación microscópica, extraído del enebro de Virginia, por eso llamado cedro de Virginia.

Para los egipcios antiguos, la esencia del cedro se utilizaba en el proceso de embalsamamiento de momias.

En tanto, el cedro de Chipre es la más rara de las especies (o subespecies) de esta planta y sólo se encuentra en las montañas Troodos de la isla de Chipre. Mientras, el cedro del Himalaya crece en el oeste de esa cordillera (India, Pakistán, Cachemira, Nepal y Afganistán), en pendientes entre los 1300 y 2500 metros de altitud.

Simbolismos

En la magia caldea, cedro era el árbol protector de la acción de los malos espíritus. En tanto, en China es denominado árbol del amor no desconfiable.

El cedro encierra simbolismo

Durante la Edad Medieval se comentaba, que uno de los tres maderos de la cruz, el fabricado de cedro, representaba al Padre imperecedero. También de origen bíblico admitían que su fruta sirvió de alimento a Adán.

Al cedro lo nombraban la “vida de los muertos”, pues el olor de su madera ahuyentaba de los sepulcros insectos y gusanos.

A decir de cierto personaje, Pitágoras preconizaba como una de las plantas más auténticas para enaltecer la divinidad, junto al ciprés, la encina, el laurel y el mirto.

El cedro involucra el majestuoso signo de la inmortalidad, perdurabilidad, dignidad y pujanza. “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano”, (Salmos 92:12 RV 1960)

De la farmacopea popular y otros usos

En la medicina casera, existen infusiones que utilizan sus raíces y cortezas para combatir procesos bronquiales, catarros y diarreas. En la antigüedad, los egipcios utilizaban los aceites resinosos del cedro para la elaboración de perfumes y para los procesos de embalsamamiento.

Los mismos egipcios, por su parte, fabricaban sus sarcófagos con madera de cedro, pues consideraban era idónea esa práctica para resguardar los restos. Otro de los usos extendidos en los tiempos antiguos lo reportan documentos que daban cuenta de como los monjes tibetanos empleaban la madera del cedro como incienso para purificar sus templos.

Las cenizas del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, fueron depositadas en una urna de cedro. Hoy los restos del legendario e invicto Comandante, el mismo que llevó a sus compatriotas a gozar de la dignidad, independencia y equidad social, reposan en la cripta del monolítico del cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

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