¿El bloqueo económico existe?

Como quien debe aprender a vivir con una enfermedad crónica, los cubanos sorteamos los peligros de un bloqueo económico, comercial y financiero que intenta matarnos de hambre y enfermedades.

Fue Jonh Fitzgerald Kennedy quien, el 3 de febrero de 1962, firmó la Orden Ejecutiva Presidencial 3447 que autorizaba al Secretario del Tesoro a Promulgar «todas las medidas y regulaciones para hacer efectiva la prohibición de importación a Estados Unidos de cualquier producto de origen cubano y ordenó al Secretario de Comercio que continuara y ampliara las medidas para prohibir todas las exportaciones desde ese país hacia Cuba».

Es decir, la principal economía del mundo intentaba liquidar, de un plumazo, a un pequeño país, en extremo dependiente en aquellos tiempos del gigante del Norte, con quien históricamente realizó casi todo su comercio y a quien vendía su principal producto exportable.

De entonces acá, sucesivas Administraciones norteamericanas hacen lo indecible por liquidar, mediante esta brutal forma de agresión, a la Revolución cubana y al pueblo que la defiende.

Pese a que el bloqueo impacta a cada segundo nuestras vidas, en el orden material y espiritual; que a lo largo de más de 40 años ha causado pérdidas a la economía nacional por decenas de miles de millones de dólares; que por su culpa no recibimos créditos de las principales entidades financieras; que cuando logramos un préstamo es a corto plazo y con alto interés; que muchos productos los adquirimos a mayor precio y lejanas distancias; que nuestras transacciones económicas no podemos realizarlas en dólares; que los bancos están siendo presionados para que no tengan tratos con nosotros, y similares aberraciones…, hay quienes piensan que el bloqueo no existe.

Así de simple.

Quienes eso creen aducen que el país lo único que requiere es dinero para salir a comprar lo que desee en el mercado internacional; que el bloqueo económico es una ficción. Que las leyes de Ajuste Cubano, Torricelli, Helms-Burton, la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre y las nuevas y más agresivas medidas anunciadas por la administración fascista de George Walker Bush para acabar de estrangularnos (y que pudieran derivar en una confrontación militar), son pura fantasía.

Llegan a decir que el principal freno a nuestro desarrollo no radica en el bloqueo, que nos acosa día a día; que durante años ha sido condenado en las Naciones Unidas y otros foros internacionales. Su vista se vuelve, solamente, hacia nuestras ineficiencias, que perjudican y nos hacen vulnerables, es cierto, pero son superables mediante el uso más racional de los recursos humanos, materiales y financieros de que disponemos. El daño que ocasionan nuestros errores, no será nunca comparable a los perjuicios que mediante sus agresiones nos ocasiona el enemigo.

El bloqueo económico contra Cuba es un arma de guerra.

Carece de todo fundamento legal. Conforme a lo dispuesto en el inciso (c) del Artículo II de la Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948, el bloqueo económico califica como un acto de genocidio y, por consiguiente, constituye un delito de derecho internacional.

Los cubanos conocemos de bloqueos.

Desde el que en 1898 nos impuso la flota de acorazados y destructores yanquis, al mando del Almirante William Thomas Sampson, contra la escuadra española del Atlántico, a las órdenes del Almirante Pascual Cervera, para apoderarse de la ciudad de Santiago de Cuba -en la Guerra Hispano-cubano-americana-, que frustró nuestra independencia del colonialismo español; hasta el naval y aéreo que cercó a la Isla en 1962, durante la Crisis de Octubre.

El más prolongado y criminal bloqueo económico, comercial y financiero ejercido contra este pequeño país, es una realidad palpable. Solo que los cubanos hemos sabido burlarlo y seguimos adelante.

Cuando pasados los años el nombre de George Walker Bush sea una triste referencia histórica, y la lucha de los pueblos haya logrado salvar la humanidad, un espacio honroso habrá que dedicarles a los cubanos. Por haber derrotado las maquinaciones del imperio más depredador del universo. Y haber salido airosos…

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