El almácigo y la Semana Santa

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El almácigo crece de manera profusa en los montes de Cuba. /Foto: Tomada de Internet

Cada año, los chiquillos del barrio esperábamos impacientes la llegada de la Semana Santa. Por esos días de recogimiento por la muerte y resurrección de Cristo, existía la creencia popular de que la savia brotada de un árbol conocido por almácigo, se tornaba roja en recordación a la sangre de las heridas del Salvador en la cruz.

Por supuesto, la “explicación” del cambio de coloración de la gomina es fruto de la imaginación y la leyenda. Y como de muchacho no recuerdo que nadie me ofreciera tales argumentos, lo que si me viene a la memoria de aquellos años de la infancia son las frecuentes incursiones a los campos cercanos a mi pueblecito cubano de Manacas, en busca de ejemplares de la planta con el fin de herir el tronco para corroborar la superstición.

Virtudes naturales

Tal vez sea el almácigo una de las plantas más populares en Cuba. Partes de este árbol, de la familia de las Burseráceas, se ha usado tradicionalmente como remedio casero para determinadas enfermedades y trastornos del organismo, principalmente en las zonas rurales del país. Su nombre científico es Bursera simaruba, en honor al botánico alemán Joachim Burser (1583-1639).

La corteza es de la más empleada como remedio casero.

En su libro Plantas medicinales, aromáticas o venenosas de Cuba, el sabio cubano Juan Tomás Roig apunta sobre las propiedades del almácigo: “es muy conocido en toda la Isla, como tónico estomacal, en los resfriados y en las diarreas”. Y a continuación detalla que para los dos primeros casos se usan la raíz, la cáscara, las hojas y el cogollo (que además es antiespasmódico).

Al citar a otros autores, el destacado botánico dice que las partes escogidas se emplean para componer tisanas por medio de una decocción, que se prepara con un manojo de ellos y media botella de agua. Se deja hervir durante no menos de 20 minutos, y después de colado y endulzado se administra por tazas en el término del día.

Por las grietas naturales del almácigo sale una sustancia resinosa que tiene iguales propiedades que las hojas.

No obstante, otros investigadores también le atribuyen buenos resultados a estos cocimientos como expectorante, diaforético (capacidad para aumentar la transpiración cutánea), purgante y diurético. Según Roig, en Colombia usan la maceración del leño y las ramas para adelgazar, mientras en Venezuela lo consideran un valioso antirreumático.

¿Qué dice la botánica?

Es un árbol grande que puede alcanzar hasta 25 metros de altura y 80 centímetros de diámetro. Se reproduce fácilmente por semillas y estacas.

El almácigo, nombre indígena, es fácilmente distinguible, entre otras razones porque la epidermis del tronco, muy fina, de color cobrizo, se desprende espontáneamente formando tiras grandes que se quedan colgando y le hacen parecer como un animal que muda la piel. Es considerado una joya de las fértiles tierras cubanas.

Con su corteza escamosa y sus ramas interesantes, el almácigo es quizás uno de los árboles más bonitos del sur de la Florida. Lo mejor de todo, es la buena adaptación para aguantar los vientos de huracanes, pues aunque por su madera blanda pierde abundantes ramas durante esos meteoros, el tronco principal se mantendrá en pie y retoñará pronto por su típico crecimiento rápido.

En Centroamérica y otras partes al almcácigo se le conoce también como Indio desnudo.

La corteza es blancuzca o rojiza y se desprende en escamas finas, exponiendo la superficie inferior verde. Al cortarse, todas las partes del árbol huelen a trementina. Las hojas miden hasta 11 pulgadas de largo y se componen de siete o nueve hojuelas. Las flores miden menos de un cuarto de pulgada de ancho y se agrupan en estrechas inflorescencias terminales, mientras las frutas maduran desde el verano hasta el invierno.

El área de distribución natural del indio desnudo, como también se le conoce, se extiende desde el sur de la Florida y las islas Bahamas, pasando a través de las Antillas Mayores y Menores y penetrando el norte de Sudamérica. Crece también en ambas costas del centro de México, a través de toda la América Central y a lo largo de la costa del Oceano Pacífico de Colombia y Ecuador casi hasta la línea ecuatorial.

Crece sobre una gran variedad de sitios. Por lo general es muy común hallarlo en cerros secos y rocosos y en suelos calcáreos; sin embargo, en los valles aluviales también prospera y alcanza alturas mayores. Le son favorables los sustratos con texturas que van desde la arena a la arcilla y pH neutro. La especie puede tolerar el rocío del mar y cierto grado de salinidad en el suelo. A menudo se le encuentra en áreas elevadas cerca de playas y en elevaciones leves tierra adentro, muy cerca de manglares costeros.

El aspecto y la pendiente de los sitios no parecen ser factores muy importantes para determinar su distribución. La mayoría de los árboles de almácigo se encuentran a elevaciones bajas en áreas costeras; sin embargo, el árbol también crece adecuadamente tierra adentro en ciertas áreas y se le puede encontrar a altitudes de hasta 1,800 m en Guatemala.

De usos y costumbres

Por ser de textura blanda y fibrosa, la madera del almácigo es de utilidad para construir cajas de envasar frutas y otros materiales susceptibles de daño en el traslado. Sus frutos, pequeños y redondos, sirve para alimentar cerdos, en tanto las hojas nutren a otros animales, como la jutía y la cabra. La resina es empleada para fabricar barnices.

La reproducción del almácigo se logra con relativa facilidad. La forma más generalizada es como poste naciente. En Cuba se lleva va a cabo la reforestación, y este puede ser un método muy eficaz para cercar los potreros dedicados al pastoreo, ya que proveen abundante sombra al ganado.

Fruto de la planta.

La propagación del almácigo mediante estacas es fácil. Ramas de hasta 10 cm de diámetro se arraigarán al insertar un extremo en el suelo.

Después de la corta de rodales, la regeneración por rebrotes es quizás un método reproductivo más importante que el de las semillas.

De la mitología maya

Ya desde la antigüedad los mayas denominaban a este árbol chakáh y también lo empleaban para curar la irritación cutánea causada por el chechén (Metopium brownei), el cual crece casi siempre cerca del primero.

Existen varias leyendas mayas respecto al origen de ambos árboles. Una de ellas cuenta que en la antigüedad dos guerreros, uno bondadoso llamado Kinch, y el otro perverso llamado Tizic, lucharon a muerte por el amor de una joven de nombre Nicte-Há, combate que derivó en funesto desenlace para ambos.

Los dioses les concedieron la gracia de volver al mundo de los mortales convertidos en árboles para contemplar a su amada: Tizic sería un chechén y Kinch un chakáh. Finalmente Nicte-Há moriría de pena y los dioses la convertirían en una flor.

El almácigo tiene una amplia difusión en nuestra región geográfica. /Foto: Tomada de Internet

En Honduras se lo considera un “árbol prendón” (o sea, que fácilmente “prende” si simplemente se clava una estaca en el suelo), como el madriago (Gliricidia sepium) y el piñón (Jatropha curcas), que se utilizan para postes en cercas vivas, podando las ramas de cada año para leña o nuevos postes (prendones).

Es árbol oficial de Danlí (El Paraíso, Honduras), donde también se le llama jiñicuago o jiñicuao. En Linaca (provincia Departamento de El Paraíso) también se le llama jiñicuite, e “indio desnudo” (en inglés Naked Indian tree).

En Nicaragua se denomina jiñocuajo o también jiñocuabo, probablemente corrupción de indiocuajo. En el norte de Nicaragua existe una ciudad llamada Jinotega —nombre que proviene del nahuatl o chorotega y que significaría “lugar de los hombres eternos”, ya que los nahuas o chorotegas tenían al jiñocuajo como árbol de la eternidad y la sabiduría— pues precisamente en las montañas que la rodean este árbol es muy abundante. Además, esta planta era tenida por los indígenas como medicinal, casi sagrada.

En El Salvador se le conoce como palo de jiote, y es el preferido para fabricar la cruz del 3 de mayo, celebración del Día de la Cruz, un festejo que se relaciona con los albañiles y las construcciones.

Según costumbres extendidas en toda Centroamérica, la decocción de la corteza presta mucha ayuda contra las hidropesías, y la raspadura del tronco descortezado sirve para restañar la sangre de las heridas y curar la sarna. También se prepara un agradable ponche con la corteza puesta a hervir y con un huevo de gallina agregado.

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