El alegato de Fidel

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La Historia me absolverá es un material historiográfico fundacional riquísimo, pero además un texto literario de belleza y hondura.
La Historia me absolverá es un material historiográfico fundacional riquísimo, pero además un texto literario de belleza y hondura.

Debemos a la entonces novel periodista Marta Rojas, una de los pocos reporteros de Santiago de Cuba que fueron autorizados para permanecer en la sala donde se juzgaba al principal acusado por los sucesos del Moncada, Fidel Castro, el panorama que envolvió este acto judicial. Allí en el saloncito de estudio de las enfermeras del hospital del cuartel Moncada se celebró la vista de ese juicio oral histórico.

Pretextando una inexistente enfermedad de Fidel Castro, el r√©gimen de Batista separ√≥ al l√≠der de esa gesta, de las sesiones del juicio por los sucesos del Moncada. Por eso el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba lo juzg√≥ aparte el 16 de octubre de 1953. El tribunal, los soldados numerosos y el escaso p√ļblico que permitieron entrar, algunas enfermeras y la periodista reci√©n graduada Marta Rojas, fueron los √ļnicos privilegiados que escucharon la auto-defensa y programa que Fidel pronunci√≥ este d√≠a tan memorable.

Pero allí, en ese recinto, los jueces y soldados tuvieron que soportar desde el inicio, la ironía punzante del acusado-acusador que de entrada comentó:

‚ÄúParece que la justicia est√° enferma, por el lugar en que se me juzga‚Ķ‚ÄĚ.

Se le ha preguntado a la periodista Marta Rojas qué impresión le había causado Fidel en ese juicio histórico y ella respondió así:

“El alegato de Fidel fue escuchado con evidente respeto y visible emoci√≥n por los magistrados del Tribunal, por los numerosos soldados de la dictadura, algunas enfermeras y otros pocos presentes all√≠. Fidel se ve√≠a impresionante ante el Tribunal que lo juzg√≥, pese a la toga ra√≠da que le dieron para ese acto en que actuaba como su propio defensor. La toga estaba descosida por una boca-manga y con cada gesto en√©rgico que Fidel hac√≠a cuando hablaba segu√≠a descosi√©ndose m√°s. Pero todos lo escuchaban callados, asombrados que alguien estuviera acusando al tirano all√≠, custodiado por tantos soldados armados, jam√°s hab√≠an escuchado decir a un hombre semejantes cosas ante un Tribunal que sab√≠a plegado al d√©spota”.

 

La reportera Marta Roja precisa: ‚ÄúNo era el tono de la voz de Fidel, que era mesurado, ni el √©nfasis en determinados momentos, sino que, rodeado de guardias agresivos, todos escuchaban arrobados a aquel que hab√≠a organizado el arriesgado asalto al cuartel y lo dec√≠a y justificaba los actos con sincero patriotismo. Nunca nadie se hab√≠a atrevido a decir tantas verdades juntas, y eso los paralizaba, porque eran irrebatibles sus alegatos.¬†¬† Eran palabras tan sinceras, apasionadas, did√°cticas, convincentes, emotivas, que esas verdades los aplastaba‚Ķ‚ÄĚ.

En esa salita del hospital santiaguero continuaba aquel combate del d√≠a 26 de julio y tuvo se√Īalada victoria moral sobre la tiran√≠a. Aquella autodefensa y explicaci√≥n del Programa del Movimiento Revolucionario, que desde entonces se llam√≥ 26 de Julio, que pronunci√≥ Fidel Castro aquel 16 de octubre ante el Tribunal que lo juzgaba, se conoce hist√≥ricamente como La historia me absolver√°, por las palabras finales del alegato, que cerr√≥ diciendo:¬†¬† ‚ÄúCondenadme, no importa, la historia me absolver√°‚ÄĚ.

Los historiadores lo han considerado el documento m√°s trascendente de todo el per√≠odo seudo-republicano y result√≥ un arma eficaz, de √≠ndole pol√≠tico-ideol√≥gica, para la lucha posterior y el programa del porvenir de Cuba que, por cierto, fue cumplido cabalmente y hasta superado. Ese texto fue reescrito posteriormente en la c√°rcel por Fidel, all√° en la prisi√≥n de Isla de Pinos, de donde fue sacado clandestinamente, hoja a hoja, y fue impreso y distribuido en esas condiciones por toda la Isla, por las hero√≠nas del Moncada, Hayd√©e Santamar√≠a y la crucense Melba Hern√°ndez, junto con otros compa√Īeros.

En aquel saloncito también fue juzgado el cienfueguero Abelardo Crespo Arias, nacido en el barrio de Pueblo Griffo en esta ciudad, hijo y nieto de mambises, que no había podido ser juzgado junto con los demás por su estado de gravedad; malherido en un pulmón por una bala de fusil calibre 30,06, disparos que recibió en el combate del Moncada. El propio Fidel lo sacó del lugar cuando realizaban la retirada, lo montó en el auto que usó aquel día y lo llevó a curar; sólo entonces salió de Santiago.

La periodista Marta Rojas, quien nunca antes hab√≠a conocido a Fidel ha confesado: ‚ÄúCuando yo escuch√© ese alegato y la enumeraci√≥n del Programa del Moncada, lo consider√© una quimera. No pod√≠a imaginar que apenas seis a√Īos despu√©s, todo fuera realidad, y m√°s‚Ķ‚ÄĚ.

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