El abandono espiritual

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Y es que ya la vida hoy va mucho m√°s lejos del caser√≠o donde todos amanec√≠an juntos, bajo techos ordenados unos al lado de otros, con la plenitud de la compa√Ī√≠a. /Foto: Robin Thom

Cuando era peque√Īa escuchaba constantemente una especie de slogan en boca de los m√°s a√Īosos: los hijos nacieron para estar cerca de los padres.

As√≠, en el espacio geogr√°fico de mi infancia, aquel donde sol√≠a perderme de felicidad en los d√≠as de verano ‚ÄĒni lujoso hotel, ni plan vacacional de mis padres, ni otro tipo de recurso para esos meses, solo el patio de mi abuela‚ÄĒ percib√≠ una habitual tendencia en el caser√≠o: muchos descendientes constru√≠an cerca de sus progenitores.

Era com√ļn entonces ver llegar a la hija con un “jarrito” en busca de frijoles, porque simplemente no los cocin√≥ ese d√≠a; a la abuela recoger el nieto en la escuela, pues el padre del chico esa tarde no lleg√≥ sobre las cuatro, o a la t√≠a pasar para decir “hace dos d√≠as no nos vemos y me parece demasiado.”

Al menos era esa la realidad de aquel poblado “de campo”, un sitio donde todos se tend√≠an la mano, se conoc√≠an, e incluso diseminaban los hechos como p√≥lvora porque, como versa el aforismo: “pueblo chiquito‚Ķ”

Aparece en forma de avalancha este marem√°gnum de ideas porque la soledad se ha vuelto una constante en los dos mil, sobre todo para esos padres que no ven llegar a la hija con el “jarrito” para los frijoles, no tienen cerca la escuela del nieto a recoger, ni a la t√≠a que dice adi√≥s luego de dos d√≠as “interminables”.

Y es que ya la vida hoy va mucho m√°s lejos del caser√≠o donde todos amanec√≠an juntos, bajo techos ordenados unos al lado de otros, con la plenitud de la compa√Ī√≠a.

En busca de un trabajo en la ciudad, de cercan√≠a a las universidades y a las oportunidades, los hijos desandan pa√≠s y mundo, se mueven aqu√≠ y all√°, cumplen un a√Īo y otro, van, vienen‚Ķ

Pero en esta moderna forma de concebir la familia ‚ÄĒobviamente matizada por desaf√≠os econ√≥micos‚ÄĒ no es la ausencia f√≠sica lo m√°s lacerante. No la distancia allende ciudades, provincias, naciones. Tampoco ir a parar a geograf√≠as distintas.

Lo m√°s grave es el silencio ‚ÄĒincluso desde la casa de al lado‚ÄĒ, la indiferencia, la ingratitud hacia las canas, el olvido.

Puede una prole completa diseminarse en los cuatro puntos cardinales y quererse, y hacerlo saber a los suyos como cuando las familias permanec√≠an juntas, a la usanza del pueblo de ensue√Īo. Pueden, a trav√©s de un mont√≥n de resquicios afectivos y tecnol√≥gicos.

Lo que no debe pasar jam√°s es el mutis eterno para con nuestros ancianos, la indolencia de no saberlos sanos o enfermos, la irresponsabilidad de no acudir cuando somos imprescindibles ‚ÄĒestemos donde estemos‚ÄĒ la apat√≠a emocional y econ√≥mica hacia ellos.

Lo que debiera ser hasta penalizable con ley y decretos es dejar que pierdan hasta la dignidad de sus a√Īos por la falta de nosotros. Lo que no puede ocurrir, bajo ning√ļn pretexto de estoy aqu√≠ o all√°, es el abandono espiritual‚Ķ, ese, el m√°s perjudicial.

1 Comentario

  1. Bueno, muy bueno yo pienso que ninguna situaci√≥n ni econ√≥mica ni de otro tipo puede justificar el abandono familiar por qu√© se ha creado una mentalidad que dando alg√ļn dinero se resuelve todo y no es as√≠, digo que lo que nesecitan las personas mayores es amor, cari√Īo y respeto, que falta much√≠simo en nuestra sociedad en estos momentos; y digo que soy de la tercera edad y veo el poco inter√©s hacia la familia, los viejos no son respetados en las calles y yo lo v√≠ en Cienfuegos. El amor espiritual es el dinero m√°s valioso para el ser humano.

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