El 45 | 5 de Septiembre.
dom. Jul 21st, 2019

Otra vez más, la bola de cristal de la política no quiere difuminar sus brumas y develar lo que viene a quienes intentan dilucidarlo.

Hoy toma el cetro el cuadragésimo quinto hombre al frente del imperio norteamericano. El 20 de enero de 2017 no es un día cualquiera.

Nunca antes tan extendido arcoíris de ideologías, filosofías, personas y poderes de todo el planeta y del propio país tuvieron tanto escepticismo, reticencias, precaución o pavor absoluto ante el arribo a la Casa Blanca de un nuevo presidente.

Por arriba de los sesudos artículos en su contra de The New York Times u otros grandes consorcios informativos de Norteamérica, en lo personal me resultó mucho más estremecedor escuchar y ver a Meryl Streep, una de las mejores actrices del planeta e icono viviente de varias generaciones de espectadores, llorando en su discurso en los Globos de Oro el pasado 8 de enero, y con ella a casi todo Hollywood de mocos afuera salvo “tipos duros” conservadores como Mel Gibson o su coterránea Nicole Kidman, quien ha defendido al 45, junto al rapero Kanye West o escasas figuras del gremio.

Han sido tantos y tan continuados los ataques de artistas, intelectuales y (sobre todo) de la gran prensa corporativa yanki al servicio de los poderes hegemónicos -así como de segmentos claves de la oligarquía dominante allí- contra el flamante Comandante en Jefe de la principal potencia militar, económica y cultural del universo, que ese foquito rojo que nos empotraron en el cerebro a los practicantes de este oficio me hizo albergar dudas durante algún tiempo sobre cuán horrendo sería en realidad Donald Trump para el futuro de su nación y del mundo. Sabiendo incluso que igual pasó con Hitler.

Esta misma mañana, cuando al magnate le quedan segundos para asumir el reino, todavía abrigo sospechas y no poseo la claridad absoluta del “know how” del señor, no obstante leerme decenas de despachos diarios, repasar cada línea de sus discursos y cotejar cuánto de negativo aprecian en el advenimiento de la nueva era trumpista científicos sociales básicos de nuestra época como Noam Chomsky, James Petras e Ignacio Ramonet; o cuánto de positivo atisban (en el sentido de oportunidades potenciales) personas también de crédito como Julian Assange o el filósofo esloveno Slavoj Žižek.

Otra vez más, la bola de cristal de la política no quiere difuminar sus brumas y develar lo que viene a quienes intentan dilucidarlo.

No mucho puede colegirse ahora sobre la sobrevida inmediata de cualquier premonición. Parte o mucho de lo supuesto podría quedar en el mero plano de la imaginación, a pesar de las múltiples señales negativas emitidas.

Los meses; el acomodo de fuerzas; el re-engrase y re-acople de los goznes que mueven los destinos de la política norteamericana y el impacto de las nuevas ordenanzas del presidente sobre el aparato corporativo, el pueblo estadounidense y el entramado mundial dictarán la evaluación del trabajo del mandatario entrante.

Más allá del extraordinario poder que detenta, la figura del presidente no es capaz de anular, revertir e invertir los basamentos y plataformas del sistema dentro de los Estados Unidos. Ningún dignatario ha podido hacerlo. Una bala puede encargarse de calmar los impulsos. Ya sucedió antes.

No descansa el futuro de ese país ni en sus presidentes ni en su sistema; sino en su pueblo, ese gran “gigante dormido” (para usar palabras empleadas en su momento por Napoleón, en relación con China), cuyos mejores valores habrán de despabilarse en algún momento e impugnar un orden de cosas que asfixia al planeta y a la nación del 1 por ciento contra el 99 por ciento.

El 45 pertenece a ese 1 por ciento superprivilegiado, pero de sí asusta muchísimo menos la omnipotencia de su dinero que la precariedad de su universo moral, su orfandad intelectual, desconocimiento histórico, serias limitaciones espirituales y tan innato desdén por el resto de los mortales.

Que un espécimen semejante, rodeado de quienes le ha venido en gusto aparejarse (halcones, injerencistas, belicistas, multimillonarios envanecidos y soberbios igual que él), tenga en su poder la maleta nuclear y estrene su mandato en plena beligerancia con China, el país más poblado y de mayor empuje económico anual del universo, no resulta presagio favorable.

Pero, igual, habrá que esperar a ver si es un esquizoide o un estratega, ambas cosas o nada, simplemente nada.

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