Eduardo García Delgado: primer mártir cienfueguero de Girón

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Sepelio del joven cienfueguero Eduardo García Delgado. Sobre su féretro, la bandera y un fragmento recortado de la puerta sobre la que escribió con su sangre el nombre de Fidel.
Sepelio del joven cienfueguero Eduardo García Delgado. Sobre su féretro, la bandera y un fragmento recortado de la puerta sobre la que escribió con su sangre el nombre de Fidel.

Recordamos el 13 de octubre el nacimiento, en 1937, en una casa humilde en las inmediaciones de la Base Naval de Cayo Loco, en Cienfuegos, de Eduardo García Delgado. Allí estaba la casita en que vivieron sus padres y sus otros ocho hermanos: siete varones y dos hembras. Eduardo, que era el menor de todos, fue el primero en morir. Apenas tenía 25 años.

Como la situación económica familiar era difícil porque en Cienfuegos no había trabajo, no había fábricas grandes, solo los llamados “chinchales” de elaboración casera de distintos productos: tabacos, escobas de guano, caramelos, sombreros, ropa, calzado criollo, chancletas de palo, algunos talleres de mecánica, de fundición, y eso sí muchas tiendas de comestibles, ropa y otros productos, farmacias… El trabajo de la agricultura era mal pagado, y constituía la la principal fuente de ingresos para la economía cienfueguera porque la compañía eléctrica, de teléfonos, combustibles y el transporte estaban en manos norteamericanas que tenían sus empleados de élite, fijos, de muchos años; así que para la mayoría de las familias cienfuegueras era difícil ganarse el sustento de una familia numerosa. Por eso los jóvenes iban a La Habana a ver si en la Capital tenían mejor oportunidades. Así hicieron Eduardo y uno de sus hermanos mayores, Osiris; y allí trabajaron en cualquier cosa que se presentara para poder ayudar a la economía familiar. Entonces, triunfó la Revolución.

La hermana de Eduardo, Cándida, recuerda que por esos días él le escribió: “Mi hermana, tú verás que ahora todo va a cambiar porque Fidel dice que esta Revolución es para los pobres…”. Y para defenderla, Eduardo se unió a las Milicias Nacionales Revolucionarias en 1959, poco después lo enviaron a la Escuela de Instructores Revolucionarios. Como allí él leía la prensa y la comentaba con sus compañeros, empezaron a llamarlo “el profe”. Luego, fue a la Escuela de Artillería y se graduó de artillero antiaéreo. Lo nombraron Instructor Político de la Artillería en el campamento habanero de Ciudad Libertad.

Fue entonces que llegó el trágico amanecer del 15 de abril de 1961. La noche del día 14 Eduardo debió salir de pase de la escuela, pero uno de sus compañeros, de apellido Gándara, le pidió que se quedara por él para poder darle una vuelta a su esposa y a su hija que estaba enferma, y Eduardo que era un excelente amigo, lo complació y cambió el pase. Por eso dormía esa noche cerca de la pista de aviación que fue bombardeada por aviones del Imperio con insignias cubanas pintadas en sus alas y cola, para destruir nuestros aviones en tierra. Era el inicio de la agresión mercenaria por la bahía de Cochinos, y del desembarco por Playa Larga y Playa Girón dos días después.

Al despertar con la explosión de las bombas y el ametrallamiento, Eduardo salió a ocupar su puesto en las baterías antiaéreas, conocidas por “cuatro bocas” por igual número de tubos de fuego. Corriendo se dirigía a su pieza cuando un rocket lo alcanzó hiriéndolo de muerte. No había cumplido sus 23 años de edad.

Con la sangre que manaba de sus graves heridas, antes de exhalar el último aliento, Eduardo García Delgado escribió con sus dedos empapados de su sangre generosa, un nombre muy querido para él: escribió el nombre de Fidel.

Luego, el Poeta Nacional, Nicolás Guillén, eternizó su gesto de amor y fe y cantó:

“Cuando con sangre escribe: Fidel / ese soldado que por la Patria muere /   no digáis miserere: /   Esa sangre es símbolo /   de la Patria que vive…”

Así resulta con todos los héroes y mártires de la Patria: se les recuerda eternamente y se les quiere con agradecimiento y emoción.

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