¿Dulces caseros: otra manera de producir arte?

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Póster de la exposición. /Diseño: Camilo Villalvilla

Desde hace varias décadas el arte dejó de ser ese proceso lineal donde el creador propone sus obras y el espectador lo intenta disfrutar desde el entendimiento que estas le provocan. Hoy el artista quiere humanizar aún más sus propuestas, quiere alejarse de ese distanciamiento que existió en épocas antiguas.

Dulces caseros, exposición de la Galería Mateo Torriente de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (Uneac), viaja felizmente por esa cuerda.

“Cada uno insiste en las marcas de sus relatos visuales y han elegido para la ocasión aquellos postres que mejor traslucen sus entibos creativos y sentimentales (…) Esta muestra denota el principio de entrecruzar el arte con la realidad, los sutiles vínculos que pueden establecerse entre la expresión social de las artes y la naturaleza privativa de sus cultures”, aseguró Jorge Luis Urra Maqueria, crítico de arte y curador de la misma.

Una de las obras en la exposición. /Fotos: de la autora
Una de las obras en la exposición. /Fotos: de la autora

Desde una mirada diversa Vladimir Rodríguez, Juan Karlos Echeverría y Camilo Villalvilla tramitan sus inquietudes comunicativas para dejarnos entrever su concepción particular del contexto, del humanismo y de las figuras públicas. La mayoría de las obras expuestas pertenecen a series en construcción, que evolucionan y crecen en el tiempo.

“Todas ellas poseen cierto cuestionamiento, tienen una visión crítica de la realidad, no de una manera directa, sino desde cierta sutileza, con un sentido simbólico, mientras otros prefieren la poesía de lo cotidiano, aunque sí está la recurrencia al futuro en ellas”, agregó Urra Maqueira.

Dulces caseros como la natilla, el casquito de guayaba con queso y el tradicional pirulí no solo abrieron el apetito de quienes compartieron la apertura del espacio, sino que fueron el puente entre el artista y el público más allá de la intervención o no, del discurso visual en sí mismo.

Ello nos hace recordar aquellas palabras de André Malraux que decían algo así: toda obra de arte es la lucha entre una forma en gestación y una forma fijada. Quizás por eso siempre queda mucho por decir, ahora el cómo decirla pasa por el ingenio de cada cual.

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