Dos premios para Fifi

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La noticia no lo es: la destacada dramaturga cienfueguera Fifi Cosme ha alcanzado este año dos importantes premios por su labor: el “Raúl Gómez García”, al que pueden concurrir con sus obras los miembros del Sindicato de la Cultura, y el “Rubén Martínez Villena”, concurso de concursos, en el que participan los ganadores de las restantes citas anuales.

“Gané ambos concursos con ‘Pelonia’, un cuento infantil. Trata sobre el destino de Barbabiruta, un carpintero que sueña con construir un país para que encuentren en él su patria los juguetes y los personajes de los cuentos”.

Basta una mirada a la historia contada para comprender cuánto valor encierra, por su carga emotiva y educativa, por el uso de las técnicas narrativas, el manejo de las anécdotas, y el tacto para mezclarlas con elementos mitológicos, para el crecimiento de su tema principal, así como el acierto y fluidez de la prosa.

No es un concurso fácil…, le comentamos.

“Según tengo entendido, el total de obras presentadas a los 16 concursos fue de 4 547 en todos los géneros, y de ellas, 175 llegaron a la edición 30 del ‘Villena’ “.

Es el concurso de tu sindicato. ¿Habías participado en otra oportunidad?

“No, es mi primera vez”.

En otras oportunidades, sin embargo, te hemos entrevistado para estas mismas páginas, motivados por otros premios…; me gustaría que refirieras los más importantes.

“En el ’96 obtuve un premio nacional con ‘Saltimbanqui’, en el ’97 con ‘Pompa’, y en el ’98 con ‘Fuatee’. Todas obras de teatro que se han publicado en forma de libro y han sido llevadas a escena por agrupaciones de aficionados y profesionales”.

¿Y el Mercedes Matamoros? Recuerdo un año en que coincidiste…

“Fue una gran sorpresa, porque es un certamen al que se concurre con seudónimo; de manera que, cuando se comenzaron a abrir los sobres en el acto de premiación, resultó que había sido agraciada Poesía Infantil, Cuento y Teatro. Ese mismo año obtuve una mención en el Premio de la Ciudad”.

Hay que decir que Josefa Cosme lleva ejerciendo la enseñanza artística toda una vida. En su papel de metodóloga de teatro, había tomado parte en la preparación de varios cursos de titulación para instructores, hasta que se crea la Escuela de Instructores de Arte, donde finalmente imparte los talleres de apreciación que reciben los alumnos de otras especialidades, junto a la asignatura de Dirección, Actuación y Dramaturgia, imprescindible a quienes cursan con su especialidad.

“Creo que todas estas alegrías que son las distinciones están bien, pero mi mayor satisfacción es saber que los estoy ayudando a encontrar un entendimiento más profesional de la vida” -dice.

Y esa es la ruta que sigue la entrevista: la que ha sembrado a esta señora en el panorama cultural cienfueguero: el trabajo desinteresado con niños.

“Arlequín surge hace ya 28 años (de los 30 que cumplo de vida artística). Pretendía que ocupara mis ratos libres, y terminó acaparando una parte muy importante de mi ser, porque su propia naturaleza ha permitido que nunca haya quedado en el aspecto creativo, en la puesta en escena de piezas teatrales, o en la concepción y realización de espectáculos musicales…; me parece más importante su aporte real (si es que he hecho alguno) a la vida de sus miembros, el haber facilitado su orientación profesional, la realización de su sensibilidad individual…

“Hay que ver cómo ellos disfrutan, haciendo a su edad, ‘una cosa seria’, bella, digna; cómo se sienten las familias. Claro que no cobro nada, nunca lo he hecho. Este no es un proyecto como ‘La Colmenita’ u otros, que tienen un presupuesto y un respaldo material…, nosotros avanzamos sin logística, sin transporte, sin local de ensayo. Ahora nos han facilitado un espacio en el ‘Guanaroca’ cuando termina la función, y para aprovecharlo tengo que robarle tiempo a las cosas de la casa, desplazarlas hacia las hipotéticas horas de descanso; pero no me importa, siempre que pueda estar con ellos”.

¿Quizás tenga que ver con esta entrega su propio inicio en el arte?

“Desde niña sabía que iba a entregarme a la escena. Estudié piano en el Conservatorio Castiñeira, aquí en la ciudad; escribí poemas; modelé trajes infantiles en una pasarela que se montaba en el hotel Jagua; después bailé en carrozas, comparsas, y con un combo que hubo aquí, que se llamó ‘Medicaba’ (allí coincidí con Felipón, que ahora en Ecos); todo eso de niña… Y finalmente me gradué en la primera escuela de instructores, ocupando varias labores directivas que me impulsaron a buscar una manera adicional de expresar mis inquietudes creativas. En ese momento es que nace ‘Arlequín'”.

Bastarían la cantidad de antiguos miembros de “Arlequín” que hoy cursan diversas carreras relacionadas con la actuación, la instrucción o la dirección teatral, y los actores que hoy suben a las tablas con el “Centro Dramático”, “Retablo” y otros, para hacerse una idea de las huellas de la Compañía; sin embargo, hay que añadir que la institución ha participado en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (1978), y ahora, en el 2004, en el VIII Festival Mundial de Teatro Amateur. En el primero de los casos, codeándose con artistas de todos los continentes, y en el segundo, compartiendo con colectivos de 20 países. Ha presentado sus obras, incluso, en la sala Avellaneda del Teatro Nacional, con muy buena crítica, y han ocupado un lugar cimero en el Festival Nacional de la Unión de Pioneros, organización ésta que los invitara a su Congreso. También participaron en dos de las versiones del encuentro Infancia, Arte y Comunidad, y en la filmación de una película de Jean Paul Belmondo.

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