Dos días antes de la Victoria

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La batalla de Santa Clara, la de Yaguajay, la de los alrededores de Santiago de Cuba, todas ellas, de 1958, pero como las del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, se hicieron leyendas. /Foto: Internet

Para este día 29 de diciembre de 1958 en toda la Isla, especialmente en las provincias de 0riente y Las Villas las poblaciones menores y las ciudades van liberándose de distintas maneras, pero implacablemente, una tras otra.


Las noticias del día 28 de que la columna del Che había comenzado su ataque a la sitiada Santa Clara, hacía que el tirano ordenara el despacho de un tren blindado para apoyar a esa ciudad del centro cubano. Che anota en su diario:  “No existen líneas de fuego determinadas, esto es más o menos teórico.  Ningún cartógrafo podría señalar la línea que separa a soldados y rebeldes.  Hemos roto el cordón defensivo del Coronel Casillas Lumpuy, el asesino de Jesús Menéndez en 1948, nos hemos metido dentro de su casa, y casa por casa vamos luchando”. Las tropas del Directorio Revolucionario atacan y toman el cuartel de “Los Caballitos”, como se conocen a los policías de perseguidoras y motos, que están a la entrada de la ciudad.  Van aproximándose al centro de la ciudad, lo que hace más difícil a la aviación bombardear las posiciones rebeldes. El pelotón de Rogelio Acevedo toma la Cárcel y la Audiencia, dos edificios fuertes. El grupo de Rivalta llega al barrio de El Condado donde es agasajado por los vecinos. La gente les lleva agua, café dulces, para los rebeldes. El pelotón de “El Vaquerito” toma la estación del ferrocarril y dirige el combate contra la jefatura de policía, y aunque este muchacho guapísimo caerá abatido, sus hombres entrarán a ese enclave a través del derribo de paredes de los inmuebles circundantes que han ido abriendo en boquetes de casa en casa.

Las tropas del Che han entrado a Santa Clara por el nordeste, desde Placetas, yendo por caminos intrincados que va señalando el geógrafo Antonio Núñez Jiménez.  Desde la Universidad de Las Villas, donde Che estableció su primer comandancia, aunque dirige las operaciones desde la marcha, van entrando a la ciudad, después de ascender la leve loma del Capiro donde el enemigo tiene un fuerte destacamento que es derrotado y huyen amparándose en el tren blindado que tienen en la ladera opuesta, al fondo, pero ya Che ha previsto su descarrilamiento, arrancando los carriles de las vías, que sucede  a apenas dos cientos metros de donde el Che tiene su segunda puesto de mando, en el edificio entonces de 0bras Públicas, hoy sede del Partido Comunista de Cuba en esa ciudad. El tren es capturado con su carga de armas en cantidades enormes. El pueblo ha ayudado en la fabricación de cocteles Molotov, esas terribles botellas con gasolina, aceite y una mecha que servirá para sacar a los soldados de los vagones derribados del tren blindado que el Che descarriló. Las chapas de acero del blindaje operan como un horno recalentado con las llamas de los cientos de botellas incendiarias. Varias de las armas pesadas capturadas en el tren blindado son enviadas a Camilo por orden del Che, y con ellas terminará de tomar el fuerte cuartel de Yaguajay.

Muchos caen en todas partes. Nuestros héroes sacrifican sus vidas, inmolándose en las batallas decisivas, para que la Patria viva. ¡Qué entrega inolvidable!

La batalla de Santa Clara, la de Yaguajay, la de los alrededores de Santiago de Cuba, todas ellas, de 1958, pero como las del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, se hicieron leyendas.  Era la Revolución, sus hijos más queridos, batiéndose heroicamente, atacando, triunfando a un costo alto, era la muerte que podía caer sobre cualquiera en cualquier momento.

La lucha feroz en los días 29, 30 y 31 de diciembre en todo el país fueron claves para la victoria.

En La Habana los grupos clandestinos mantenían en constante zozobra a los cuerpos represivos que no podían descansar ni un minuto, y ante todas estas informaciones, el tirano Batista prepara su fuga en silencio.

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