Dos anécdotas, sobre el nacimiento y muerte de Fidel

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El nacimiento lo relata la joven periodista y poetisa cienfueguera, Melissa Cordero Novo, que estuvo allá en Birán, y relata…

“La tormenta estaba por tragarse la noche, no eran horas para andar sola por el campo, mucho menos con unos cuantos meses de embarazo dentro del vientre. Pero Lina no entendía de estas razones, ella era la rebeldía misma en Birán… Llegaría a casa en unos minutos, pero el equino se asustó con los truenos y en una peligrosa maniobra cayó al suelo en medio del temporal. A la criatura no le sucedió absolutamente nada. Pero sería ese uno de los partos más difíciles en la familia Castro, por el tamaño del feto, pero el muchacho nació saludable. Desde aquel entonces, Lina, su madre, lo llamó: “el caballo”…

“Esta fue una de las primeras anécdotas que nos contaron cuando llegamos a Birán una mañana, con deseos inquietos por conocer los misterios que guarda. El paisaje es sorprendente, un pequeño oasis en medio del campo, un batey que llegó a tener 26 construcciones (…) y la excelente conducción de Ángel Castro, el padre…

“Y una se queda perpleja, en silencio, entre tanta historia y tanta magnificencia y quiere recorrerlo todo de una vez e imaginar ese paisaje mas de ocho décadas atrás. No es difícil, los pasos, los de todos, están grabados en el aire, saben a 1926 y tienen su espacio en la madera de cedro, junto a la casa, por debajo de los retratos, sobre las escaleras. Las nubes son las mismas, los recuerdos están pintados en lontananza, de un color que huele a libertades…

“El recorrido por Birán se nos terminó demasiado rápido, fue cuando nos dimos cuenta de que Birán es un instante sacro, es el vientre bendecido, la esperanza escuchada a través del llanto de un niño. Birán es el pedazo de tierra que se abrió en dos porque las entrañas de una madre eran demasiado pequeñas para concebir a un gigante…”.

Pasaron los años y llegó el día aciago, ya Fidel convertido en eterno Padre de América y de la humanidad doliente. Y ese día, entre muchos, otro periodista, Jorge Luis Cruz Bermúdez, esta vez del periódico ¡Ahora!, de Holguín, la provincia natal de Fidel, escribió:

“… Nunca conseguí verlo como el presidente del país, pues a los presidentes de los países no se les suele buscar un lugarcito en el altar al lado de la Virgen de la Caridad del Cobre, ni se les desea salud los fines de año, como a un miembro más de la familia, ni se le encienden velas “para que le dé claridad ante los americanos”, como decía mi abuelita, la principal causante de que yo lo convirtiera en mi propio Robin Hood desde que tenía cinco años. Tal vez por eso el fidelismo en mí sea una religión sin fecha fija de bautismo. Una fe profesada y compartida hasta por quienes, tal vez, nunca lleguen a entender del todo, qué hacía el hijo del hacendado de Birán, el abogado de los Castro, el heredero del patrimonio creado por Ángel y Lina, haciendo una Revolución para los pobres de la Tierra, con quienes quiso su suerte definitivamente echar (…). Por eso, cuando una llamada me arrebató el sueño de la madrugada para darme la noticia para la cual jamás me preparé, salí al balcón a coger aire, y también a hacer lo que dicen que no hacemos los hombres, justo antes de sentarme a escribir esta crónica que debía terminar así:

“Embarca nuevamente en el Granma, Comandante, y haz el viaje que tengas que hacer. Navega contra corriente, como te gusta. Ahh, y no te preocupes por nosotros. Después de todo, las cosas por acá abajo, no cambiarán mucho: tú, para nosotros, seguirás vivo, y yo te seguiré queriendo…

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