¿Diferente de qué?

0
219
La Licenciada Minerva Cabrera Soriano le atribuye vital importancia a la educación de la familia en fomentar sentimiento de inclusión y diversidad. /Foto: Efraín Cedeño

Angelito vivió una infancia prejuiciada e infeliz. Desde que inició su etapa escolar en la primaria sus compañeritos del aula lo señalaron de “diferente”. A medida que pasaban los cursos y se hacían mayorcitos, los varones lo convertían en centro de sus burlas y escarnios, y evitaban su incorporación a los juegos del grupo.

A veces, Angelito encontraba un poco de asidero en la compañía de las niñas, y hasta sentía determinada afinidad por el comportamiento y hábitos femeninos. En ese ambiente discriminatorio creció el muchacho, sufriendo las consecuencias de una orientación y preferencia sexuales distintas. La frustración fue tal, que sus sueños de seguir estudios superiores se vieron truncados por temor a convivir por tres años internado en un preuniversitario en el campo.

Káterin padeció aún mayor humillación. Cuando su padre se percató que vivía bajo el techo con una hija lesbiana, no solo la expulsó de la casa, sino que la enterró en vida por ser para él, “diferente”. La joven solo pudo encontrar cobija y apoyo espiritual en amistades comprensivas que le tendieron la mano cuando más lo necesitó.

Historias como las de Angelito y Káterin, desgraciadamente no son traídas por los pelos, ni mucho menos alejadas de la realidad. Ellos como muchos otros fueron víctimas de prejuicios de épocas y sociedades en las que les tocó vivir bajo el signo de la intolerancia. Ambos no fueron responsables de venir al mundo en cuerpos equivocados.

El 17 de mayo de 1990, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) elimina la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales. Se inicia desde entonces la justa vindicación social y empiezan a sumarse en todo el mundo voces y acciones para denunciar la discriminación de que son objeto las personas homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales, para hacer valer sus derechos como integrantes que son de la sociedad.

Desde entonces, cada año, en esa misma fecha, se celebra en todos los países del mundo el Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia, con el objetivo de sensibilizar y luchar por eliminar prejuicios discriminatorios por la orientación sexual o identidad de género.

En el Pabellón Cuba, en la capital del país, el 17 de mayo de 2008 se dio cita la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales Transexuales e Intersexuales (LGBTI). Nacía así nuestra primera jornada dedicada al tema. “Una década después, la sociedad cubana es más tolerante, respetuosa e inclusiva”, declaró recientemente a la prensa Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

La campaña educativa “Me incluyo” —que cada dos años renueva su eje temático— centra en esta ocasión en el bullying o acoso escolar homofóbico y transfóbico.

De acuerdo con la licenciada Minerva Cabrera Soriano, educadora provincial del grupo de prevención y control de las ITS y VIH-SIDA, múltiples y variadas han sido las actividades desarrolladas desde que comenzó la jornada en Cienfuegos, cuyo colofón y “plato fuerte, por así decirlo, tendrá lugar el próximo 23 de mayo.

“Ese día, precisa la especialista, tendremos una marcha por la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, desde la intersección entre San Fernando y Prado, en la capital provincial, hasta el centro recreativo cultural Tropisur. Se están convocando a las comisiones de recreación del municipio y los organismos para lograr masividad y colorido en el desfile. Estamos exhortando a que se exhiban prendas de vestir con colores alegóricos a la diversidad: naranja, rojo, azul, amarillo y verde.

“Pero antes, agrega Cabrera Soriano, comenzamos las actividades bien temprano a las puertas de la sede de Teatro A Cuestas. Aquí desarrollaremos un panel comunitario para propiciar el intercambio entre funcionarios de Educación, la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, las redes comunitarias y los proyectos que trabajan con Salud Pública.

“Ese será un escenario ideal para trasmitir experiencias, contar anécdotas personales sobre violencia y otras manifestaciones de discriminación de género u orientación sexual, pedir información…. en fin, dialogar y salir de allí más preparados y sensibilizados, tanto la comunidad LGTBI como la población en general”.

Explica la educadora que la marcha estará animada por la tradicional conga y culmina con una zarabanda organizada por activistas y promotores del Inder. Poco después diversos espacios en el Tropisur tendrán a su cargo la promoción y divulgación de mensajes antihomofóbicos, distribución de condones y pruebas rápidas de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y de VIH/Sida.

“Mientras, el propio Día Mundial contra la homofobia y la transfobia, el 17 de mayo, y en reconocimiento a más de siete años de trabajo en favor de la inclusión, por la diversidad cultural, sexual, racial, y la indiferenciación, la sede del proyecto Trazos Libres ha sido escogida para el intercambio cultural y la presentación de un programa variado de manifestaciones artísticas, incluyendo la actuación del conjunto de música campesina, cuyo sector en esa misma fecha celebra su Día también”, detalla Cabrera Soriano.

¿Cuánto hemos avanzado?

“Gracias a esa cualidad humana que nos distingue a los cubanos hemos ido ganando poco a poco, y cada vez más, en despertar un sentimiento antihomofóbico en la población, y de manera muy particular en transformar criterios y concepciones arcaicas y prejuiciadas en centros laborales y de estudio, en todos los lugares y espacios.

“Sin embargo, todavía existe resistencia al cambio de mentalidad. Por ejemplo, aunque resulte una paradoja, en el sector de la Salud todavía muchos de sus trabajadores no terminan de asimilar el concepto de la homosexualidad, no obstante el elevado número de personas que aquí laboran con diferentes orientaciones sexuales.

“Pienso que a la familia le toca desempeñar un rol fundamental, pues no puede soslayarse que ella es la fragua de educación, donde el niño nace, se desarrolla y forma sus valores, convicciones y sentimientos como el humanismo, la solidaridad y la tolerancia, premisas para lograr aceptar la preferencia sexual desprejuiciada. Del complemento de esos nobles atributos debe encargarse la escuela, con mucho énfasis en la diversidad.

“En tanto, los medios de comunicación tienen una alta responsabilidad social sobre el tema. Y no hablo solo de la promoción con sposts radiales y televisivos y mensajes educativos, sino también el debido tratamiento en los programas dramáticos, incluyendo los productos audiovisuales que muchas veces abordan el asunto de manera burda y contraproducente a la intención de incentivar el rechazo a la homofobia y la transfobia”.

Dejar respuesta