¿Dieta o consumo saludable de tecnología?

¿Dieta o consumo saludable de tecnología?

Antes de la era digital, para ignorar a alguien comprabas un periódico o una revista y comenzabas a leerlos cuando una persona te hablaba. Hoy, la tecnología nos facilita este proceso. El phubbing, combinación de las palabras inglesas phone (teléfono) y snubbing (ignorar) es cuando un individuo ignora lo que sucede a su alrededor porque presta más atención a las tecnologías. Si se prefiere, también se puede emplear ningufoneo, tal y como recomienda la Fundación del Español Urgente (Fundéu).

La generalización de esta práctica viene acompañada de la creciente utilidad de los smartphones, que solo es comparable al constante aumento de su capacidad para secuestrarnos la mente. El phubbing permite también usarlos para expresar desinterés, de la misma manera en que los audífonos se usan para “aislarse del mundo”.

Teléfono a la hora de la comida. Teléfono en el baño. Teléfono hasta en la playa. Teléfono por todas partes. Los smartphones se han convertido en una prolongación de nuestras manos. La omnipresencia de estos dispositivos en el día a día dificulta la desconexión del trabajo y de la vida digital, incluso, cuando descansamos.

Y es, además, el nuevo criterio de normalidad para la vida social del siglo XXI, según un estudio de la Universidad de Kent que atribuyó el nuevo hábito a la adicción a Internet. De tanto hacer y sufrir phubbing, las personas comenzaron a considerar dicha actitud como algo común y dejaron de ver como mala educación el hecho de ignorar a alguien.

“El phubbing se puede haber vuelto normal como resultado tanto de la conducta observada como realizada”, explicaron Varoth Chotpitayasunondh y Karen Douglas, de la Escuela de Psicología de Kent y autores del estudio. “En un ambiente donde la gente pasa constantemente de ser productor a ser destinatario de esta conducta, nuestros datos sugieren que se ve como algo corriente”.

En el phubbing se manifiesta un efecto de reciprocidad propio de las interacciones humanas y resulta tanto positivo como negativo, y tan consciente como inconsciente. Las personas “suponen que otros las ignoran del mismo modo que ellos hacen a los demás, lo cual perpetúa la conducta”, describieron los psicólogos.

Además de que, por “la frecuencia con que ocurre a su alrededor”, pueden considerarlo normal, también sucede que “en respuesta a acciones que les causan descontento, tienden a cometer un comportamiento de represalia”.

Otro estudio publicado en la revista Journal of Applied Social Psychology reveló que el ningufoneo amenaza cuatro necesidades del ser humano: el sentimiento de pertenencia, la autoestima, la existencia significativa y el control de las personas excluidas. Los investigadores apuntan que puede ser particularmente dañino.

¿Por qué no podemos desprendernos del teléfono?

Los psicólogos de Kent, identificaron una serie de factores: adicción a internet, miedo a perder algo (FOMO, por fear of missing out) y falta de autocontrol.

De acuerdo con una encuesta de Dscout, tocamos las pantallas de nuestros teléfonos una media de 2.617 veces al día. Para los usuarios más activos, el número se duplica a 5.247 toques.

Aparece entonces lo preocupante que se conceptualiza con el término nomofobia, cuya reacción inicial es el horror de tener lejos el teléfono o efectos como la ‘vibración fantasma’ en el bolsillo, que nos hace pensar que el aparato está sonando, aunque no esté ahí.

Según Data Detox, la guía creada por Tactical Tech (y avalada por Mozilla) establece cuatro indicios para reconocer que tu teléfono te tiene hipnotizado. (Infografía 1)

¿Dieta tecnológica?

A nivel global el tiempo dedicado a las redes sociales ha aumentado en promedio casi un 60% en los últimos siete años. Así lo informó la firma de investigación Global Web Index (GWI) que analizó datos de 45 de los mercados de internet más grandes del mundo y estimó que el tiempo que cada persona dedica a los sitios o aplicaciones de redes sociales pasó de unos 90 minutos por día en 2012 a 143 minutos en los primeros tres meses de 2019.

No obstante, esto varía a nivel regional y nacional. En América Latina se encuentran los mayores usuarios de redes sociales del mundo y la media de tiempo de pantalla diario es de 212 minutos.

“Los usuarios de internet ahora pasan más de seis horas en línea por día, y un tercio de ese tiempo se dedica a las redes sociales”, indicó Chase Buckle, gerente de tendencias de la compañía GWI.

Las personas entre 16 y 24 años registran una mayor actividad “en línea” con un promedio de cerca de 180 minutos en 2018. En este caso, los jóvenes argentinos tienen el índice de uso más alto del mundo: 257 minutos conectados al día.

Sobre el caso de Cuba, Carlos Ramón Sanabria, profesor de psicología de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, declaró en una ocasión a la Revista Tino, publicación oficial de los Joven Club de Computación y Electrónica, que se descarta la proliferación de una tendencia a la enajenación tecnológica, aunque dijo conocer algunos casos, pero aseguró que “hasta la actualidad este hecho no se comporta como un fenómeno social”.

También se conoció recientemente según el sitio web Cubadebate que hoy, nuestro país cuenta con 3,7 millones de líneas móviles con acceso a datos. Para conectarse a la red, los internautas cubanos utilizan los servicios de 3082 radiobases, 1513 sitios wifi y 683 salas de navegación pertenecientes a Etecsa y a particualares.

Global Web Index aclara que los datos sugieren que “muchos usuarios de internet tienen una mejor conciencia del tiempo que pasan mirando las pantallas”. Es por ello que todos los teléfonos incluyen herramientas de bienestar digital para que las personas puedan tener control sobre sus tiempos de pantalla y regularlos.

Ya el tiempo frente a las pantallas no es una costumbre, sino un estilo de vida. Así expresó un consorcio de científicos sociales y de datos en la revista Human-Computer Interaction. La frase “tiempo en pantalla”, señalaron, es demasiado amplia para ser científicamente útil; no captura ni remotamente el torrente siempre cambiante y fragmentado de imágenes que constituye la experiencia digital.

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Para construir un entendimiento más convincente de los efectos de la experiencia digital, necesitarán un registro detallado: un “pantalloma”, término adaptado del concepto de genoma, plano completo de la herencia genética de una persona. El pantalloma diario de cada individuo es igual de único, una serie secuencial e inconexa de pantallas.

Lo que sí está identificado es que el tiempo en pantalla excesivo conduce a la ansiedad o la depresión.

“Usuarios de smartphones que muestran una tendencia a la adicción al teléfono se presentan como más propensos a sufrir problemas de salud, del mismo modo que aquellos que muestran una tendencia a la adicción a internet o a los juegos”.

“La tecnología cada vez se vincula más a la ansiedad, la depresión y la distorsión de la imagen corporal. El trastorno de adicción a internet (IAD, por sus siglas en inglés) ya tiene diagnóstico médico”, dijo a la BBC Shimi Kang, doctora e investigadora canadiense especializada en salud mental para niños y adolescentes cuyo foco de trabajo es la adicción.

Al igual que hay alimentos saludables y comida basura, existen varios tipos de tecnología. Kang expresó que el cerebro “metaboliza” la tecnología, liberando seis tipos de neuroquímicos diferentes en nuestro cuerpo: (Infografía 2)

Si toda la tecnología no es igual, tampoco lo son todas las experiencias vinculadas a ella. “La tecnología saludable es cualquier cosa que nos dé ese metabolismo de la serotonina, las endorfinas y/o las oxitocinas que estimulan nuestro cerebro”, explica Kang.

En el otro extremo está “la ‘tecnología basura’ como Candy Crush, que se basa puramente en la liberación de dopamina y que la usamos cuando nos autodestruimos o cuando estamos estresados”.

De ahí la importancia de realizar una dieta tecnológica, como la iniciativa de Joan Amorós, director de la startup Mobile Free Life, quien propone que el 15 de abril sea el Día Internacional Sin Móvil por un “consumo saludable de tecnología”.

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