Dicen

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“Dicen que tal dirigente fue capturado cuando cometía este acto de corrupción”.

“Dicen que aquel dirigente está preso, porque hizo esto”.

“Dicen que este alto dirigente del país está ahora mismo en la dulcería tal y mandó a botar a todos sus trabajadores porque se robaban todo”.

“Dicen que a partir de enero por la libreta de abastecimiento serán vendidos 42 productos. En la lista de artículos normados entrarán el ron, la pasta de dientes, el papel sanitario, los jabones de lavar y de baño y otros productos del aseo”.

“Dicen que no van a vender más jabones en los mercados comerciales”.

“Dicen que van a vender miles de latas de pintura en ‘La Estrella’ y las tiendas en divisa para el fin de año”.

“Dicen que asesinaron a una familia completa y la enterraron en un patio en Tulipán”.

“Dicen que un grupo de armados asaltó a unos turistas que venían de La Habana para Cienfuegos”.

Dicen, siempre dicen. La anterior representa solo una muestra concentrada de los principales rumores propalados durante la segunda quincena de noviembre y la primera semana de diciembre en Cienfuegos. Dicen es el verbo más socorrido de la cotidianidad y puede ir aparejado —en menor grado— a la traducción de una necesidad o un anhelo colectivos o, la mayor parte de las veces, a una “bola” en fase de expansión, a un chisme que navega el río en busca de desembocar en la bahía de las certezas populares (casi siempre sin bases sólidas o, en verdad, totalmente distorsionado de la matriz real). Cuando ya el rumor del cambio de divisa ha aburrido a todos los pastores, por repetitivo y porque nunca llegó el lobo de verdad —cuando venga será informado previamente—, se acumulan infinitud de sucedáneos.

Es un tema del cual este autor ha escrito en varias oportunidades —la primera en el comentario Para neutralizar el efecto avalancha, Juventud Rebelde, 2 de octubre de 2008; y la más reciente en El rumor y el error, Granma, 5 de agosto de 2018—, pero sin solución, a ojos vistas, dentro del entramado social cubano, el cual en buena medida guarda especial predilección por una tendencia que ya es prácticamente innata en estos escenarios, aunque muchos la odiemos y por ende no la respaldemos.

Pero, cada persona es un mundo y, como dice Pablo en Yo no te pido: “si es que siempre van a hablar”. De tal, no faltará nunca el rumor, ese hijo bastardo de la falta de información fidedigna, la ausencia de preparación individual en diversos planos, la incidencia de aviesas manos detrás del pastel (hay rumores teledirigidos preparados en laboratorios, como la fiebre porcina y el dengue hemorrágico) y la ignorancia. Ignorancia no en un sentido peyorativo, sino vista desde un prisma original de “no conocimiento de un tema”.

Como siempre apunto al tratar este asunto, parte de culpa la tienen también los organismos responsabilizados con emitir informaciones a la prensa, que no lo hacen o lo hacen a destiempo. O no lo tienen permitido hacer. Sí, de acuerdo, a veces no pueden informar de cosas que solo existen en las burbujas mentales de algunas personas; pero en otras muy bien que se puede y, por disímiles causas, escabullen la información.

Consecuencia de esto: que a veces nosotros los periodistas operemos como diques contendores del rumor, aunque eventualmente ya el daño esté hecho.

Consecuencia de los rumores (o las fake news a la cubana): incertidumbre y temor en la población, evasión de la realidad. Que compren grandes cantidades de jabón y pasta sería la menos grave. Por suerte no se han agotado y hasta el paquete de papel sanitario a 24 pesos tenemos en los mercados comerciales, por primera vez en la historia. Nadie sueñe que va a suceder igual con la pintura, desaparecida hace largos meses de Cienfuegos y solo resucitada un trecho del 7 de diciembre en “Eureka” a precios altísimos.

La “familia asesinada y enterrada” supone la exageración, vox populi, del caso de un hombre en una casa de la zona del Bar Pedro, cuyo cadáver fue encontrado gracias a la acción especializada de las fuerzas de investigación policial, durante el operativo iniciado en la madrugada del 8 de diciembre.

Que a este periódico le conste, no se prevé el incremento de esa añorada avalancha de productos en la libreta de abastecimiento.

Ningún alto dirigente del país (salvo José Ramón Machado Ventura, quien focalizó su visita a la zafra, en compañía de los nuestros) arribó aquí durante la segunda quincena de noviembre y la primera semana de diciembre.

11 Comentarios

  1. Dicen por ahí… Eso siempre ha ocurrido. Antes el chivo era el cambio de moneda, con más de una interpretación acerca del posible pitcher de la bola. A veces hay bola que andan rodando hasta que finalmente alguien en un espacio X la trastoca en verídica, dejándonos entonces con la interrogante de que si es necesario esperar a tanto. Otros caminos de la bola es ser desmentida después de tanto rodar; o simplemente desaparecer. Creo que debe aclararse lo que deba ser aclarado; hay que saber distinguir entre la información esencial y la banal, porque está claro que todas las bolas no deben ser aclaradas, los medios no pueden ser cazadores de chismes. El pueblo está ávido de información siempre. Una parte porque tiene dudas reales, con sentido, sobre aspectos que influyen en la cotidianeidad; y otra parte porque siente una especie de placer aberrante al ver la bola rodar y hacer daño a su paso. Es un mundo nuevo, donde la apertura de los nuevos medios hace que las personas tengan acceso a una información que no está regulada; donde existe buena, mala y errónea información. Creo que los medios cubanos deben prepararse para esta nueva etapa que ya comenzó desde hace años. Gracias

  2. A falta de informacion oportuna surge la “bola”, “chisme” o el nombre que quieran ponerle, lo cierto es que si no se informa con veracidad, en el momento justo, nosotros el pueblo diremos lo que nos parezca o lo que alguna mente malintencionada nos susurre, seamos transparentes y evitaremos esos “DICEN”.

  3. Como se menciona en un filme memorable: “La duda puede ser un vínculo tan poderoso y sólido como la certeza”. En este sentido, los cubanos hemos vivido con la incertidumbre inyectada en las venas durante mucho tiempo. Ante la duda, no es difícil inventar historias nuevas que nos sirvan de aliciente, por un lado para divertirnos usando muchas veces las ironías, y por otro, para mantener una vaga esperanza suspendida de que todo puede mejorar. Pero lo bonito, no quita lo cortés: tenemos la certeza, que ante la duda, somos por lo general unos chismosos.

  4. Y ahora dicen que la falta de pan es por… bueno, la vox populi, vox dei… dice tantas cosas, pero la información nos está vetada. Una vez más, la culpa, la maldita culpa la tiene el secretismo.

    • Coincido. Muy oportuno. Sobre todo porque como afirma y no niega el comentario, el rumor crece. Y si nos apegamos al viejo axioma, “cuando el río suena, piedras ruedan”. Gracias.

      • Esa es la realidad del hecho, “el que calla otorga”. O en derecho el que no impugna admite, es el mismo caso del “señor de los cielos”. En eso nadie puede señalar a Fidel. Cuándo se paró ante las cámaras y desmintió a la revista “Forbes”.

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