Día Mundial de lucha contra el VIH/Sida: Antonio quiere vivir
vie. Dic 6th, 2019

Día Mundial de lucha contra el VIH/Sida: Antonio quiere vivir

Antonio recibió el otoño de 1992 con sus 25 años y una mala noticia: había dado positivo a un test del virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) . Sin embargo, no se derrumbó, marchó a un Sanatorio en Santa Clara, allí encontró amigos, músicos de una misma banda, intereses y hasta una novia que le acompañara a llevar adelante su nueva vida.

Fue la familia quien más sufrió y se resintió en sus raíces, con este cambio en sus vidas, porque entonces aún era un estigma ser portador, y al llegar a la cuadra los vecinos susurraran a sus espaldas, y hasta declinaban una invitación a café, mirando los bordes de la taza humeante.

De entonces a la fecha han transcurrido 27 años, Antonio ya no vive en un sanatorio, tiene su propia casa, una hija y un montón de sueños cumplidos y por cumplir. Ahora los vecinos, más educados e informados sobre el tema, le estrechan la mano y hasta le invitan a café con sus propias tazas.

Lucía, su hija, llegó a la vida cuando Cuba ostentaba como un hito de la Medicina, el haber eliminado la transmisión del virus madre-hijo; ella fue la confirmación de una larga lucha por la vida, y también se le apareció en un otoño de alegría, como aquel gris en el que le diagnosticaron.

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Antonio trabaja, trae el pan a casa, y su vida, peleada y conseguida a fuer de querer hacer, transcurre normal; y cada mes va en busca de sus medicamentos retrovirales, los que recibe completamente gratis de la manos de Carmen Generosa, la farmacéutica que siempre le dice: “Cuídate mijito, te espero el próximo mes”, al tiempo que le mira con ternura.

De los casi 40 millones de personas que viven en el mundo con VIH, solo unos 26 mil son cubanos, país que muestra la más baja tasa de incidencia de Latinoamérica. A estas alturas se ha logrado bajar el índice de mortalidad por la enfermedad, casi 40 años después de que aparecieran los primeros casos.

Antonio conoce las estadísticas, ya no es aquel muchacho inmaduro, que marchó un día al sanatorio con sus colegas de banda, en la creencia inocente de que harían música, y los hechos le devolvieron un réquiem con sonidos de muerte. Pero está optimista, por Lucía, por él y porque vale la pena vivir para todos los días repetir que prevenir es la única cura, por ahora.

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