Deseos y vindicación del último día para todo el año

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Óleo sobre lienzo
Óleo sobre lienzo "Martí y nosotros". Fabelo 1999.

¡Para este nuevo año bajaré de peso!, ahora sí que haré la dieta; dejo de fumar en cuanto comience enero; voy a llenar una alcancía para la graduación de mi hija y ¡solo restan seis meses!; tengo que correr; no dejaré ningún trabajo en agenda ni en audio sin escribir; me haré un chequeo médico e iré al oftalmólogo, sin falta, en cuanto pasen las fiestas… Estas son mis utopías, lejanas y cercanas, para tratar de realizar en el próximo año, ese que no está en el calendario y nunca llega, si me atengo a los incumplimientos personales, aquellos que se postergan y ya no sé cuál será el año cero, en el que se realicen.

Tengo esa manía de pasar balance y hacer promesas cuando se acaban los 365 días del año y la tierra comienza su nuevo ciclo de girar alrededor del Sol. Este ha sido duro en el plano colectivo, como grupo humano, país, global. Las escaseces se han hecho más abundantes, y las miserias humanas se enriquecen cuando algunos seres tienen sentimientos negativos como la envidia, los celos, las ojerizas, esas que ni debieran existir cuando comprobamos lo corta que es la existencia.

Pero por sobre todo lo oscuro se hace la luz. Este pueblo inmenso que es el cubano, se ilumina con la solidaridad y ese espíritu de abrirse camino allá en los mismos confines de la Tierra.

Me permito citar a José Martí, en ese artículo que ha devenido clásico sobre la defensa de los cubanos —Vindicación de Cuba—, cuando un periódico de Filadelfia, allá por 1889, ofendió a los cubanos. Ripostó Martí en su réplica, publicada en The Evening Post, de New York:

“No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, justo con los demás pueblos de la América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores.

“Los cubanos, dice The Manufacturer, tienen ‘aversión a todo esfuerzo’, ‘no se saben valer’, ‘son perezosos’. Estos ‘perezosos’ que ‘no se saben valer’, llegaron aquí hace veinte años con las manos vacías, salvo pocas excepciones; lucharon contra el clima; dominaron la lengua extranjera; vivieron de su trabajo honrado, algunos en holgura, unos cuantos ricos, rara vez en la miseria; compraron o construyeron sus hogares; crearon familias y fortunas; gustaban del lujo, y trabajaban para él: no se les veía con frecuencia en las sendas oscuras de la vida: independientes, y bastándose a sí propios, no temían la competencia en aptitudes ni en actividad: miles se han vuelto a morir en sus hogares: miles permanecen donde en las durezas de la vida han acabado por triunfar, sin la ayuda del idioma amigo, la comunidad religiosa ni la simpatía de raza. Un puñado de trabajadores cubanos levantó a Cayo Hueso. Los cubanos se han señalado en Panamá por su mérito como artesanos en los oficios más nobles, como empleados, médicos y contratistas. Un cubano, Cisneros, ha contribuido poderosamente al adelanto de los ferrocarriles y la navegación de ríos de Colombia. Márquez, otro cubano, obtuvo, como muchos de sus compatriotas, el respeto del Perú como comerciante eminente. Por todas partes viven los cubanos, trabajando como campesinos, como ingenieros, como agrimensores, como artesanos, como maestros, como periodistas. En Filadelfia, The Manufacturer tiene ocasión diaria de ver a cien cubanos, algunos de ellos de historia heroica y cuerpo vigoroso, que viven de su trabajo en cómoda abundancia. En New York los cubanos son directores en bancos prominentes, comerciantes prósperos, corredores conocidos, empleados de notorios talentos, médicos con clientela del país, ingenieros de reputación universal, electricistas, periodistas, dueños de establecimientos, artesanos. El poeta del Niágara es un cubano, nuestro Heredia…”.

Y es entonces cuando me gustaría también vindicar a mis coterráneos, un pueblo con mucho potencial para hacer de este país uno próspero, organizado, productivo…, donde el hombre goza de la dignidad humana como principio, y conminarlos a empinarse en 2019, hacer de las promesas personales un compromiso, ese que se hace mayor y plural, porque lo tenemos con la Patria.

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