Desde el desierto, un canto a la reflexión y la sensibilidad
jue. Dic 12th, 2019

Desde el desierto, un canto a la reflexión y la sensibilidad

La nueva edición cubana de Palabras de Caramelo, llegó hasta las librerías nacionales en octubre de 2018, con el sello de la editorial santaclareña Sed de belleza./Fotocopia: Delvis Toledo

La nueva edición cubana de Palabras de Caramelo, llegó hasta las librerías nacionales en octubre de 2018, con el sello de la editorial santaclareña Sed de belleza./Fotocopia: Delvis Toledo

En el ámbito intrafamiliar actual, una de las actitudes en extinción entre padres e hijos, es la lectura de libros, cuentos o anécdotas, que enriquecen el imaginario de los niños durante sus primeros años. La costumbre de leerles historias cortas, tiene una importancia vital a la hora de establecer en ellos las primeras reflexiones ante circunstancias determinadas de la vida, incitándolos a escudriñar respuestas esmeradas.

Textos con las características de Palabras de Caramelo (2002) del escritor valenciano Gonzalo Moure Trénor (1951), son los que no deberían faltar en las mesitas de noche de nuestros infantes, listos para ser leídos en beneplácito con madres, padres u otros miembros familiares. La nueva edición cubana del libro, llegó hasta las estanterías en octubre de 2018, a manos de la editorial santaclareña Sed de belleza, con una muy bien cuidada impresión.

Gonzalo Moure –escritor con una trayectoria considerable y diversos premios en el ámbito de la literatura infantil─ lleva a sus jóvenes lectores hasta el ambiente hostil del inmenso Sahara. Allí, siguiendo los gestos de un niño de ocho años, sordomudo, plasma –en detrimento de la funesta realidad de su pueblo nómada─ los más emotivos sentimientos de amistad y ternura entre ser un humano y los animales.

“El niño se llamaba Kori, aunque no podía saberlo porque no oía nada. Veía mover los labios a sus padres, a sus hermanos y a todos los que conocía, aunque no era capaz de traducir aquellos movimientos a ningún sonido. Pero veía que sus labios se abrían, se ponían redondos, e inmediatamente aparecían sus dientes”.

En este pequeño fragmento inicial del relato, quizás radique uno de los valores más sencillos y a la vez profundos del texto: la manera en que Trénor se las ingenia para transformar el impedimento físico del chiquillo, en un puente para esquivar el gran muro de la ausencia lingüística oral. El chico comprende su nombre a partir de la ejecución de la forma que adquieren los “Labios redondos, Boca estirada” de los adultos, que da como resultado: “Ko-ri”.

Es así como el literato –con la supresión del lenguaje hablado en su protagonista─ crea un vínculo muy noble entre el niño y una cría de dromedario. “Kori creía que los camellos también hablaban, porque movían los labios como las personas. No sabía que estos animales tragan primero todo lo que les cabe en el estómago, luego lo devuelven a la boca y los van rumiando poco a poco”.

Constituye una historia inspirada en una anécdota real, según la experiencia personal del autor y de su “enamoramiento por un pueblo que, con paciencia y sin violencia, lleva años viviendo en el peor desierto del mundo para tratar de ganar el derecho a tener su patria. Y si amo al pueblo saharaui es, sobre todo, gracias a sus niños, que conservan lo mejor de la infancia (…)”, confirmó en reciente entrevista.

Los lectores más jóvenes de Palabras de Caramelo se identificarán con el pequeño, y mientras avanza la lectura vivirán su amistad junto al “dulce” camello, y por ventura, ya en el desenlace, serán capaces de formularle preguntas sugestivas a sus padres al respecto. Será entonces, cuando de veras comenzarán a conocer y comprender las rudas costumbres del pueblo saharaui, oriundo de una tierra en la que los vegetales apenas pueden medrar, y donde la ingesta de carne es casi el único sostén de las comunidades nómadas.

Asimismo, en el final de Palabras… habrá que tomar una postura necesaria, que se inclinará hacia el lado correcto, si los lectores valoran el texto desde todas las aristas.

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2 comentarios en “Desde el desierto, un canto a la reflexión y la sensibilidad

  1. Gracias a usted por ofrecer este libro; no solo a los niños, sino a todos aquellos que somos un poco más grandecitos, y que disfrutamos igualmente con cada palabra inocente, aventura, cada viaje…
    Con la literatura infantil me sucede algo peculiar: retorno a ella cada vez que puedo, porque siento que vuelvo en el tiempo, y eso me complace.

  2. Muchas gracias, Delvis, por abrir la puerta de tus lectores a Kori, y al pueblo saharaui, que tanto le debe ya a todos los cubanos. Ambos pueblos, que se aman tanto que hay en los campamentos multitud de “cubarauis”, chicas y chicos que completaron sus estudios, desde primaria hasta la licenciatura. Ambos pueblos son un ejemplo vivo de resiliencia, de resistencia ante el imperialismo. Y mi pequeño libro es una metáfora de esa lucha diaria: la palabra se abre paso incluso en medio del silencio.

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