Deportista por cuenta propia

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Con sus 70 años a cuestas, Cuco sostiene que el ejercicio físico es la fuente de la vida, y aunque nunca ha sido oficialmente un deportista, se entrena casi a diario para que -como afirma rotundamente-, “el cuerpo se sienta bien consigo mismo”.

A las luminarias del deporte sólo le une su nombre de pila, el cual comparte en casual coincidencia con el basketbolista cubano Félix Morales, porque aun cuando su existencia toda ha estado ligada a la práctica de diversas disciplinas, nunca ha integrado equipo alguno ni participado en competencias, para convertirse en una especie de deportista por cuenta propia.

Si lo cotidiano le reclama obligaciones, casi siempre domésticas, propias de un jubilado y posterga su práctica diaria de ejercitación, no tardarán en aparecer dolores musculares, trastornos digestivos, decaimiento y hasta algún que otro desajuste del sistema nervioso, en fin, todos los achaques que una persona de la tercera edad puede estar propensa a padecer.

Se molesta cuando alguien se atreve a calificar sus sesiones de entrenamiento como “una bobería”, porque sólo años de estudio y la búsqueda de materiales instructivos le han proporcionado la experiencia que enarbola para establecer sus propios sistemas de práctica.

Algunos jóvenes le visitan de vez en cuando para pedirle “consejos calisténicos”, conocedores de que Cuco es capaz de atreverse a establecer un programa de ejercicios de acuerdo con las características y potencialidades de cada cual, apoyado en su propia experiencia y, por supuesto, en un enjambre bibliográfico sobre el particular.

Como cualquier niño, jugó pelota en calles y solares de su natal Cienfuegos, y de joven y adulto practicó la natación, la caza deportiva, cancha, remos y hasta kayak, nada menos que en una canoa construida por manos propias junto a su amigo Orlando Gamio, con la cual después de sortear algunas dificultades, recorrió la bahía sureña en incontables ocasiones.

Pero fue y es el levantamiento de pesas el gran amor en la vida deportiva de este hombre, que se resiste a los años y asienta su bienestar en el movimiento de los músculos, y aunque en la palanqueta ya no carga la misma cantidad de kilogramos de hace 40 años, todavía está moderadamente activo en su repertorio de ejercicios.

En su familia hay quien lo califica de loco cuando aprovecha cualquier oportunidad para poner en movimiento su cuerpo, ya sea mientras espera que hierva la leche, cuele el café o escucha sus lecciones de Inglés, momentos que emplea en fortalecer la presión de las manos, ejercitar cuello, brazos o piernas.

Ahora se empeña por despertar en su nieta de ocho años el gusto por la práctica deportiva, al tiempo que le sugiere algunas técnicas de defensa personal para ayudar a su tímido temperamento, ya que con sus dos hijos no consiguió nada serio en la materia.

Porque para Cuco no significa nada que el varón reme un poco y nade mejor, mientras le sugiere actividad muscular a la hembra, quien elude todo lo que a la práctica física se refiere. Ella prefiere ejercitarse con las letras, tal y como lo hace ahora, cuando escribe de su padre.

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