De pie sobre la hierba: antología poética de José Ramón Muñiz
lun. Oct 14th, 2019

De pie sobre la hierba: antología poética de José Ramón Muñiz

Visita de José Ramón Muñiz a la Escuela Normal de Cienfuegos./Foto: Tomada de Internet

Visita de José Ramón Muñiz a la Escuela Normal de Cienfuegos./Foto: Tomada de Internet

Ediciones Mecenas, el principal sello literario de Cienfuegos, ha emprendido durante los años más recientes plausible trabajo de investigación en derredor de zonas opacas o escasamente visibilizadas de la historiografía y la cultura locales. Tal quehacer habla del interés de dicha casa y de su ente gestor, el Centro Provincial del Libro y la Literatura, por poner a dialogar voces y escenarios reclamantes de tal acción de salvaguarda, con el apreciable objetivo de surecepción/conocimiento por las actuales y futuras generaciones.

En tal enfile se inscribe el volumen De pie sobre la hierba: antología poética de José Ramón Muñiz, a la venta en la red de librerías de la provincia tras su presentación en la reciente Feria Internacional del Libro.

El material de 82 folios, editado por Carmen Capdevila Prado y según diseño de Roberto C. Berroa Cabrera, es un poemario contentivo de 35 obras, divididas en varios segmentos, a saber: Mar de luna, Humedad luminosa, Ilia Mary, Ciénaga, Voces del camino y Poemas sueltos.

El autor aguadense (1910-2001) resulta aludido, básicamente, en virtud de su canción Luna cienfueguera, suerte de himno identificador de esta ciudad; si bien el resto de su ejecutoria era hasta ahora, en buena medida, presa del desconocimiento del público mayoritario. De tal suerte, los poemas seleccionados para el volumen constituirían, para muchos, un primer acercamiento a la labor en el género del creador.

Cual tiene a bien consignar en la contraportada su editora, la cara Carmita Capdevila, el vate y compositor fundó la revista Germinal en su Aguada de Pasajeros; y además estuvo vinculado al movimiento cultural del Ateneo de Cienfuegos, que para 1950 le otorga su Diploma de Honor.

En 1988 le publican en los Estados Unidos -donde radicó desde 1980 hasta su deceso en 2001-, una Antología poética.

Varios de los trabajos escogidos para De pie sobre la hierba…forman parten de los tres poemarios esenciales del ganador del Primer Premio Flor natural, convocado por el certamen internacional del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos.

La selección de los poemas integradores del libro corrió a cargo del poeta José Miguel Gómez Cruz, quien -como parte de su quehacer en el Centro de Promoción Literaria Florentino Morales durante el primer lustro del actual siglo- los recopiló y jerarquizó a lo largo de dos años de investigación, lectura y decantación.

El prólogo del volumen, también firmado por Gómez Cruz, establece que la del estudiado representa una poesía con notable protagonismo de la imagen local, con mucha pasión por su suelo.

Reza uno de los párrafos introductorios del antologador que “Muñiz se coloca en posición humilde siempre. Su visión es limpia y asociativa. Su escatología no va más allá del sudor y la vejez, y la relación apelativa de sus imágenes va desde las palmas y el vacío de las redes hasta el cóndor y los puertos cienfuegueros”.

Aprecia además que la “presencia elemental de Dios es una característica de toda su poesía. Su misticismo es contemplativo, y es fuente y final esperado de sus definiciones filosóficas y de su autorreflexión. La contemplación establece la distancia y ese mismo fervor religioso con que a veces clama directamente a Dios se dispersa en la naturaleza como un canto no ajeno de alabanza”.

Al autor de este texto periodístico le despierta interés, además de lo anterior, la parcela romántica de José Ramón. Creaciones de la guisa de Búsqueda; Mujer; los poemas 4 y 5 de Humedad luminosa; Aquí, sobre esta arena… se erigen en expresiones del arte poético amatorio de suma sensibilidad.

A manera de invitación a la lectura del volumen, les dejo con el último -bello y tristísimo- de los títulos citados:

“Aquí, sobre esta arena, la vi soñar un día.
Me regaló una copia de sus ojos dormidos.
Y yo le inventé un nombre sin letras ni sonidos
que grabé en los abismos de la tarde vacía.

“Me dibujaba un gesto, pero sentí ese frío
que a veces nos aroma con su color amargo.
La miré conmovido, pero seguí de largo
sin despertar un sueño que nunca será mío”.

Noticias relacionadas
Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles

Share