De microvertederos y otras culpas colectivas

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Ilustración: Martirena

Escrito por Gretta Espinosa Clemente.

Casi siempre como entes observadores, y también cuestionadores (es parte de nuestra esencia), de cuanto sucede en nuestro perímetro vital; los periodistas señalamos administraciones, responsables, encargados, regentes…

Tratamos de llegar hasta la punta de la madeja en los “¿a quien toca esta actividad?”, “¿quién debía hacer esto otro?”, “¿cuál el garante de tal servicio que no fructificó?”, y así, una lista interminable de aventuras investigativas donde nos enrolamos, y a veces, incluso, perdemos el sueño.

No obstante, ahora no me debatiré entre administraciones, regentes, ni responsables, pues el asunto que motiva estas líneas va mucho más allá de normativas, dictámenes, leyes o cualquier otro resquicio de institucionalidad que pretenda hagamos las cosas bien.

El problema, lamentablemente, se encuentra en el subjetivo ámbito de la conciencia, o mejor, de la inconciencia de ciudadanos y ciudadanas.

Sin más rodeos, critico con fuerza a aquellos y aquellas que con indolencia estimulan la proliferación de microvertederos en nuestra bella ciudad, aunque debería decir “ciudades”, pues el asunto reviste matiz nacional.

Si bien es cierto que en aras de la objetividad periodística NO debo soslayar a los servicios comunales, como entidad con una bien definida tajada de culpa —pues la recogida de desechos sólidos dista aún de satisfacer las necesidades de la urbe—, también constituye una verdad más grande que todo templo el hecho de que cienfuegueros y cienfuegueras derraman la bolsa de basura fuera del sitio indicado.

En el mejor de los casos es la bolsa de basura, en el peor, es todo tipo de desechos desparramados sin cordura ni empaque, en la primera esquina del barrio que los acoge.

Y para qué hablar de otras conductas apreciadas por esta comentarista en edificios multifamiliares, donde en ocasiones la propia bolsa con los sucios remanentes de la vida hogareña vuela hasta el microvertedero, —ese construido por nuestra irresponsabilidad y no por Comunales— desde terceros, cuartos y quintos pisos.

Y no importa donde caiga, ya la basura está fuera de casa ¿verdad?, pero dentro quedó una alta cuota de desidia y olvido del prójimo, ese que puede enfermar gracias a insectos y roedores en franco banquete.

Mucho hemos dialogado en nuestros medios sobre indisciplina social, situaciones epidemiológicas complicadas, necesidad de higiene y de unos servicios comunales garantes de la limpieza citadina.

Incluso, en casi ocho años de oficio he acogido en innumerables ocasiones la sugerencia de “haga algo sobre el microvertedero este, critique la zanja aquella por favor, mire a ver tal salidero”, y con seriedad me he adentrado en tales asuntos.

Sin embargo, he presenciado igualmente la recogida HOY de un microvertedero espontáneo, donde, por ejemplo, los escombros constructivos pululan entre muchos otros desechos que mejor ni menciono; MAÑANA, en el sitio rondarán lateríos, cáscaras, nuevos pedazos de bloques, losas, ladrillos; e incluso, la bolsa de aquel vecino que decidió no bajar las escaleras.

Periodista de Radio Ciudad del Mar.

1 Comentario

  1. Una vez más se señala a la culpa colectiva, lo mismo que hacen muchas autoridades ante un problema lo tildan de indisciplina social y se lavaron las manos. Un ejemplo : la aparición de los microvertederos tiene su raíz , además de lo que usted manifiesta, en la falta de acción de los que deben velar porque esto no ocurra , una simple observación del contenido de muchos de estos sitios nos muestra escombros de construcciones , está claro que cuando se emite una licencia para construir hay que definir donde, cómo y con qué se verterán los desechos , por lo que es obligación de esta entidad verificarlo y no lo hace ,escudándose muchas veces en que “no tenemos suficientes inspectores” . Así sucede con la mayoría de nuestras entidades que promueven por su inacción la impunidad que es la causa principal de todos estos males.

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