De médico secuestrado a Hijo Ilustre de Esteller | 5 de Septiembre.
vie. Ago 23rd, 2019

De médico secuestrado a Hijo Ilustre de Esteller

Durante siete años de ejercicio en Venezuela, de 2004 a 2011, el doctor cienfueguero Roberto Edelson Ramírez Groning salvó a 16 personas que se encontraban al borde de la muerte. Foto: Juan Carlos Dorado

Durante siete años de ejercicio en Venezuela, de 2004 a 2011, el doctor cienfueguero Roberto Edelson Ramírez Groning salvó a 16 personas que se encontraban al borde de la muerte. Foto: Juan Carlos Dorado

“La familia, los colegas, Cuba”… Sus únicos pensamientos, una ráfaga de nostalgia en el instante en que lo secuestraban. Había ocurrido el 25 de junio de 2005 en plena autopista José Antonio Páez y por fortuna, aquel episodio puede hoy acuñarlo como un simple “mal rato”. No terminaron con mi vida, recuerda con alivio quien tendría la responsabilidad de salvar otras.

Apenas un año llevaba entonces en Venezuela el doctor cienfueguero Roberto Edelson Ramírez Groning, especialista en Medicina General Integral (MGI). Formó parte de los primeros grupos de galenos cubanos llegados a la República Bolivariana. “Nos ubicaron en los llanos de Portuguesa y en ese estado fundamos la misión Barrio Adentro. Todavía allí no había arribado ningún profesional nuestro de la salud. El inicio fue bastante difícil por la guerra mediática contra la medicina cubana, pero con el tiempo logramos revertir la situación, gracias al trabajo que realizamos en el municipio de Esteller”.

Durante siete años ejerció como coordinador docente; fue médico de un consultorio popular y atendió más de 20 caseríos rurales. Vivió numerosas experiencias que lo enorgullecen, realidades un tanto  desconocidas que demandaron de su rigor profesional y humano.

“Resultó provechoso desde el punto de vista científico. Asistí a personas con enfermedades poco comunes en Cuba: cardiopatía chagásica, leishmaniosis, paludismo, dengue hemorrágico…Presencié la pobreza extrema, la toqué con mis manos y eso ahora lo tomo como referente en mis clases. Les enseño a los alumnos el país donde viven y en el que trabajé”.

No olvida Roberto el caso especial de Flaminio Goyo, un hombre de 60 años que parecía un bloque sobre la cama. “Vivía en un caserío relativamente cerca de la ciudad y padecía de artritis reumatoidea deformativa. No tenía dinero para pagar la consulta especializada ni tampoco posibilidades de tratamiento. Lo visitamos un grupo de médicos cubanos y le indicamos vitamino-terapia, antiinflamatorios no esteroideos y rehabilitación. Aunque no le resolvimos todo el problema, seis meses después consiguió caminar con muletas y se trasladaba de su casa a la iglesia. Le devolvimos parte de su vida”.

Otro momento complejo lo enfrentó ante una embarazada residente en la montaña y a punto de dar a luz. Nunca había tenido seguimiento médico y era su quinto parto. “Cuando llegamos, el abdomen estaba tetanizado, tenía la presión alta y se encontraba al borde de un ataque. Actuamos con mucha prontitud, la llevamos al consultorio para estabilizarla y luego al hospital. Se le practicó cesárea y salvamos la vida de la madre y el bebé”.

Trabajar en un escenario político dividido y en ocasiones hostil, fortaleció su madurez y ética profesional. Salvo esporádicos incidentes, el doctor cienfueguero halló la manera de lidiar con las diferencias.  “El médico es médico. Al atender a alguien no se le pregunta a qué partido político pertenece, si es chavista u opositor. Tratábamos a todo el que visitaba nuestra consulta en condiciones de respeto mutuo. Siempre puse límites; jamás aludí a problemas políticos; me dediqué a la Medicina”.

El carisma, la constancia en su labor y la dilatada estancia en Venezuela, convirtieron a Roberto Edelson Ramírez Groning en un personaje querido dentro del municipio de Esteller. Casi al término de la misión ese pueblo lo reconocería con el título de Hijo Ilustre, con lo cual resultó el primer extranjero en recibir tan alto nombramiento.

“Para sorpresa mía fui candidato a las distinciones Orador de Orden, la Medalla Honor al Mérito y al título de Hijo Ilustre. Gané las tres con el apoyo mayoritario de las personas y el gobierno. Me llenó de regocijo en lo individual, pero también sirvió de estímulo al resto de mis compañeros: técnicos, enfermeras, doctores… Sin ellos no hubiera obtenido tal resultado. Era la tercera vez que otorgaban el reconocimiento y lo hacían a un médico cubano. Quedé sin palabras”.

Todavía cuando Roberto lo piensa no puede entenderlo. Busca las razones, los motivos extraordinarios y descubre que solo cumplió con su deber. “Fue una escuela, con cuantiosas enseñanzas. Viví momentos que en Cuba jamás soñé, y participé de la impresionante obra social de Hugo Chávez. Dejé una nación diferente. Después de Venezuela, creo que soy mejor médico y ser humano. Así me siento”.

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