De Capa Blanca: Ese ruso es amigo mío | 5 de Septiembre.
jue. Dic 5th, 2019

De Capa Blanca: Ese ruso es amigo mío

Foto: Internet

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No solo de pasada llegaron a Cienfuegos, en décadas anteriores, grandes ajedrecistas de talla internacional. A partir de 1972 la ciudad se convirtió en sede habitual de los torneos Capablanca in Memoriam y por demostrar su valía vinieron estos, que entonces tuvieron el tiempo y el placer de recorrer la urbe y conocer a su gente.

La anécdota esta vez tiene como protagonista a GM soviético Vasili Smilov, séptimo campeón del mundo de la disciplina. Titulado Gran Maestro en 1941, y reconocido como uno de los jugadores más técnicos en la historia de los tableros, compitió en la Perla del Sur en 1973, durante el segundo “Capablanca” aquí celebrado.

Según nos cuenta el MN sureño René Fernández Vidal, “me sorprendí cuando vi entre los espectadores a Trino, un viejo pescador de quien, junto a otros muchachos del barrio, disfrutaba aquellas historias del mar, de su conocimiento de las fases de la luna, la profundidad de las aguas, la trayectoria de las corrientes… Pero nunca me imaginé que tuviera algún conocimiento de ajedrez. Y mi sorpresa se convirtió en asombro cuando vi a Vasili Smilov divisarlo entre la gente, dirigirse a él y estrecharle la mano con tanta cordialidad.

Ilustración: Ández
Ilustración: Ández

“‘Trino, ¿usted conoce a Smilov?’, le pregunté. ‘Muchacho, ese ruso es amigo mío’, respondió y enseguida me contó cómo había ocurrido aquello. Sucedió que en una jornada previa, donde Smilov terminó su partida temprano y decidió caminar la ciudad, sus pasos lo condujeron hasta el Muelle Real. En ese momento salía un barco y el soviético se acercó a Trino y a su hijo, quienes iban de pesquería hacia La Milpa. Cuando el extranjero comenzó a hablar, solo sacaron en claro la palabra ‘jagua’ y pensaron que, como muchos turistas, quería visitar la fortaleza. ‘Sí, amigo, sí, el barco va para el Castillo de Jagua’, le dijeron y Smilov abordó con ellos y se sentó a leer.

“Cuando ya el Juraguá se acercaba a Cayo Carenas, el GM levantó la vista y dirigiéndose a la popa del barco señalaba un punto en la lejanía: ‘¡hotel!, ¡hotel!’… Entonces Trino y su hijo comprendieron el malentendido. ‘Ahí mismo se acabó la pesquería –me explicaba jocosamente Trino- pues tuvimos que acompañar al extranjero en todo el recorrido por la bahía como guías turísticos. Al regreso hablé con el patrón del barco, amigo mío, y accedió a atracar en el muelle del hotel para dejarlo. Después, leyendo la página deportiva del periódico, me enteré de quién era aquel despistado y vine a saludarlo. Ya te dije: ese ruso es amigo mío’”.

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