David Soler: una imagen, otra, del Cienfuegos patrimonial

Comenzó con interrogantes: Si el Patrimonio Histórico es tan motivador, ¿por qué suele ser tan monótono para varios sectores de las comunidades locales?, si el patrimonio tiene tanto potencial histórico, sociocultural y educativo, ¿por qué se trabaja poco sus simbologías desde una perspectiva crítica socializadora?, si es tan atractivo desde lo simbólico-histórico, ¿por qué hay poco contacto con sus expresiones, por qué no apropiárselo, estableciendo vínculos emocionales y motivadores para sus empleo y sostenibilidad por los habitantes de la ciudad?

Todo ello, tiene que ver ─según el MSc. David Soler Marcháns, especialista del Centro Provincial de Patrimonio Cultural en Cienfuegos─, con modernas concepciones que dan un giro antropológico y sociológico al concepto de patrimonio, al considerarlo «de todos», sentenció durante una conferencia que ofreciera en la sede de la Unión de Historiadores en la provincia, a propósito de la celebración del aniversario 198 de la ciudad.

Como un soplo académico dentro del programa de la Semana de la Cultura cienfueguera, llegó esta novedosa Aproximación para interpretar el patrimonio cultural y natural de Cienfuegos, desde su imagen, disertación con la que reveló a lo patrimonial, más allá de su función «esencial para el conocimiento y el deleite», y lo mostró desde otras perspectivas.

Preservar la imagen de nuestros espacios, creada históricamente, motivó su reflexión: «Tendemos a abandonar el término de barrio por el de comunidad, pero el barrio es una unidad cultural, no física, que se demarca de acuerdo con procesos culturales. Puede que en un barrio sea una comunidad, pero generalmente el barrio la trasciende, porque su delimitación responde a hitos arquitectónicos, sucesos históricos, edificios singulares o casas familiares que lo identifican, y si eso cambia, lo hace también la identidad y la percepción de ese espacio», advirtió el experto.

Ver la imagen histórica urbana como parte de la identidad cultural local, es uno de los conceptos aportadores: «El cienfueguero identifica las calles por sus nombres ─te espero en Prado y San Fernando, solemos decir─, y no damos esa referencia por los números actuales, que pueden cambiar esa imagen urbana construida por generaciones».

Las dimensiones temporal, espiritual, espacial, simbólica, se adicionan a esta apreciación de la imagen de nuestra ciudad, de la que no solemos ser conscientes, pero existe, según el especialista: «Si usted camina por San Fernando, se siente agotado, por el flujo de personas de esta calle, cuya función principal es la comercial. Si transitas por Santa Clara, tu percepción es de descanso, porque es una calle doméstica. Igual cuando se anda por el Malecón, uno nota que lo hace lentamente, influido por esa energía del mar que relaja, y por el contrario, si vas por una ciudad de calles estrechas, se siente uno como apresado. Esas son percepciones subjetivas que tienen que ver con el lenguaje urbano».

Soler compartió sus criterios sobre esta percepción de la imagen urbana, «creadora de simbolismos que conforman el imago mundi del tejido urbano, que se conforma con el pensamiento subjetivo de modos de vida, que surgen desde las cotidianidades y los contenidos históricos, incluye prácticas culturales transformadoras, y se proyecta como un lenguaje de enunciación pública».

Pero la imagen patrimonial no es pasado inmóvil, tiene que estar abierta a incorporar. «Nadie se retrata en los monumentos del siglo XIX, afirmó, sí todos lo hacen alrededor del Benny Moré, ese tipo de escultura lúdica que se incorpora a la imagen de la ciudad, y es punto de referencia, se comienza o se termina una ruta turística allí, lo cual condiciona el movimiento citadino, lo marca. También es una figura que va generando simbolismo: ya se dice que tocar su bastón, da dinero y si tocas el borde del traje, te dará suerte», aseguró el también profesor de la Universidad cienfueguera.

Otros procesos que inciden en este nuevo punto de vista de la imagen patrimonial, según el investigador, son la susceptibilidad motivacional, la relación intergeneracional, la introducción de la imagen digital que es más poderosa que la imagen física, que puede transportar, el rol de los medios de comunicación, creadores de una imagen del patrimonio, de tal forma que «ya no se habla de globalización, sino globalocalidad, porque usted ya puede conocer las más remotas regiones del mundo, mediante la internet».

Restauración de la Casa de Cultura en Cienfuegos.

«No restaurar un edificio completo, puede lesionar el discurso patrimonial», dijo David Soler en conferencia magistral como parte del programa de la Semana de la Cultura cienfueguera./Foto: Juan Carlos Dorado

DEFENDER LA MODERNIDAD, DEFENDER NUESTRA PATRIMONIALIDAD: UN VISIÓN CRITICA

En la declaratoria del Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad, aquel 15 de julio de 2005, varios criterios de selección destacaron a Cienfuegos sobre otras ciudades del siglo XIX en América. Su concepción basada en la ilustración española, su planeamiento urbano, adelantado para la época, su conjunto arquitectónico representación excepcional de las nuevas ideas de modernidad, higiene y orden.

«El Cable Inglés generó toda una cultura, recordó David Soler en su plática; la iluminación por gas en Cienfuegos, fue tan adelantada que generó asociaciones entre empresarios y el Ayuntamiento para alcanzar ese servicio público», esos son signos inequívocos de esa modernidad.

También nuestro desarrollo arquitectónico, y el comercial, unido a un pensamiento tecnológico e industrial, que nos hizo pioneros en las comunicaciones en el ferrocarril, son singularidades que nos hicieron sobresalir. «Cienfuegos es el primer y excepcional ejemplo de la modernidad, y no se habla de eso, no se esgrimen como argumentos a la hora de explicar nuestra condición de patrimoniales, algo que sí hemos intencionado en la carrera de Historia».

Sobre el peligro de perder otros aspectos reconocidos en la declaratoria en una ciudad moderna, la higiene y el orden, alertó el conferencista: «debemos cambiar los modos y las estrategias en servicios cuya demanda creció en correspondencia con cambios demográficos, y que genera vulnerabilidades en redes y peligros de contaminación de la bahía, algo de lo que tampoco se hablaba cuando se hizo la declaratoria».

Otro concepto demarcador de la modernidad, el de ciudad pública dedicada al comercio, que poseía grandes espacios, cafés, avenidas, hoteles, ateneos, teatros, suscitó opiniones: el Centro Histórico muere cuando cierran sus instituciones…, se han rescatado espacios como la Piña Colada, el Café del teatro Terry…, las galerías y cuentapropistas en general han aportado…, pero no es una animación coherente, coincidieron historiadores e investigadores asistentes.

Y en opinión de Soler, «existen otros riesgos en la gestión del patrimonio, uno de ellos la conversión de las viviendas particulares en instituciones públicas, como en el Parque Martí, que se cierran a las 5 de la tarde, y un Centro Histórico declarado, debe estar abierto a las 24 horas».

La «banalización», es otro sino del que previno. «Pintar la fachada y no restaurar un edificio completo, puede lesionar el discurso patrimonial». Junto a ello, advirtió de la teatralización, o creación de espacios escenográficos, no reales.

«Pero, por encima de todo, es cierto que somos una ciudad con esa idea de perspectiva perfecta, de monumentos excepcionales, del elegante trazado, dimensiones monumentales en sus espacios y un eclecticismo que es único.

«Molduras, platabandas, arcos, cúpulas, las casas corridas, la tridimensionalidad, eso no existe nada más que en Cienfuegos, tampoco otra ciudad blanca, porque el mar nos refleja la luz y recorta las edificaciones, creando un perfil contra el cielo azul de la ciudad».

Restauración de la Casa de Cultura en Cienfuegos.

Cienfuegos es una ciudad de monumentos excepcionales como el Palacio de Ferrer./Foto: Juan Carlos Dorado

EPÍLOGO

«Debemos evolucionar hacia esta novedosa interpretación del patrimonio, que genera otra perspectiva del empleo del patrimonio, menos positivista y explicativa, que no absolutice lo histórico, sino que interprete el patrimonio como un constructo social que se pasa a las generaciones, según esta visión antropológica.

«Debemos lograr que los cienfuegueros comprendan y se involucren en preservarlo, mediante la generación de empleos, la inclusión de actores articulantes, como los cuentapropistas, de tener una visión que vea el patrimonio como recurso para generar, mediante proyectos, emprendimientos personales o gubernamentales, actividad económica y con ello sostenibilidad».

De manera que el patrimonio muestre su verdadero potencial motivador, educativo, emotivo, socializador… interpretado desde su imagen.

Oportunas, reflexiones cuando la ciudad se acerca a la celebración en 2019 de sus doscientos años.

Palacio de Blanco. Contraluz.

Un Comentario en “David Soler: una imagen, otra, del Cienfuegos patrimonial

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    el 21 abril, 2017 a las 3:29 pm
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    Felicitaciones, excelente artículo.

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