Cubaween

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El dinero, el ocio, cualquier opiáceo en el cerebro, el desdibujo de la realidad, demasiado show de Telemundo o Univisión puesto en la cajita decodificadora, una percepción de cubanía menguada y el entendido antinatural e ignorante de considerar a cualquier tradición o emblema foráneos como superiores a los nuestros conducen sin remisión a varios de esos desaguisados vistos en el escenario urbano del siglo actual en Cuba.

Lo llevo escribiendo desde la fundación misma de esta columna: solo hay un antídoto para lo anterior y este nace de la combinación de cultura, educación estética, formación cívica y conocimientos históricos.

Ninguna persona culta, cívica e instruida que conozca el pasado de resistencia y abuso imperialista a Cuba lucirá una bandera norteamericana sobre el pecho; ni nadie que esté afirmado a su identidad nacional, posea eso tan gastado por el uso incorrecto pero de tanta hondura como “el sentido de pertenencia”, o se sienta orgulloso de su condición de cubano celebrará tradiciones como el Halloween, sin relación alguna con nuestra condición e idiosincrasia.

Desde 2007 o 2008, en varios hogares y sitios públicos de diverso signo ubicados en la capital y Varadero -luego extendidos de forma discreta a varias ciudades-, se comenzó a celebrar el Halloween; e incluso en instituciones estatales cuyo propósito resultaba justo el contrario de esto.

De forma paralela, por supuesto, procedieron a alquilarse trajes de vampiros, zombis o presidentes norteamericanos, entre 5 y 15 CUC, por citar los más conservadores. “Tremenda máscara para Halloween. Original. De látex, traída de USA. Es de OGRO. Precio: 40 CUC. (…)  Les aseguro que no encontraran otra igual en ninguna fiesta de disfraces, si esto lo completan con una buena ropa de seguro serán los ganadores de la fiesta donde se presenten”, consignaba un anuncio en el sitio web Revolico publicado desde Cuba el 31 de octubre, tres años atrás, citado por un medio.

Mientras reaccionarias cabeceras norteamericanas como El Nuevo Herald y Diario de las Américas la saludaban efusivamente, la práctica ha sido criticada, entre 2013 y 2017, a través de órganos de prensa públicos cubanos como Granma, JR, Cubadebate y Cubasí, entre otros; e incluso hasta en algunos privados, no todos por supuesto porque debajo del asunto subyace un negocio y los negocios se defienden, man. En uno de esos medios privados con base en la Isla, su editor “profetizaba” el 21 de noviembre de 2014: “(…) rechazar lo inevitable a partir de prejuicios equivale a lanzarse a nadar con las manos atadas. Los ‘problemas’ de Halloween en Cuba no los tendrán sus adeptos, sino aquellos que no lo logren comprender”.

Yo realmente no entiendo qué diantres quiso decir este periodista en su divisora premonición; pero ni constituye una tendencia “inevitable”, ni son “prejuicios” sino juicios, ni hay mucho que comprender cuando algo deviene incomprensible. Creo que de los once millones de cubanos que viven en su Isla hoy, más de diez millones 950 mil pueden prescindir perfectamente en su existencia (de hecho lo hacen) de una tradición de origen celta, imbricada a la cultura anglosajona por razones históricas, con recordación mayor en EUA, debido en buena medida al audiovisual, que motivó su popularidad.

Es entendible que un cubano que vaya a vivir a los Estados Unidos, en su instintiva búsqueda de integración social, festeje la Noche de brujas allí; pero hacerlo aquí no alcanza siquiera la categoría de ridículo, porque es tan solo triste, en tanto interactuamos en contexto cultural, histórico y social diferente, con tradiciones y costumbres locales afincadas a imaginarios, herencias cognitivas y emocionales que difieren notablemente en su magma compositivo de los estadounidenses.

Que nada es inmutable, que el planeta resulta una esponja abierto a influencias y cambios. De acuerdo, si bien hay verdades en las cuales no opera la sentencia. Los japoneses no visten la bandera norteamericana. Las cabras no atacan a los tigres. Las sanguijuelas no chupan azúcar. Dicho de otra forma: ¿sería lógico que una familia de los Estados Unidos celebre un guateque campesino cubano? No, no lo resultaría: como igual no lo sería que aquí nos solidarizáramos con un Halloween ignoto, frío, el supuesto día cuando -según los celtas-, las almas de los muertos regresan a nuestro mundo y, para no ser atacados por los demonios, hay que disfrazarse con máscaras y ropas horroríficas?

No joda, compadre.

5 Comentarios

  1. Este artículo enseguida que lo vi, me interesó mucho, porque es riquísimo y muy complejo abordarlo:
    Para mí no es rara, ni mala ni buena, que la costumbre Halloween, en los días que alcanzan el mes de noviembre, abunde bastante en nuestro país.
    Quiera o no quiera apreciarlo la gente de otra forma, el empuje de los Estados Unidos siempre ha estado aquí: que se vea en estos años recientes de una manera efusiva no es más que un sinónimo clarísimo de su penetración.
    Y por supuesto, el cubano toma siempre ventajas en todo (así somos y seremos ante el mundo): si hay máscaras, calabazas, colmillos de plástico, etc., pues los vendemos y montamos toda “una paladar halloweeana”.
    Vivo convencido que este año, en Revolico se ofrecerá de todo para que el Halloween 2018 cubano se parezca más al de sus vecinos del Norte, y al del resto de los puntos cardinales. Y es aquí donde cito al periodista privado: “rechazar lo inevitable (…) equivale a lanzarse a nadar con las manos atadas”.
    Señores, lo que NO hay que hacer es llevar este asunto hacia un pináculo (Halloween nunca será una tradición nuestra; siempre será algo aleatorio a lo que acudirá mucha gente para entretenerse de una manera diferente, singular, etc.). Creo que si se prohibe, va a ser peor el remedio que la enfermedad. ¡Y mira que hemos tenido malos “remedios” desde que comenzó el siglo XXI!
    En este país hay costumbres (tradicionales) que sí se han convertido en un verdadero problema.
    El tema de la bandera (su uso, desuso y manipulación) es uno de ellos, y ¡mira que sí a devenido en un dilema bien serio!
    Otro problema: el himno. La tradición cubana de cantar el himno en las escuelas se ha convertido en un acto BOCHORNOSO, sí, con mayúscula sostenida.
    Otro: que el Punto cubano o Punto guajiro, haya sido incluido en la lista del Patrimonio Intangible de Humanidad y, de esos “diez millones 950 mil habitantes cubanos” que usted dice, muy pocos conozcan siquiera qué representa realmente y mucho menos conocer a sus autores antológicos.
    ¿Entonces es ese el problema?: que el cubano de hoy conozca más sobre Halloween que sobre su ancestral Punto guajiro, por solo mencionar un ejemplo.
    Y ahora lo cito a usted cuando menciona al posible antídoto: “…este nace de la combinación de cultura, educación estética, formación cívica y conocimientos históricos”.
    Estamos fallando entonces Julio Martínez Molina; tal combinación ha estado ausente, o tal vez está cayendo en picada hacia el concreto y sin esperanzas de un trampolín.

  2. En la sociedad capitalista EEUU sirve como estimulante al desenfreno y derroche consumista que tiene su apogeo en los últimos meses del año. En nuestros país parece tener alguna resonancia en sectores “colonizados” yancófilos donde se han entronizado los valores del individualismo y la banalidad.

  3. Muy lúcido tu comentario, Julio. Concuerdo contigo, esas tendencias a introducir en las tradiciones cubanas otras diferentes y que, por demás, nada tienen de edificantes ni de aportadoras a la cultura o a la espiritualidad, no son inveitables, como tampoco ir en su contra es sinónimo de prejuicio. Gracias por tocar el tema.

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