Cuando las hojas son pinceles y acuarelas

Antiguamente en un libro se almacenaban hojas de los árboles. Una en cada página, como si fueran fotos de la infancia guardadas con el mayor de los esmeros. Eran colecciones peculiares que no pocos niños atesoraban hasta la vejez, porque básicamente lo increíble del asunto estaba en envejecer junto a las hojas, pasar del verde salvaje al grisáceo dócil.

Quien tuvo una afición de esas, queda atrapado doblemente en el trabajo de la artesana artista Anniellys Yera Más, pues de sus manos salen rostros que luego ella cubre con las hojas envejecidas, con las hojas sacadas del monte cubano, y de ese acto de rompecabezas emergen luego piezas de arte de una belleza peculiar.

“Las hojas las busco en el campo. Las selecciono por las texturas o los colores. Utilizo mucho la yagruma, porque me sirven para las luces, el contraste, aunque también me gusta usar la hoja de tabaco, que le agrega olor a la pieza, algo muy cubano, además. También empleo el álamo, el plátano (…) Despues que las recolecto, las prenso y luego de que se sequen, empiezo a trabajar con ellas.

“Inicialmente hago el boceto y lo voy armando con las hojas, como si fuera un rompecabezas; lleva muchos detalles y exquisitez. Los ojos y las manos son de las partes más complejas”, dice Anniellys Yera Más, arquitecta de formación, y quien hace apenas un mes ganó uno de los premios del Salón de Artesanía Hecho a Mano, de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA), en Cienfuegos.

Si algo la caracteriza es la limpieza de la obra: no existen dobleces ni marcas ni texturas de más. Todo se logra con la frescura de lo natural, como si fuera una maqueta donde reposan expresiones bien cubanas, donde descansa el alma femenina en plena armonía, en plena catarsis.

“La hoja sola me ha dado el acabado del trabajo, pues a veces creo haber terminado la pieza y luego me doy cuenta de que falta una sombra o una luz. Nada es teñido ni artificial; las mismas gamas de las sepias y los olivos me han proporcionado lo que busco. Los rostros pueden salir de una fotografía o de la combinación de varias mujeres que conviven en mi entorno”, agrega.

Anniellys ya ha tenido varias exposiciones, entre ellas, Nosotras, donde “vinculé temas de la trova cubana para sugerir el sentimiento de cada rostro.

“Cuando estoy inspirada, en cuatro o cinco días las termino, depende de eso. La arquitectura me ha ayudado mucho, sobre todo a la hora de las composiciones, del diseño y de la perspectiva. Un arquitecto siempre lleva un artista adentro”, enfatiza, y de sus ojos se desprende la luz de estar orgullosa de la carrera escogida.

Una próxima exposición, programada para octubre de 2019 en el Centro de las Artes Benny Moré, tendrá Anniellys Yera Más, y en ella volverá sobre los rostros femeninos, aunque otros proyectos se concretarán mucho antes de que esa fecha se convierta en el hoy del calendario fijado a la pared.

“En mi casa tengo un almacén de hojas cubanas, todas prensadas para que no se me deterioren y cubiertas con papel de periódico para protegerlas de la humedad. Ellas son mis pinceles y mis acuarelas…”, dice. Con ello uno evoca la colección de hojas que guarda en el libro de la infancia, y recuerda cómo el verde salvaje se torna grisáceo dócil.

Zulariam Pérez Martí

Periodista graduada en la Universidad Marta Abreu de Las Villas.

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  • 10 diciembre, 2018 en 11:43 am
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    Produce inmensa alegría ver como una persona que conociste cuando era una jovencita de preuniversitario se ha convertido en una profesional que además es capaz de hacer obras de arte de manera tan original. Mi felicitación para ella por los éxitos alcanzados hasta ahora y por los que vendrán en el futuro.

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