Cuaderno del ausente: Tras la “caza” del comisario Meneses

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A una pregunta en torno a c√≥mo es posible a estas alturas la continuidad de la escritura/lectura de un g√©nero de tama√Īa historia y tan trabajado como el policial -formulada por ADN Cultura, suplemento del diario bonaerense La Naci√≥n-, el escritor argentino Vicente Battista respondi√≥ de la siguiente manera:

‚ÄúPor su capacidad de reformulaci√≥n. El policial de enigma, con Poe, Conan Doyle, Agatha Christie, es un g√©nero que se agota pronto. Sin el policial negro se hubiese asfixiado en el puro ingenio. Entonces, como dec√≠a Chandler, Hammet sac√≥ el jarr√≥n veneciano de la sala y lo tir√≥ al barro de la calle. En el policial negro no importa qui√©n es el asesino, se justifica por la violencia. Se nutre de lo que pasaba en los a√Īos 30, con la ley seca y una violencia gangsteril. Ahora esa violencia se da en otros niveles: el Vaticano, las grandes empresas, como lo mostr√≥ Coppola en la tercera parte de El padrino. Los personajes del policial negro no existen m√°s. Ahora hay otro policial, como el de las novelas de Mankell, escritas al estilo de Dickens, muy extensas y detalladas. El policial sobrevive porque se reinventa constantemente‚ÄĚ.

Cuaderno del ausente: Tras la ‚Äúcaza‚ÄĚ del comisario MenesesAunque no estuviese hablando directamente de su novela Cuaderno del ausente -si bien la entrevista iba de su publicaci√≥n local, en 2009-, el autor de La huella del crimen de alg√ļn modo retrataba cuanto se propuso, y consigui√≥, con el texto hom√≥nimo, vendido en las librer√≠as cubanas. Battista reinventa el noir en esta historia relacionada con la, m√°s aparente que real, b√ļsqueda del famoso comisario Evaristo Meneses (c√©lebre en su pa√≠s, luego de darle captura, medio siglo atr√°s, a connotados delincuentes locales) por el periodista, fictivo, Ra√ļl Benavides: un hombre solitario y medio mani√°tico -tan t√≠pico del g√©nero-, quien le entra por encargo al asunto, m√°s de a poco va tom√°ndole el gusto, debido a la presencia de quien se encarga de contarle los datos visibles u ocultos relacionados con el inspector. Se trata del personaje de Erika, la cual asegura haber sido la improbable prostituta de un solo hombre (Meneses, claro) y por tanto, confidente de lecho del objeto de investigaci√≥n del reportero.

A partir de los relatos de la ahora anciana -un d√≠a habitante del burdel visitado por Evaristo-, Benavides, sin ser sult√°n pero embrujado por los cuentos de esta versi√≥n senil de Scherazada, ¬†va experimentando una suerte de transformaci√≥n, mutaci√≥n o incluso pudi√©ramos llamar m√≠mesis en el sentido auerbachiano, la cual lo conduce a convertirse en bizarro palimpsesto humano (no hay mucha claridad a la larga de cu√°nto hay de imaginaci√≥n o de verdad en tal machihembrado psicol√≥gico) del ser evocado en su propio perfil conductual. Esto transporta a Cuaderno del ausente a una dimensi√≥n de ‚Äúenrarecimiento‚ÄĚ, donde el intercambio de sentido, el suspenso y las atm√≥sferas clim√°ticas se confunden y entrelazan, mordi√©ndose la cola o confront√°ndose, en cuanto resulta rico ejercicio narrativo, seguido por el lector con verdadero placer.

Battista, como sus compatriotas, el recientemente fallecido Ricardo Piglia y Abelardo Castillo, posee grandes habilidades para la narración; sea en sus cuentos o relatos, sea en la novela. Y Cuaderno del ausente lo demuestra por enésima vez. El creador de Sucesos argentinos y Gutiérrez a secas decanta, elimina la hojarasca, evita el devaneo, para centrarse en el objetivo de la trama, mediante crescendo apasionante e impredecible desenlace.

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