Crónicas de la Libertad: Fidel en Cienfuegos (VII-Final) | 5 de Septiembre.
jue. Nov 21st, 2019

Crónicas de la Libertad: Fidel en Cienfuegos (VII-Final)

Multitud aglomerada en la sede del entonces Ayuntamiento de Cienfuegos, el 6 de enero de 1959.

Multitud aglomerada en la sede del entonces Ayuntamiento de Cienfuegos, el 6 de enero de 1959.

El hecho trascendental que marcó la configuración del panorama político de aquellos primeros días del año 1959 en Cienfuegos, la principal ciudad cubana del centro sur del archipiélago, fue la llegada a ésta en la noche del 6 de enero del Comandante en Jefe, Fidel Castro, al frente de una fracción de la Caravana de la Libertad que desde Santiago de Cuba recorría la Carretera Central visitando los pueblos a su paso en su viaje a La Habana.

Sucedió que al alcanzar la bifurcación en La Esperanza, saliendo de Santa Clara, Fidel decidió apartarse de la ruta trazada por la Carretera Central y llegar a Cienfuegos, en una deferencia inolvidable “para saludar al pueblo heroico del 5 de septiembre y recordar a sus héroes y mártires”, según expresó en el curso de su diálogo maravilloso con el pueblo en la tribuna improvisada frente al Parque José Martí hasta altas horas de aquella muy fría madrugada del ya día 7 de enero. Fue la noche mágica en que se creó esa empatía que duraría ya por siempre.

En esta visita memorable, el líder rebelde decidió, primero que todo, llegar a la Base del Distrito Nava del Sur, en Cayo Loco, donde, como ya hemos comentado en capítulos anteriores, se habían instalado los gerifaltes del autonombrado Segundo Frente Nacional del Escambray.

Uno de los escoltas del Comandante en Jefe, el hoy general de brigada (r) Marcelo Verdecia Perdomo, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en el territorio, recuerda que entraron por la Calzada de Dolores, en el Prado giraron a la derecha por la calle de Santa Elena y fueron directamente al enclave militar. Acompañaban a Fidel, Celia Sánchez Manduley, Enrique Oltuski Osacki —entonces coordinador provincial del M-26-7 en Las Villas—, Emilio Aragonés, Felipe Guerra Matos, Luis Borges y otros compañeros.

A su llegada Fidel desconoció a William Morgan, que salió a recibirlo. Apenas intercambió un fugaz saludo e inmediatamente hizo formar a toda la tropa, en el patio central, colocando en primera fila a los marineros de esa base naval, que lo recibieron con respeto y aclamaron. Subido a unos bultos el Comandante en Jefe les habló. Les explicó las ideas de crear la Marina Mercante Cubana, la Marina de Pesca, la Escuela Superior de la Marina, y la Marina de Guerra Revolucionaria, en las que pudieran estar todos ellos, y aquellos marinos sencillos terminaron cargando en hombros a Fidel, el indiscutible líder de la Revolución de los humildes.

Ya tarde en la noche comenzó el diálogo del joven jefe rebelde con el pueblo, una charla amena que se prolongó hasta la madrugada. Sólo entonces, percatados de que no habían comido nada en todo el día, fue que Fidel y sus acompañantes acudieron a degustar la paella cienfueguera en el restaurante de María Covadonga, en Punta Gorda.

Fidel y María Covadonga
Fidel y María Covadonga

Después regresaron a reunirse con dirigentes locales del Movimiento 26 de Julio, descansaron brevemente, y ya al amanecer sostuvo Fidel fraterno diálogo con la prensa local, nacional e internacional, antes de viajar de regreso al poblado de La Esperanza a reencontrarse con el resto de la Caravana de la Libertad en ruta hacia La Habana.

El 17 de enero, el pomposamente autotitulado Segundo Frente Nacional del Escambray fue desactivado oficialmente en un acto público. A partir de ese momento se fue operando un proceso de depuración de elementos reaccionarios y fueron avanzando las posiciones políticas de la Revolución, definidas en favor de las masas revolucionarias.

La mayoría de la población se nucleó con su vanguardia natural, pero era fundamental “estar alertas para que no se frustre la Revolución”, como advirtió el líder revolucionario y abogado cienfueguero y más adelante Presidente de la República, Osvaldo Dorticós Torrado, en un discurso en esta ciudad el 25 de enero de aquel año 1959.

Así resultó ese primer encuentro de Cienfuegos con los protagonistas de una Revolución verdadera. Su indetenible desarrollo tras 60 años de victorias ya es cosa de nosotros mismos.

6 de enero de 1959: La historia no contada de la entrada de Fidel a Cienfuegos

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